Alejandro Vigil: Se han frenado los mercados en donde ya estábamos instalados

23/06/13
Fuente: Diario Los Andes | Soledad Gonzalez.

Alejandro VigilPara la revista británica Decanter, es uno de los hombres más influyentes del mundo del vino. Asegura que se ha perdido competitividad y que se frenó la suba de las exportaciones. Su visión sobre la vitivinicultura y los desafíos que se vienen.

Según la revista británica Decanter, es uno de los hombres más influyentes del mundo del vino. Asegura que la situación actual no sólo diezma la competitividad, sino que además ha puesto un freno en el crecimiento de las exportaciones argentinas.

Una de las publicaciones más reconocidas de la industria, Decanter, lo consagró en la lista de los hombres más influyentes de la vitivinicultura mundial, al incluirlo en el “Power list 2013”, en su edición de julio.

Con 40 años, el jefe enólogo de todas las bodegas del grupo Catena asegura que hay que concentrarse como país en las líneas de precios de mayor volumen de comercialización mundial. Además, señala que hay que desarrollar una red de trenes que permita reducir costos de logística y transporte.

-¿Cómo ve la vitivinicultura argentina hoy?

-La vitivinicultura está inmersa en una coyuntura económica muy mala para la actividad, que tiene como consecuencia la pérdida de competitividad. De todos modos, si seguimos con la tasa de devaluación del dólar de los últimos tres meses, podemos llegar a estar en el orden del 20 al 22% hacia fin de año, lo que daría oxígeno a la industria.

En Argentina hay cosas muy buenas y muy malas dentro de la misma organización. Lo que tengo claro es que las mismas estructuras de poder crean circuitos ineficientes y necesitamos un cambio respecto a eso.

-¿Esos circuitos ineficientes cómo han influido?

-Se han frenado los mercados en donde ya estábamos instalados. Este es el peor escenario para las economías regionales.

-El año pasado el grupo Catena se convirtió en un referente en el mercado de graneles exportando blancos aromáticos…

-Sí, lo que pasó con eso es que era un negocio puntual y sabíamos que se iba a terminar. Nunca lo planteamos como un negocio a largo plazo sino como un negocio determinado, que se vería beneficiado o no por la coyuntura. Era un negocio que hoy se terminó.

Ahora, con el vino a granel hay que tener mucho cuidado porque primero puede ser un negocio de excedentes, pero luego se puede convertir en un commodity.

-¿Cómo analiza ese negocio?

-Siempre hay posibilidades de vender a granel. Pero insisto, hay que tener mucho cuidado y estudiar cuál es el limite o el margen con el que queremos trabajar para que no se convierta en un commodity y terminemos compitiendo con los vinos sudafricanos o con los españoles en el granel. Tenemos que seguir creciendo en el fraccionado, porque tiene valor agregado y nos permite dar empleo.

-Con la caída de las exportaciones de vino fraccionado, ¿cómo cree que puede evolucionar ese segmento durante el año?

-La única posibilidad que tenemos en los mercados externos de crecer es saliendo de esta coyuntura. Podemos actuar sobre los costos logrando más tecnificación y eficiencia y podemos lograr viñedos más productivos. Todo eso se puede hacer, pero en definitiva lo que nos va permitir estar en un nivel alto es lograr la competitividad del dólar.

-¿Cómo están las ventas en el mercado interno?

-Veo un mercado doméstico que está creciendo. Quizás todavía no se refleja en los números, pero hemos logrado salir a competir con la cerveza porque tenemos mejores precios. Ahora, esta situación no debe hacer que el productor de uva tenga que abandonar los viñedos porque no le dan los costos y que la bodega venda vinos básicos porque la uva está barata. Tenemos que seguir trabajando en la pirámide.

-Este año el productor percibió los mismos precios que el año pasado y en algunos casos menos. ¿Cómo se sostiene el negocio así?

-No es una ecuación tan fácil. Tuvimos un aumento de producción del 30% y la disminución del precio de la uva general estuvo en el orden del 5%; por lo cual, si has tenido un aumento en la producción, eso ha compensado. Ahora esto no significa que eso esté bien. El año que viene no veo un escenario en donde se pueda bajar el precio de la uva, o pagar lo mismo que en 2013, sino el productor va a desaparecer. Por lo tanto, hay que exportar más vino.

