Apostar al mercado interno, ¿conviene más que exportar?

14/07/13
Fuente: Diario Los Andes | Miguel Ángel Flores.

vinotecaRecuperar costos más rápido es el factor de atracción. El Gobierno compra vino y mosto. Proyecto para incentivar la elaboración de bebidas con jugo de uva.
Apostar al mercado interno, ¿conviene más que exportar? Apuntar al consumo interno es la solución para muchas bodegas hoy.
Los problemas de competitividad, y el reclamo consecuente de la vitivinicultura exportadora, son la letra de la canción de protesta más escuchada desde hace tiempo. Pero mientras no deja de escucharse, la industria aceita su estrategia de adaptación, que pasa por apuntar los cañones nuevamente a un mercado interno que, sin ser de lo más prometedor (los despachos crecieron 3,5%) y aun con las dudas que genera la eventual inyección de mayores volúmenes de vino, parece asegurar un recupero más rápido que las ventas al exterior.

Para algunos exportadores ya amerita haber variado en algunos puntos la composición de su mix mercado interno-mercado externo.Y por otra parte, un sector de la actividad vitivinícola fogonea un proyecto para reducir la carga de impuestos internos del 8% a bebidas analcohólicas (las de hasta 1,2°), y así salir a recuperar mercado y competitividad perdida frente a las gaseosas.

Todo esto ocurre mientras el Gobierno provincial relanza otra edición, con matices, del operativo para sostener precios. La temporada no fue favorable para la materia prima, en especial de alta gama producto de la buena cosecha, y el propósito es evitar que el cuadro se repita con el vino y el mosto: por eso, habrá que ver el efecto de la Provincia como comprador de mosto sulfitado (a $ 2,30 y $ 2 de contado), de tinto genérico ($ 3 por litro) y del acuerdo con el Banco Nación para financiar capital de trabajo.

«Sin dudas, quienes apuestan al mercado interno lo hacen con la seguridad de que, pese a los inconvenientes, en este momento van a recuperar más rápidamente sus costos que si exportan. Y eso está demostrado en la cantidad de marcas que se incorporaron al negocio en el país», señala Diego Caso, analista de la consultora PWC, que habitualmente estudia tendencias del mercado.

Entre las bodegas, las claras diferencias tienen que ver con el tamaño, y por lo tanto, su estrategia de comercialización. Dicho de otro modo: quien tiene más espalda puede resistir mejor un cambio en la composición de sus destinos.

Para Carlos Caselles, de bodega Sinfin, «cuando hay tantas marcas impuestas es más difícil posicionarse, sobre todo para los vinos básicos. En el caso de los de alta gama, lo ideal sigue siendo un mix, pero lo lamentable, y cierto, es que el mercado externo ya no es tan competitivo si se lo compara con el del país».

De hecho, para la firma de Maipú, en actividad desde 2005, hoy la relación en fraccionados es 60/40 a favor del interno, y se invierte en el caso del vino a granel. Para quienes apuestan a esa modalidad exportadora, la única explicación es que el menor costo en valor agregado hoy por hoy es la única opción que da algo más de «aire».

Incentivos fiscales

En otra lectura de cómo está la plaza nacional, una decena de cámaras vitivinícolas y las federaciones regionales que las agrupan en distintos puntos del país, se reunieron sobre el filo del fin de semana en San Juan. Y allí se consensuó el apoyo a un proyecto de reforma tributaria que permitiría el uso del jugo de uva para la elaboración de bebidas, en tanto el Ejecutivo mendocino, dentro de su batería de medidas, no descarta propender «como última medida» a la alcoholización de stocks siempre que «los mercados no reaccionen en forma positiva».

El presidente de Economías Regionales de la CAME (Cámara Argentina de la Mediana Empresa), Raúl Robín, expuso el resultado de las acciones promovidas, entre ellas el proyecto de ley «Modificación de la alícuota de Impuestos Internos a Bebidas Analcohólicas, gasificadas o no».

La iniciativa, que data de 2011 y cobra ahora nuevo impulso, tiene como objetivo reducirlos a la mitad para bebidas hechas con 20% de jugo natural, con lo cual la tasa impuesta bajaría del 8% al 4%.

Algunos referentes defienden el proyecto por considerar que con una reducción de la carga tributaria se «procura fomentar el empleo de jugos naturales en la elaboración de bebidas analcohólicas. El vino y los jugos podrían así recuperar competitividad frente a las gaseosas, reconquistando el terreno perdido».

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