A 10 bajo cero en 60 toneladas


Un bar hecho de hielo en la calurosa Africa. Como no hay nada mejor que un poco de hielo para combatir el calor del verano austral, una compañía sudafricana acaba de inaugurar el «Ice Lounge», un bar construido con 60 toneladas de hielo importado de Canadá. Si algo caracteriza al bar, de 200 metros cuadrados, es que el ambiente no es necesariamente muy cálido: la barra, los asientos, las mesas y hasta algunos vasos son de hielo. La temperatura interior oscila entre los seis y los diez grados bajo cero. Algunos camareros sirven las copas tiritando, a pesar de que llevan gorro y guantes, y que cada 40 minutos son relevados por sus colegas de la barra del patio de afuera. Al cliente se le cobra unos nueve euros por la entrada, pero se le ofrece un poncho con capuchón, unos guantes y hasta unas botas, además de una copa a cuenta de la casa con vodka o ginebra, por lo menos para que vaya entrando en calor.

Bar de hielo

El bar de hielo más grande del mundo
«Es el bar más grande del mundo construido con hielo», dice David Botha, un ingeniero mecánico retirado y copropietario del establecimiento. «El concepto apareció por primera vez en Suecia, donde hay un hotel de hielo, y también hay otros bares de hielo en Londres, Milán, Australia y Nueva Zelanda», agrega.

El «Ice Lounge» está situado en el puerto de Ciudad del Cabo, al lado del dique seco y de los muelles donde atracan barcos de pesca. Es una ubicación perfecta no sólo por la vista, sino también porque el puerto pesquero utiliza mucho hielo para conservar el pescado.

«Hemos sacado partido a la infraestructura del puerto y la maquinaria la hemos alquilado aquí,» explicó Botha refiriéndose al sistema de refrigeradores de alquiler que hacen que no se derrita el bar, incluso cuando la temperatura exterior sobrepase los 40 grados o en caso de apagones eléctricos.

Los dueños del bar han pagado la friolera de 35.000 euros para importar las 60 toneladas de hielo traído en contenedores desde Canadá. «Pero es que este hielo es muy especial», dice James Cussen, el otro copropietario del bar. «Es más fuerte y más bonito que el que estamos acostumbrados a tener en la nevera de casa», añade.

Cussen explica que el hielo se fabrica en máquinas que hacen que salga el oxígeno del agua antes de congelarse. «Los bloques se congelan de abajo a arriba para que el oxígeno no quede atrapado». James Cussen es, además, escultor y su sello se ve en algunas estatuas de hielo que decoran el interior. «Esto hace que tenga una estructura molecular distinta», agrega.

Al tacto, el hielo no parece estar frío ni mojado, y a la vista tiene un color gin-tonic, un poco azulado y fosforescente, con una luz que parece salir del propio hielo. Además, los bloques son tan transparentes que hay una pantalla plana gigante detrás de una de las paredes.

«¿Quiere que le ponga hielo?», pregunta un barman a un cliente que ha pedido un whisky, una pregunta que en cualquier otro local nocturno levantaría sospechas sobre el propio lugar o sobre la profesionalidad del camarero. Pero en el «Ice Lounge» esta pregunta tiene toda la razón de ser, porque las bebidas «del tiempo» suelen estar de por sí bastante frías.

De hecho, los camareros deben andarse con cuidado porque todo lo que tenga un volumen de alcohol de menos del 20 por ciento (incluidos la cerveza y el vino) se congela enseguida. «Las cervezas se enfrían en diez minutos», dice Helder Nogeira, un camarero de Mozambique que sirve copas embutido en un plumífero de esquiador.

Los clientes no tardan en calentarse bebiendo alcohol, bailando o saliendo al patio a fumar, porque dentro está prohibido. Aunque parezca mentira, el frío hace que la gente sea más simpática de lo normal y aporta un fácil tema de conversación para alternar, ligar o, al menos, para romper el hielo. Terra / EFE

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