Angel Mendoza I: De la escuela Don Bosco al vino internacional

10/04/13
Fuente: Vinicast Blog.

Cuatro décadas del vino argentino por Ángel Mendoza -PARTE I from Vinicast on Vimeo.

La familia Mendoza llega temprano a su Domaine San Diego, donde están los viñedos, olivos, bodega, y la pequeña estructura para procesar el aceite de la casa. El lugar central del Domaine es la parrilla, donde los domingos la familia se reúne a comer asado, conversar, y tomar vino, claro. Ángel va a la bodega, su esposa Rosalía a la administración, los hijos Lucas y Juan al viñedo y bodega, y la hija María Laura a atender a los turistas. Todo queda en familia, y es ésta acaso la primera sensación que se respira. La vida de la familia está vinculada al vino, desde siempre.

La charla con Ángel es en la sala de barricas, rodeados de vinos que duermen. El ex enólogo del mítico Trapiche, creador junto a Michel Rolland del vino Iscay, corte Merlot – Malbec, y autor del clásico Pura Sangre ha recorrido cada capitulo de los últimos cuarenta años del vino argentino en lugares clave.

Arrancamos la charla con una pregunta inmensa. ¿Cómo se gesta ese cambio de rumbo en esta historia del vino argentino, a partir de la década del sesenta? Ángel piensa unos segundos, y da una respuesta corta y crucial. “A partir de un cambio en la educación”.

“Los cambios arrancan a partir de gente como el Padre Francisco Oreglia, profesor de enología en la escuela salesiana Don Bosco, donde los adolescentes como yo aprendíamos desde el secundario las bases de la viticultura, olivicultura y enología. Me recibí allí en el ‘68”.

Los ’60 y el vino desde la secundaria

“El fantástico Padre Oreglia empezó a idear, con mucha visión, la creación de una carrera universitaria, creyendo que los futuros momentos del vino iban a ser protagonizados por profesionales y licenciados”.

Ya entrados los ‘70, mas precisamente en 1971, Ángel se recibe como licenciado en enología. “Fui uno de los mas jóvenes… soy el egresado número 5”, recuerda.

Tras recibirse, Ángel ingresó en la bodega del grupo Peñaflor, una de las mas grandes y pujantes de la época. “Ingresé como jefe de elaboración de vinos finos. La primera etapa fue dura porque me sentí temeroso ante tanto volumen de vino. Imaginen que esa bodega tenia capacidad de 110 millones de litros”, relata Mendoza, y aclara enseguida que en los setenta la gran mayoría de los modelos de producción eran con volúmenes similares.

Los 70 y el primer “volantazo” de la industria

Pero fue justamente en esos inicios de los años setenta en que se advierte un primer cambio en el enfoque de las bodegas argentinas hacia la producción. De alguna manera se empieza a pensar en que la bodega, que ahora contaba con profesionales preparados debía empezar a gestar el vino desde el viñedo. La obra del Padre Oreglia comenzaba a manifestarse en el seno de la industria.

Ángel remarca que en ese momento se nota un primer punto de inflexión en la manera de elaborar vino, que hasta entonces se manejaba con valores centrados en volumen. “Ya había gente que pensaba que el vino había que empezar a elaborarlo en el viñedo. Entonces, los técnicos de las bodegas empezábamos a caminar los viñedos y entender el vino como se concibe actualmente.”

Entre los resultados de esos cambios, estas nuevas generaciones apuntalaron la aparición del mundo de los varietales, de manera que de la opción “vino blanco o vino tinto” ahora se ingresaba en el fascinante mundo de los varietales. Ángel Mendoza experimentó estos cambios en la elaboración de vinos desde Trapiche. “Empezaba una era fantástica porque empezamos a ver tratar la viña con cuarteles especiales para vinos jóvenes, otros para vinos de guarda, varietales o cortes. Y cada categoría era una especialización.”

Pero fue justamente en esos inicios de los años setenta en que se advierte un primer cambio en el enfoque de las bodegas argentinas hacia la producción. De alguna manera se empieza a pensar en que la bodega, que ahora contaba con profesionales preparados debía empezar a gestar el vino desde el viñedo. La obra del Padre Oreglia comenzaba a manifestarse en el seno de la industria.

Esa década del setenta iba robusteciendo los cambios. El ingreso a la nueva era del vino fino y la tipicidad varietal. “Un grupo de profesionales de esa generación íbamos leyendo libros y acompañábamos estas nuevas tendencias tratando de hacer cursos y entender lo que pasaba en el mundo. Aún sin Internet o globalización esta generación de primeros enólogos argentinos teníamos cierto espíritu de curiosidad por el conocimiento”. Ángel Mendoza cuenta que “para estos nuevos licenciados representaba todo un desafío cambiar la imagen de toda una generación anterior –gente que sabía estabilizar vinos, pero no tenían la cualidades para darle tipicidad varietal a un vino desde el viñedo-. Ese cambio le tocó a la generación del setenta.”

El cambio de esa década de los setenta quedará grabado con una frase que Ángel recuerda bien. “En esos años se pasó de la lógica de producir lo que se vendía, a tratar de vender lo que se produce”.

“…para estos nuevos licenciados representaba todo un desafío cambiar la imagen de toda una generación anterior –gente que sabía estabilizar vinos, pero no tenían la cualidades para darle tipicidad varietal a un vino desde el viñedo-. Ese cambio le tocó a la generación del setenta.”

Los años 80 y un encuentro épico

El consumo per cápita en Argentina seguía altísimo, pero el incipiente mercado para vinos elaborados con tipicidad del viñedo crecía de forma paralela. Al mismo tiempo el terruño argentino y la elaboración de Malbec acercaba al país a los productores mas prestigiosos del mundo. Ángel Mendoza y los vinos Trapiche comenzaban a destacarse en ferias y reuniones especializadas. Así fue que la bodega Peñaflor fue invitada a una importante conferencia mundial en Oregon, Estados Unidos.

“Había especialistas de Francia, California, Italia, y entre ellos estábamos nosotros”, cuenta Ángel Mendoza. Allí cruza los primeros conceptos de vinos con un joven Michel Rolland, que llegaba desde Pommerol como el gran conocedor de la cepa Merlot.

En esta reunión se gesta un proyecto para que Rolland representando la sabía Francia y el Merlot se una a la joven Argentina y su Malbec para hacer un vino histórico. Fue entonces que nació Iscay (que en la quechua significa dos, la unión de dos culturas de dos formas de ver las cosas). Como todos lo intuían ese vino iba a marcar historia, y de alguna manera era la bisagra que unía a los consultores internacionales y la Argentina. Si bien Rolland ya era consultor de Etchart en Salta, el proyecto de Iscay será el primer paso del consultor francés en Mendoza, donde años después se instalaría.

“Fue muy interesante para la época poder trabajar en un proyecto como Iscay. Agradezco muchísimo haber sido participe de un evento tan importante en la historia del vino argentino”, dice Ángel Mendoza.

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