AWA: Fuerte debate por el perfil de los vinos argentinos

23/02/12
Fuente: IProfesional | Juan Diego Wasilevsky.

barrels in fireEnólogos del exterior critican, expertos locales se defienden

En el marco de la sexta edición del Argentina Wine Awards, organizado por Wines of Argentina, profesionales de otros países hicieron hincapié en lo que consideraron un excesivo uso de madera y altas graduaciones alcohólicas. Sus colegas locales no tardaron en reaccionar. Pasó un nuevo Argentina Wine Awards. En este caso, la edición número seis del evento organizado por Wines of Argentina y la COVIAR y operado por Area del Vino, y que ya es considerado un clásico en el almanaque de certámenes vinculados con el mundo del vino.

No es para menos, dado que cerca de 150 bodegas presentaron un total de 734 muestras, marcando así un nuevo récord. De ese total, se eligieron los 18 mejores vinos de exportación de la Argentina, de la mano de un jurado conformado por doce reconocidos enólogos del exterior, provenientes del Nuevo y Viejo Mundo.

Así, el viernes pasado por la mañana en el Hotel Sheraton Mendoza, antes de conocerse los nombres de las etiquetas ganadoras, este grupo de expertos participó de una jornada de debates en el marco del Seminario de Vinos & Estilos Exitosos, durante el cual brindaron sus impresiones y opiniones de las cualidades que debería tener cualquier vino para captar el interés de los consumidores de los principales mercados. .

Con ese fin, cada uno de los jurados dio su «veredicto» sobre el perfil de los vinos argentinos.

Y la realidad es que, en el salón principal del hotel ubicado en la capital mendocina, comenzaron a verse algunas caras largas, principalmente entre los enólogos y los gerentes comerciales argentinos.

El punto clave es que, luego de algunas «caricias» y reconocimientos por parte de los expertos, comenzaron a llover críticas por el uso y supuesto «abuso» en el uso de la madera así como también por lo que consideraron, en líneas generales, como altos niveles de alcohol.

En otras palabras, tras haber degustado las más de 700 muestras, la mayoría de los expertos llegaron a una conclusión casi unánime: recomendaron adaptarse a una nueva tendencia de consumidores que buscan vinos más frescos, con menos paso por barrica y con menor graduación alcohólica.

Una de las primeras en tomar la posta fue Andrea Mullineux, enóloga sudafricana y fundadora de la bodega Wullineux Family Wines, quien alertó que «la madera es un recipiente para crianza, no para dar sabor. El vino con mucha madera está negando el sentido del lugar, del terruño».
Acto seguido, la experta recomendó «usar roble más antiguo. Y si piensan que tiene riesgos de contaminación, entonces apelen a los toneles grandes, que tienen menos superficie de contacto con el vino y así bajan esos riesgos.

Continuando con el primer panel de representantes del Nuevo Mundo, llegó el turno de Hamilton Russell, también de Sudáfrica, quien les recordó a los profesionales locales que «la Argentina es un país cálido. Por eso la idea es que cosechen un poco antes, porque si no el vino nace muerto», al tiempo que les aconsejó discontinuar el uso de barricas de roble americano, porque «tiene un carácter más fuerte y le da una dulzura desagradable».
En un mercado como el argentino donde es sinónimo de calidad utilizar barricas de primer uso, el chileno Marcelo Retamal, de la bodega De Martino, recomendó algo que aquí sería impensado, al menos para los vinos de alta gama: «A las barricas se les puede dar más uso. Yo tengo barricas de 14 años donde envejecen mucho mejor los vinos, siempre y cuando se tenga cuidado de no tener contaminación».
El experto agregó que «el mercado americano -el principal destino de exportación para la Argentina- está cambiando. Y el mundo también está cambiando. Por eso es clave usar menos madera».
Con respecto a los niveles de alcohol, aseguró que los enólogos argentinos deberían trabajar con un criterio de 13.5 grados, lo que implica «cosecha temprana, sin que la uva esté verde», aunque luego les recordó que «no es viable tener pepas 100% negras, salvo que cosechen pasas y esto no es bueno».
A su turno, Joey Tensley, fundador de la bodega estadounidense Tensley Wines fue un paso más allá y criticó a los enólogos locales por estar «tratando de imitar lo que hacen en Burdeos, usando roble 100 por ciento nuevo. Pero esto es difícil porque ustedes tienen clima más cálido. Sólo en zonas más frías se puede usar tanta madera».

