Bolivia: Los vinos del altiplano (2° parte)

06/03/14
Fuente: Vinos en Córdoba | Roberto Colmenarejo.
BoliviaLa semana pasada comencé con esta nota, contando sobre mi periplo al país vecino. En ese texto anterior hay mucha información actualizada sobre su industria vitivinícola.
Sin embargo, hoy quiero contarles un poco más «en primera persona», trasmitirles algo de mis sensaciones y observaciones en mi primer acercamiento a Bolivia y sus vinos.
Mi experiencia en la ciudad de Tarija:
¡Estuve cinco días en Tarija y me encantó! Es una ciudad relativamente pequeña -unos 152.000 habitantes (INE 2006)-, limpia y sumamente cuidada (por algo la llaman “La Linda”);
Está llena de bellas plazas donde la gente se reúne al atardecer para disfrutar de la frescura de los árboles añosos y el perfume de las flores (algo que -lamentablemente- hace años se perdió aquí en nuestro país).
Calle típica de Tarija

Plaza de Armas Luis de Fuentes y Vargas
Tiene un mercado campesino enorme y multicolor, donde no alcanza la vista para mirar todo lo que se ofrece, y uno puede perderse por un par de horas. Allí se vende todo lo que a uno se le pueda ocurrir (frutas y verduras, flores, carnes, lácteos, panes y tortas, especias, semillas, productos de limpieza, ropa, calzado, CD/DVD, teléfonos, electrodomésticos y hasta medicamentos).
Mercado Campesino
Mercado Campesino
Mercado Campesino
Mercado Campesino
Me dio la impresión de una ciudad viva y pujante, con un florecimiento económico que se puede percibir fácilmente en el movimiento comercial y en sus numerosas obras en construcción (tanto públicas como privadas).
Tarija concentra una enorme proporción de la producción agraria del país (vinos, uvas en fresco, otras frutas y verduras). También es importante la actividad pesquera -en el Bermejo y sus afluentes- y ganadera. Además, el departamento cuenta con una enorme riqueza en hidrocarburos (algo de lo que goza toda Bolivia).
Todas las personas con las que tuve contacto -staff del hotel, choferes de taxis, mozos de restaurantes, guía de turismo y personal de bodegas- fue siempre muy amable, educada y hospitalaria, Me da la impresión que están acostumbrados a recibir turistas, y comprenden el gran valor de estos como otro pilar fundamental de su economía.
Si bien todavía hay ciertos contrastes entre clases sociales, me pareció observar un notable mejoramiento en las condiciones de vida de la gente de menores recursos.
 
Las Bodegas y su gente:
Durante esa intensa semana de vacaciones pude dedicar dos días a recorrer algo de la “Ruta del Vino y el Singani de Altura”. El resto del tiempo lo use -junto a mi esposa- para visitar museos y hacer otros circuitos turísticos por la región.
Mi primer día de visitas enológicas comenzó en la Bodega Industrial Campos de Solana, que hasta donde sé es la más nueva y moderna de la región. Allí me recibieron Nelson Sfarcich -enólogo- y María José Granier -gerente de administración y miembro de la familia propietaria-. Pude recorrer la bodega durante casi una hora, probar un par de muestras de tanque y tres vinos terminados en diferentes gamas de precio. Me dio la impresión de una empresa con enorme potencialidad para hacer grandes vinos (¡ya tiene algunos muy interesantes!)
Con Nelson Sfarcich y María José Granier (Campos de Solana)

Luego conocí la Bodega Artesanal Viñas del Señor, donde me atendió muy amablementeSebastián Iñiguez Estenssoro. Estuvimos charlando más de dos horas sobre la historia y el presente de la producción vinícola de Tarija, mientras bebíamos uno de sus vinos caseros con una pequeña picada. ¡Me encantó el empuje y las ideas de este pequeño viñatero (recordándome mucho a los productores artesanales de Colonia Caroya)!

 
Con Sebastián Iñiguez Estenssoro (Viñas del Señor)

Luego de un rápido tentempié y un breve descanso, gentilmente pasó a buscarnos por el hotelFranz Molina. Franz es un joven y activo enólogo -formado en Argentina y EEUU-, tercera generación de la familia propietaria de la Bodega Industrial Kuhlmann. Esta empresa es una de las antiguas del país, especializándose en la destilación de Singanis -lejos lo mejor que probé- y además es pionera en la elaboración de vinos espumosos en Bolivia.

Nos invitó a almorzar a un bellísimo hotel 5 estrellas (propiedad del mismo grupo empresario), mientras degustábamos su portfolio de productos. Luego de esto, fuimos a ver las obras de la nueva bodega -se están mudando a una construcción mucho más grande y cómoda, pensada desde el inicio para incluir al enoturismo dentro de sus actividades diarias-. Fueron más de tres horas de interesante y amena conversación, donde pude preguntar a discreción y ampliar así un poco mi visión sobre la vitivinicultura chapaca. ¡Creo que hay que seguirle muy de cerca los pasos de este profesional, que ya da que hablar -pero va por mucho más- con sus vinos y destilados!
 
Con Franz Molina (Kuhlmann)

El segundo día de visitas fue menos extenso y más liviano, ya que tuve que sumarme a una excursión convencional de medio día (¿recuerdan que les conté que la mayoría de las compañías ni siquiera me respondieron los correos?). Afortunadamente, la excursión de ese día no tuvo interesados, así que terminó siendo en exclusiva para nosotros (mi esposa y yo). La guía asignada nos acompañó de manera impecable, respondiendo pacientemente a mi insaciable curiosidad.

