A brillar…

16/07/12
Fuente: Mi vida de cosecha Blog | Alejandro Vigil.

Alejandro VigilHace 11 años viajé por primera vez a Napa. Recuerdo que en una bodega me preguntaron si nuestro idioma era el portugués y si Río de Janeiro era la capital. Pocos conocían el Malbec y menos se imaginaban que teníamos Cabernet Sauvignon implantado en Argentina. Solo a modo de recuerdo viajé en esa oportunidad con Alejandro Sejanovich. Paramos en Carneros, en la casa de Lee Hudson, un lugar increíble. Lee tenía algo así como 2000 acres que había comprado a principio de los ’80. Su hermano se dedicó a la actividad inmobiliaria y lo tentó en esta aventura. Compró el acre a unos US$ 3000. Hoy está valuado en más de 300.000. Rodeado de viñedos y bosques de alcornoques es un lugar paradisíaco, donde la gente que cuidaba el viñedo también se dedicaba a cultivar zapallos, sandías y tomates ¡para concursos! Recuerdo un zapallo de mas de 500 Kg. También asistí a mi primer fiesta de la vendimia fuera de Mendoza, donde básicamente se juntaban enólogos, viticultores, los operarios y con Mariachis mediante, se armaba la chupandina y comida a discreción. Por aquellos tiempos teníamos muchas ganas, ideas y solo necesitábamos probar para saber por donde estábamos. Realmente creo que gran parte de los 98 puntos logrados en la cosecha 2004 fueron debido a este viaje. Fue como confirmar que lo que pensábamos no estaba tan mal…

Hoy ya no se si me interesa ese puntaje, pero en aquellos tiempos la idea no me dejaba dormir. Mi primera visita a Joseph Phelps, Caymus, a los viñedos de Tocalon, las famosas salas de degustación donde con solo presentar tu tarjeta personal te servían todo gratis… y ese mundo perfecto de Napa creo. Hoy hay un negocio inmobiliario, ya que de otra forma no se explica la perfección de cuento de hadas. Mención especial a Nicolás Catena, que me llamó antes del viaje y me dijo palabras sabias de alguien que conoce esto: “Tiene la oportunidad de ver y saborear lo mejor de esa región. No se ahogue en ese mar. Enfóquese en el Cabernet y su sabor. Tiene la oportunidad de cambiar todo” y la verdad me dio esa oportunidad. También Laura Catena, a quien no solamente le debo por las roturas que sufrió su auto (¡perdón!) sino los contactos y lo mejor: el presupuesto. Por algo la empresa es lo que es.

Algo muy importante, al final del viaje. Me junté con Luis Reginatto, que estaba haciendo una gira comercial.

Dos anécdotas dos:

Número uno: tomamos tanto que nos olvidamos en qué playa de estacionamiento estaba el auto en San Francisco, y se puso muy complicado.

Número dos: veíamos gente que corría mientras nosotros, panchos, estábamos tomando vino. En una de esas vemos a un tipo con un matafuegos y a unos 30 metros un auto incendiado… No me voy a olvidar nuestra pasividad ante el hecho.

Por entonces releía a Don Sábato, casi perplejo de su reinvento en el mismo libro, su forma negativa para hacerme tener esperanza. Seguro estaba en lo trágico “Sobre héroes y tumbas”, escuchando “A brillar mi amor”. Redondos en piel recordando ese primer recital al cual pude asistir en Huracán de Parque Patricios, en Buenos Aires, a mediados de los ‘90. (caigo)

Hace dos años viajé al primer simposio internacional de Cabernet Sauvignon en Napa. En esa ocasión se dieron clases sobre Bordeaux, el terruño de Napa, la geología y degustaciones verticales de los grandes vinos de Francia y Napa Valley.

Este año invitaron a la Bodega Catena Zapata a exponer sobre el Cabernet Sauvignon en Argentina. Fue una grata sorpresa y sentimos orgullo, sobre todo pensando que hacia 11 años no sabían nada de nosotros.

Esto nos pone en un nivel muy importante, ya que se le dedicó medio día a nuestro país. La gente que participa es la más influyente en el mundo de los vinos de primer nivel. Podías encontrar Opus One, Palmer, Staglin, Margoux, Antinori, Marqués de Carrascal y además sus equipos técnicos, comerciales, gente de marketing y dueños de las bodegas.

