Aprovechar la calidad de nuestros vinos

20/08/11
Fuente: Diario Los Andes | Editorial.

banderaExpertos internacionales aseguran que la pasada vendimia ha sido una de las mejores de los últimos años. Sin embargo, esas cualidades naturales se ven opacadas por una permanente inflación interna que, con un dólar planchado, hace perder competitividad a nuestros caldos en los mercados internacionales. Uno de los aspectos que destacó a los vinos argentinos en los mercados internacionales fue el mantenimiento constante de la calidad de nuestros caldos. Así entonces, mientras en los países del viejo continente -Francia, España o Italia- las cosechas se destacan según las “añadas”, con el consiguiente marketing que suelen realizar para favorecer el mercado, en nuestro país, por las circunstancias climáticas especiales, esos “picos” de calidad no se observan.

De todos modos, en circunstancias especiales, como ha sucedido este año (parecido a 2002 y 2006), los niveles de calidad superaron la media.

Así lo señalaron dos destacados enólogos que se desempeñan en bodegas locales. Uno de ellos llegó al país, procedente de Estados Unidos y el restante es de origen italiano. Ambos coincidieron en señalar que la actual “es una de las mejores cosechas que se han visto en la Argentina” y, al efectuar una comparación con vendimias anteriores, indican que la diferencia con 2006 radica en el mejor manejo del riego, utilizando el agua de manera racional y adecuada, lo que derivó en una mejor respuesta de las plantas. Esas opiniones no hacen más que ratificar el antiguo dicho vitivinícola que señala que “los mejores vinos nacen en los viñedos”.

Ambos profesionales coincidieron también en expresar que los vinos -especialmente los malbec- muestran una fruta muy expresiva, taninos jugosos y una exquisita acidez natural, lo que genera unos vinos muy elegantes. Esas valoraciones resultan fundamentales para la industria local, esencialmente porque esa calidad se ha volcado en un varietal, como el malbec, que abrió las puertas de la vitivinicultura argentina en el mundo, a punto tal de afianzarse como la variedad insignia, lo que lo ubica también como el mejor del mundo, superando con creces a los malbec franceses, la procedencia natural.

Los aspectos de calidad son los priorizados por los consumidores internacionales y la Argentina debería aprovechar la oportunidad. Sin embargo, mientras la naturaleza brinda su aporte, al que se suma el trabajo de los enólogos, existen situaciones externas al sector que son las que generan los inconvenientes.

Es el caso -señalado especialmente por la industria- de la pérdida de competitividad ante los incrementos constantes de los insumos y de la inflación interna, frente a un dólar “planchado”. Un problema que afecta no sólo a la vitivinicultura sino que se extiende al resto de la industria del país, a excepción de la Pampa Húmeda, que fundamenta sus exportaciones en productos primarios. La situación fue planteada en numerosas oportunidades a las autoridades nacionales pero las respuestas demoran en llegar.

A la Argentina le costó años de trabajo llegar a posicionarse convenientemente en los mercados internacionales. De aquellos escasos cientos de dólares que se exportaban a principios de los ‘90, se llegó ahora a facturaciones que superan los mil millones de la moneda norteamericana, en productos vitivinícolas, incluyendo el mosto.

Surge la necesidad de mantener ese crecimiento, más aún cuando se observa que ese aumento en las exportaciones no se refleja como debiera en el mercado interno, donde el consumo se ha amesetado en menos de 30 litros anuales per cápita. Al decir de los actores de la industria, las soluciones no son imposibles de alcanzar y sólo faltaría la voluntad política para adoptarlas.

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