-Tras el boom de las exportaciones se consignó que, en general, los rendimientos por hectárea debían ser menores sin importar la zona. ¿Eso tiene que ser así?

-Creo que una de las ventajas que nos ha traído esta situación económica es ponernos en un lugar real en el mundo. Cuando uno viaja a California ve que no se hace en Napa Valley el vino barato, se hace en otras zonas como Modesto o Fresno. Cuando uno viaja a Australia pasa lo mismo, los vinos premium están en zonas acotadas. Cuando vas a Francia, la situación es similar, no es lo mismo un vino de Pomerol que uno de Langedoc.

Esta situación nos ha permitido ponernos en un lugar en donde tenemos que competir con el resto del mundo. No podíamos seguir haciendo vinos de 10 dólares en góndola, con uvas que valían $ 6 el kilo. Eso pasó, pero en el mundo esa situación no existe. Por lo tanto, Argentina tiene que armar sus estructuras pensando en la exportación de los vinos básicos para colocar vinos en diferentes segmentos con otros costos. Nos va a llevar años, pero es la única salida.

-Este año el precio del malbec fue prácticamente igual al pagado el año pasado. ¿Hay un sobrestock de materia prima de malbec?

-Hay un sobrestock solamente determinado porque el 50% de las ventas desde hace 3 años desapareció. Cuando uno piensa en la pirámide de comercialización que teníamos con el malbec en el exterior con precios en góndola a U$S 5,99; U$S 10 y U$S 15 la botella, hoy ese segmento no existe. Hace 3 años atrás ese segmento era casi el 50% de las ventas de vino argentino. Esas eran las ventas de las cajas por debajo de 35 dólares FOB.

Ese segmento ha desaparecido y con ello desapareció la demanda. En los últimos tiempos se mantuvo un poco la demanda debido a los graneles, pero son negocios puntuales y que no son a largo plazo. Lo que creo es que no hay una sobreoferta, sino lo que existe es una oferta no muy bien distribuida.

-¿Cómo considera que debería ser una oferta de malbec bien distribuida?

-Deben existir zonas de mayor producción, como por ejemplo, la zona Este, en donde haya disponibilidad de malbec con un rendimiento de por lo menos 150 o 200 quintales por hectárea. Esto nos permitiría exportar en el segmento de bajos precios.

Por supuesto que no estamos hablando de vinos terruño, o vinos premium. Estamos hablando de un esquema para el vino básico con un precio de 30 a 35 dólares FOB la caja, que es el mayor volumen de vino que se comercializa en el mundo.

-¿Cree que se puede volver a comercializar esas líneas de vino?

-Sí, pero el tema es que aquí hay un círculo vicioso. Cuando el productor no tiene dinero, no invierte en la finca, no tiene producción y así continúa. Para revertir eso hay que hacer una inyección de inversión en los viñedos. Y eso es costoso.

-¿Cómo se sale?

-Ya se habla de que es necesario generar una estructura nueva. Y no estamos hablando de una reconversión, solo hablamos de tener viñedos productivos en zonas específicas para vinos de una determinada calidad. El volumen de vinos premium que vende Argentina tanto en el mercado interno como en el externo, si uno los suma, es mínimo.

Es muy poco y en general las bodegas se autoabastecen de esa uva. Esa es la situación que hoy veo más complicada. Hay productores que plantaron en zonas que no son productivas y las bodegas necesitan muy poca de esa uva, porque la venta de vinos íconos es muy baja.

-¿Qué hay que cambiar para hacerla competitiva?

-La seguridad es fundamental. Además, creo que necesitamos estructuras para poder producir. Algo que considero fundamental y que nos permitiría bajar los costos son los trenes. Una red eficiente de trenes que nos permita poder mover el vino. Hoy usamos la red de camiones, que no está mal y que crea mucha mano de obra, pero con costos que son infernales.

Pensemos que en un tren podés llevar 100 – 120 contenedores. Estamos hablando de un sistema mucho más moderno que nos permita cargar un contenedor en la bodega y bajarlo directamente en el puerto.

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