Los ejes principales de discusión fueron muy parecidos a los que escuchamos en la última edición del Argentine Wine Awards. Los niveles de alcohol, el uso de madera, las zonificaciones, el entendimiento de las zonas, las estadísticas de implantación de cada lugar. En principio fue muy llamativo, pero después entendí que todo gira en torno a un mismo punto. La intervención del hombre, cuánto, en qué forma y cuáles son los objetivos finales. En fin, las degustaciones de distintas añadas de estos grandes vinos, las explicaciones técnicas y las filosofía de cultivo y elaboración dominaban las charlas.

Nuestro día llego y junto a la exposición presentamos varios Cabernet Sauvignon de las distintas zonas de Mendoza, también Catena Alta del año 2005 y Nicolás Catena Zapata 2009. Si bien nosotros veníamos viendo que el nivel de  nuestros vinos estaba a la altura de las circunstancias teníamos que comprobarlo con un panel sumamente especializado. El examen fue realmente impensado y con gran recepción. A partir de ahí se pasó gran parte de la mañana con preguntas especificas sobre nuestro país y la cultura de nuestra vitivinicultura.

Pensando más allá de lo vivido en este Segundo Simposio Internacional de Cabernet Sauvignon, observé varios puntos que me gustaría compartir para seguir discutiendo respecto a nuestro futuro como región, siempre desde la humilde mirada de alguien que lleva poco tiempo en esta actividad aunque eso implique toda mi (la) vida.

– Las cosechas mejores clasificadas de Bordeaux tenían mayor contenido de alcohol, así un Cot Esturnel podía llegar a 14,6º mientras que los clasificados en menor valía por ellos mismos tenían alcoholes de 13º o menos. Sumamente interesante cuando nosotros estamos yendo como concepto a la inversa. Es más, parte importante de mi filosofía de elaboración es bajar los alcoholes. Insisto, esto no es una visión mía, es lo que detecté en el simposio.
– Estas cosechas calificadas como mejores (año 2000) no se si evolucionaron como esperábamos varios de los participantes. En cambio, añadas denominadas regulares (1998) presentaban una increíble elegancia y tipicidad de la zona.
– Los vinos argentinos ya están a nivel de los denominados first class.
– Tenemos costos de elaboración muy parecidos, solo que el precio promedio de la caja en EE.UU. es 5 a 10 veces mayor que el nuestro. Esto nos traerá problemas graves a futuro.
– Existe una fuerte corriente de vinos naturales, baja intervención del hombre, en la cual Argentina podría estar muy bien posicionada por nuestras características climatológicas.
– Y si todo el mundo está hablando de zonas… ¿es el principio del fin del varietal? No lo veo así, pero al parecer todos prestan mayor atención a la zona que al varietal.

Ahora yo no creo ni en el bajo ni en el alto nivel de alcohol. Si creo en la intervención del hombre casi como dogma. Desde el momento en que interrumpimos el medio con este monocultivo estamos dejando de lado gran parte de lo natural, pero si es necesario mantener una ética basada en ser lo sumamente pulcros en nuestra intervención. No debemos dañar lo que la vid nos entrega con tanto trabajo, ser uno natural para que de ahí surjan lo que podríamos llamar vinos auténticos. No me gustan los vinos armados especialmente para un cliente o un consumidor. Básicamente porque no creen en si mismos y toman un rol o personaje que en principio no lo hace natural. No creo en la alta madera o baja madera. Creo en la intervención acentuada por el respeto a la “no fruta”, por llamarlo de alguna manera. En niveles que no necesariamente tengan que ver con un balance dibujado por la concentración debido a las sobre extracciones, sumadas a sangrías que en todo caso perjudican en gran medida lo que llamamos vino y la real sustentabilidad. No creo en varietales y zonas, sí creo en el hombre que dentro de una sociedad define con su ambiente su cultura. Si algo de esto es impuesto, dibujado, no pertenece. Es una mentira que, si bien no interesa al consumidor, debería importarle a quien elabora esto, por su conciencia y su sueño, por ser un paracaidista camuflado de verde, y digo verde en el estricto sentido de la moneda. No pretendo afirmar que el dinero no importa, aseguro que junto con el vino debería ser obligación la dignidad para ganarlo. No tengo idea que quieren decir cuando a un vino lo llaman “honesto, natural, típico”. Sin embargo, entiendo que nuestra intervención debe proteger a esta bebida a la que consideramos alimento y en mi caso lo único que podría hacer en este mundo, porque otra cosa, no se.

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