Alertan que más de 100 bodegas argentinas podrían ser “borradas del mapa”

25 de Enero de 2010
Fuente: iProfesional.com | Juan Diego Wasilevsky.

IProfesionalNumerosas empresas enfrentan una compleja situación por las fuertes inyecciones de capital que necesitan para sostener el proyecto en un contexto donde hay una peligrosa escasez de inversores. Además, aseguran que se acabó la “vaquita” entre amigos para darse el gusto de hacer negocios con el vino. A medida que el mundo del vino ganó en sofisticación y la conquista de mercados en el exterior con un pequeño emprendimiento pasó a convertirse en un negocio posible y sumamente rentable, la liquidez se convirtió en un bien tan abundante como las propias uvas.

Así, tras la salida de la convertibilidad, cuando comenzaron a vivirse los años de bonanza, pequeños inversores se volcaron a poner su dinero en bodegas, generalmente chicas, que recién estaban intentando levantar vuelo y que apostaban al viento de cola generalizado con el que se benefició la industria.

Sin embargo, crisis internacional y fuerte suba de costos mediante, el escenario se volvió diametralmente opuesto: hoy, aseguran los expertos, ya no fluye el dinero y los capitanes de numerosas bodegas argentinas –chicas y medianas-, hoy están en la disyuntiva de, o abandonar el barco, o reconvertirse para subsistir.

Según Area del Vino, hay cerca de 120 empresas que nacieron pensando en el negocio de la exportación que ahora enfrentan ese complejo escenario.

Sucede que, de acuerdo al relevamiento de esa consultora, la maduración de un proyecto lleva entre 8 y 10 años.

“El ciclo de vida observado para el promedio de las bodegas argentinas demuestra que existen tres a cinco años de nacimiento donde las exportaciones alcanzan los 400 a 600 mil dólares”, explica el informe.

”Luego, viene una etapa de fuerte crecimiento, que en apenas dos o tres años lleva las exportaciones a más de 3 millones de dólares y finalmente comienza una etapa de crecimiento más moderado hasta los 5 a 6 millones de dólares”.

Area del Vino

Como contrapartida, durante este período, una bodega promedio requiere una inversión de unos 5 a 6 millones de dólares. Sin embargo, la mayor exposición financiera se da entre los 4 y 6 años, cuando la necesidad de fondos por capital de trabajo es muy acelerada, momentos en que el rojo puede superar los u$s3 millones, según puede verse en el siguiente gráfico:

Area del Vino

Desde Area del Vino destacaron que “el hecho de que gran cantidad de bodegas estén transitando dificultades de adaptación originadas en escasez de fondos o necesidad de adecuar productos y precios genera la gran desaparición de bodegas y marcas observada”.

En efecto, de acuerdo a los últimos datos disponibles, si bien la cantidad de marcas creció un 180% entre 2002 y 2008, al pasar de 717 a cerca de 2.000, esta fuerte expansión ocultó, sin embargo, una muy preocupante tasa de entrada y salida.

Sucede que, mientras que en esos cinco años se sumaron 2.870 marcas, como contrapartida, desaparecieron casi 1.600.

Según la consultora, hubo fuertes debilidades que generaron la salida, como la incapacidad de aumentar capital de trabajo, una mala planificación comercial con desenfoque de mercado y dificultades para encontrar el canal o promoción inadecuada o insuficiente.

Y, dadas las bodegas que hay en zona de riesgo, este proceso de pérdida de marcas podría acelerarse.

¿Por qué se llegó a esta situación?
En diálogo con iProfesional.com, Alejo Berráz Schang, gerente de Marketing de Bodegas Santa Ana y La Rosa, destacó que “en los últimos años proliferaron proyectos particulares que juntaban a pequeños inversores que eran tentados con una presentación en Power Point. A grandes rasgos, les aseguraban buenos volúmenes de ventas y así, durante uno, dos y tres años pusieron plata. Pero ahora, cuando ven que al cuarto año no se cumplen esas proyecciones, que están lejos de hacerse millonarios y que si no se sigue inyectando capital se hunde el proyecto, surge la disyuntiva de seguir o no”.

El experto agregó que esto afecta principalmente a las bodegas chicas y a algunas medianas: “Por el lado de las grandes no existe este problema, porque tienen capacidad de financiamiento, tienen marca distribuidores y muchísimas más alternativas que las que recién arrancan, que lo único que poseen es una idea de lo que piensan hacer pero luego se dan cuenta que no es tan sencillo subsistir en el negocio”.

“Uno se topa con bodegas que tienen cero posicionamiento y salen a pelearla pero no tienen capital, no tienen vendedores en el exterior, ni distribuidor, ni marca. Estas están muy complicadas”, explicó.

Berráz Schang alertó que esta situación se agudizó el último año y va a intensificarse en 2010, ya que considera que el contexto macroeconómico no es favorable para incentivar a los inversores a que tomen riesgos con este tipo de iniciativas.

“Hace años era común que te presentaran un proyecto de arándanos, feedlot, de todo tipo. Y había interés porque en la época de bonanza todo parece funcionar. Pero en 2009 estos negocios fueron bastante complicados y el vino entró en esto y, teniendo en cuenta que además el negocio comenzó a mostrar una caída de ventas, esto frena cualquier intención de inversión en este tipo de sectores”, agregó.

De este modo, aseguró que “sin dudas se acabó la modalidad de la vaquita entre amigos. Con toda la incertidumbre general que hay, se generó una fuerte desconfianza que va a continuar a lo largo de este año. No veo muchos inversores dispuestos a inyectar dinero en un proyecto pequeño que recién comienza”.

Barajar y dar de nuevo
Así, Berráz Schang consideró que muchos emprendimientos deberán replantearse seriamente su futuro: “Muchas bodegas disfrutaron del viento de cola que les tapaba sus problemas, pero ahora bajó el río y se ven los defectos estructurales de los proyectos”.

En este contexto, Javier Merino, gerente de Area del Vino, explicó a iProfesional.com que “hay muchas bodegas que tienen que parar la pelota y pensar seriamente cuál es el camino que van a tomar”.

Según el experto, muchas desaparecerán sin hacer mucho ruido, algunas serán absorbidas por bodegas con más espaldas, mientras que otras, que empezaron en el negocio proveyendo materia prima, deberán abandonar sus pretensiones de posicionar una marca propia y regresar a su antiguo core, es decir, vender vino genérico a otras empresas.

En este contexto, no dudó al afirmar que “el negocio del vino en la Argentina va tendiendo a concentrarse”.

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