Visitamos brevemente la Bodega Industrial Casa Grande, donde pudimos charlar apenas unos momentos con su histórico enólogo. Probamos un espumoso -de calidad regular- y seguimos viaje. Por alguna razón sus vinos no me generaron interés, así que no compré ni probé ninguno.
 
Acceso a bodega Casa Grande

El recorrido continuó en la hacienda familiar -y primer viñedo- de la Bodega Kohlberg. Otra de las vinícolas precursoras, fundada por inmigrantes alemanes en los años 60`.  La finca es un paraíso; llena de verdes viñas, frutales rebosantes y una inmensa arboleda que da sombra en los días calientes del estío. Allí aprovechamos la parada para hacer una picadita con productos regionales, mientras probamos un sabroso vino de la casa.

 
Acceso a la Hacienda Kohlberg

La recorrida terminó pasado el mediodía en la Bodega/Destiladora Casa Real, donde se elabora el Singani más conocido de Bolivia. Esta empresa fue pionera en la industrialización del aguardiente, y pertenece a la misma familia propietaria de Campos de Solana. Allí se nos unió en el recorrido el enólogo Carlos Sfarcich, quien nos introdujo brevemente en el mundo de este noble destilado de uvas Moscatel. La visita fue veloz y terminó con una cata de su emblemático Casa Real Etiqueta Negra -muy bueno-, más un refrescante vaso de Chuflay (cóctel elaborado con singani, gaseosa de ginger ale y rodaja de limón) para atenuar el calor de la tarde.

Con Carlos Sfarcich (Casa Real)

Esto fue todo lo que pude conocer en este primer viaje. Aprovechando las comidas fui tratando de probar otros vinos, como para tener un pantallazo más amplio. Antes de volverme, traje media docena de botellas para probar con más tiempo.

 
Los vinos -y singanis- que me gustaron:
En total pude degustar más de una veintena de productos. Aquí mi impresión sobre los diez que más me sorprendieron (el precio está expresado en dólares americanos, al cambio aproximado en el momento que nosotros estuvimos allí):
 
Campos de Solana Clásico Tinto S/A (U$D 4): Un vino de mesa correcto y de trago amable, con perfil frutado y entrada levemente abocada. Quizás al cambio sea un poco caro, pero es ideal para pedir en los restaurantes.
 
Kohlberg Blend Tinto 2013 (U$D 6): Tinto sumamente interesante, con una impronta bastante similar a la de los productos salteños. Especiado y terroso en nariz; suma una boca briosa, madura y de sabor levemente picante. ¡Ideal para acompañar platos típicos como empanadas de carne o pique a lo macho!
 
Kohlberg Ugni Blanc 2012 (U$D 6): Un blanco austero y fresco, ideal para comer. Cuerpo medio, buena acidez y sabores sutiles.
 
Kohlberg Syrah 2010 (U$D 8): Un tinto netamente especiado, rebosante de aromas de canela, clavo, coriandro y pimentón. En boca es sabroso y maduro, con entrada apenas golosa, acidez balanceada y taninos delicados.
 
Campo de Solana Riesling 2013 (U$D 9): Este blanco ofrece una nariz muy típica de la variedad, llena de flores, cítricos y trazos minerales. Al probarlo es liviano, de fresca acidez y moderada persistencia. ¡Rico blanco, aunque algo caro!
 
Altosama Espumante de Altura Blanco NV (U$D 9): Un espumante exquisito; con leve dulzor natural, burbuja mediana y enorme frescura. Está elaborado por el método Charmat con un corte de uvas tradicionales, que incluye además Moscatel de Alejandría (que le aporta un sutil perfume floral y de uvas frescas). ¡Irresistible!
 
Sausini Cabernet Sauvignon 2009 (U$D 9): Un vino con poca publicidad, pero de sorprendente calidad. Un cabernet de estilo tradicional, delicado y bien amalgamado por el tiempo en botella. Frutado maduro, especiado y notas de cuero en nariz; paso lleno, sabroso, largo y de taninos muy pulidos en boca. ¡Gran Vino!
 
Campos de Solana Reserva Trivarietal 2011 (U$D 15): Uno de los productos de mayor precio y aspiraciones en el mercado boliviano. Un corte de Cabernet Sauvignon, Malbec y Tannat criado durante más de un año en barricas de roble nuevo. De nariz compleja; ofrece sensaciones de frutas negras, especias, herbáceas y suaves trazos del contacto con roble -vainilla, tostado-. En la boca es voluminoso pero fluido, pleno de sabores, con taninos firmes y persistencia prolongada. ¡Un vino de nivel internacional!
 
Singani Casa Real Etiqueta Negra (U$D 8): El singani más emblemático del país. Nariz limpia de perfil floral y cítrico, donde el alcohol apenas se percibe. Boca suave y levemente dulzona, con un after-taste muy agradable. ¡Excelente embajador de Bolivia!
 
Singani Los Parrales Reserva 80º Aniversario (U$D 15): Un singani de producción acotada, que a mi entender es el mejor aguardiente del país. Aromas nítidos de flores blancas, piel de cítricos y uvas frescas; sin ninguna sensación del alcohol. Paso de boca seco, vivaz, delicado y con un after-taste largo y placentero. ¡Soberbio! ¡De una calidad superlativa, que le permite competir con los grandes destilados del mundo!

Impresión final:
Me encantó este viaje, pues nuevamente comprobé –lo mismo que hiciera hace dos años en Brasil– que son muchos los lugares en el mundo donde se hacen buenos vinos.

¡Por lo pronto ya estoy ahorrando para el próximo verano, pues me queda mucho por conocer y aprender sobre los vinos del altiplano!

 
Con mi esposa Silvina, inseparables

 

 

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