Por su parte, el reconocido enólogo estadounidense Bob Pepi, aseguró que «si bien el Malbec soporta buena calidad de madera, 18 meses en barrica es demasiado».

Luego, explicó que «en Estados Unidos ahora nos inclinamos más hacia vinos frescos, con menos tiempo en barrica, para que resalten las características del terroir. Se está dejando de lado el estilo pesado, por eso no hay que empujar tanto el nivel de maduración».
Entre los oradores del segundo panel figuraba Graziana Grassini, quien asesora a numerosas bodegas en Toscana, Umbría y Puglia y destacó que, si bien halló «un gran nivel de calidad entre los vinos blancos y tintos, a algunos Malbec de precio medio los encontré con una carga demasiado pesada de la madera, a veces madera seca o verde. Por lo tanto, tienen que prestar atención a esto».
«Una madera grande se ve, se observa y se comprende. Pero los trozos de madera no se entienden», disparó.
Al igual que otros enólogos del exterior, Grassini les recordó a los expertos argentinos que «el gusto del consumidor ha cambiado. Los vinos tienen que ser poco alcohólicos y con sensaciones frutales. Tienen que hacer mucho para integrar la madera en el vino y bajar las graduaciones alcohólicas».
Hacia el final del seminario, Barbara Tamburini, enóloga italiana que asesora a más de 15 bodegas, aseguró que «el Torrontés es un gran varietal, un bellísimo descubrimiento». Sin embargo, les recomendó a sus pares argentinos que «la madera no tiene que estar presente».
Por último, y como una suerte de advertencia, Gilles Pauquet, consultor de bodegas en España y Francia, aseguró que «haciendo vinos todos iguales, vamos a terminar creando un McDonald`s».

En este contexto, los expertos locales presentes en el salón del Sheraton, comenzaron a abarrotar la red social Twitter con una catarata observaciones en contra de los «dictámines» de sus pares del exterior.
Desde su cuenta @danielpi314, Daniel Pi, enólogo de Trapiche, lideró la «contraofensiva»: «Imaginemos un mundo sólo con vinos de 12.5 grados, sin madera, en botella liviana, de zonas frías y en lo posible biodinámicos. ¿Qué aburrido no?».

Luego, recordó vía Twitter que «la mayoría de los vinos del viejo mundo presentados tienen mas de 13,5% y criados en barricas… Ups!!!», en referencia a las etiquetas que llevaron cada uno de los enólogo del exterior al seminario para dar un ejemplo de lo que consideraban un «vino exitoso».
A su turno, el reconocido winemaker Marcelo Pelleriti, a través de su cuenta @MarcePelleriti, quiso cerrar la polémica asegurando que «si un vino está bueno, punto, está bueno y listo, no molestemos más al consumidor».

«Estoy cansado de escuchar cosas que nadie hace. Un buen vino de guarda sin madera y 13 grados… NAAAAA», escribió en la red social para ponerle fin a la discusión.

En este contexto, Vinos & Bodegas dialogó con Pablo Cúneo, jefe de enólogos de la bodega Ruca Malén, quien aseguró que «si bien concuerdo con que el consumidor de vinos se está graduando y hay que enfocarse más en la expresión de la variedad y en el terroir, no hay que demonizar el uso de la madera, porque es una herramienta muy útil».
En este sentido, aseguró que no hay riesgos de que se produzca una «commoditización» del vino argentino: «Hay algo muy fuerte que es la uva y el terroir. El clima hace que los vinos tengan una identidad argentina».

En un punto intermedio se ubicó Javier Merino, director de la consultora especializada Area del Vino, quien aseguró a este medio que «actualmente hay un nuevo corte dentro de los consumidores de vinos y está vinculado con los jóvenes. Ya no es tan fuerte la división entre el gusto estadounidense y el europeo… lo que está sucediendo es que está apareciendo el consumo de los jóvenes, independientemente de sus lugares de origen».

Merino destacó que esta tendencia está vinculada con «vinos frescos, frutales, fáciles de tomar y con poco alcohol. El punto es cómo congeniar esto que piden los consumidores con la visión de los enólogos. Se viene otra cosa. Esa es la tendencia y hay que escucharla».

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