Brasil: Protección sin límites

20/03/12
Fuente: EnoEventos Brasil | Ciro Lilla | Trad. DLR.

El mundo del vino en Brasil vive momentos decisivos. Ahora es más que necesario hacer un llamado de alerta a nuestros clientes sobre algunas noticias muy preocupantes para los amantes de vino.

Por increíble que parezca, surgen otra vez noticias al respecto de la presión de los grandes productores gaúchos sobre el gobierno para que haya un nuevo aumento de impuestos sobre los vinos importados, como si la gigantesca carga tributaria actual no representase protección suficiente para el vino nacional. Ahora se habla de “salvaguardias”, como si la industria nacional estuviese en peligro, en riesgo de quiebra, cuando de verdad las noticias enviadas a la prensa reportan un gran crecimiento de ventas. Al final, es preciso definir cuál es el verdadero discurso: el vino nacional ¿va muy bien o va muy mal? Los comunicados y números oficiales dicen que va muy bien, lo que invalida el argumento a favor de las “salvaguardias”. Además, los impuestos actuales ya son altísimos, y representan el verdadero gran enemigo del consumo de vinos en Brasil.

Además del aumento de impuestos — se pidió un aumento del 27% al 55% del impuesto sobre la importación, el primero de una larga cadena de impuestos pagados por el vino importado — desean también limitar la importación por el establecimiento de cuotas para la importación de cada país. Quedarían libres de las cuotas sólo los vinos argentinos y uruguayos. Increíble: cuotas de importación para proteger aún más un sector, el de los vinos finos nacionales, que creció cerca del 7% en 2011 — o sea, nada menos que casi el triple del crecimiento del PIB brasileño! Si fuesen adoptadas salvaguardias para un sector que creció el triple del PIB em 2011, ¿qué medidas de protección se podrían esperar entonces para el resto de la economía? Repito porque parece increíble, mas es verdad: piden salvaguardias para un sector que creció cerca de 7% en 2011! ¿Es preciso decir algo más?!

Piden que la etiqueta frontal contenga informaciones que hoy ya constan en las contra-etiquetas obligatorias.
Además de más impuestos y de las cuotas, los mismos grandes productores también piden aún más burocracia, como si la gigantesca burocracia que ya envuelve la importación de vinos en Brasil también no fuese protección suficiente para el vino nacional. Recién fue implantado el desafortunado sello fiscal y ya se pide ahora que la etiqueta principal del vino, la etiqueta frontal, contenga algunas de las informaciones que hoy ya constan en las contra-etiquetas obligatorias. Esa nueva medida, si fuese adoptada, va a afectar — como siempre sucede con la burocracia en el caso de los vinos — apenas a los vinos de alta calidad y pequeños volúmenes, ya que los grandes productores mundiales no tendrán ninguna dificultad en imprimir etiquetas especiales solo para el mercado brasileño. Eso, por otro lado, obviamente no será posible para aquellos productores que embarcan menos de 50 o 100 botellas de cada vino para nuestro país.

¿Al final, quién, sería responsable por el aumento del interés por el vino en Brasil? Ciertamente son esos pequeños productores, de tanto carisma e historia, cuya llegada se tienta dificultar aumentando la burocracia, en una medida sobretodo poco inteligente. La importación de esos vinos debería ser incentivada por todos, inclusive por los grandes productores nacionales, porque son ellos los grandes vehículos de propagación de la cultura del vino en el mundo entero.

Ahora son los vinos orgánicos de pequeños productores que tienen su posición amenazada en nuestro país.

Para completar ese cuadro preocupante, ahora también son los vinos orgánicos de pequeños productores que tienen su posición amenazada en nuestro país. A partir de enero de este año, los vinos orgánicos y/o biodinámicos — inclusive los certificados como tales en sus países de origen o por órganos certificadores internacionales — no podrán más ser identificados como tales en el mercado brasileño, a menos que sean certificados por organismos certificadores brasileños. Expresiones como “orgánico”, “ biodinámico”, “bio”, etc, son prohibidas ahora en las etiquetas, privando al consumidor de esa información esencial — con excepción de los vinos certificados por un organismo certificador brasileño. Resulta que el proceso de certificación brasileño es caro y demorado, siendo en la práctica inaccesible para los pequeños productores de todo el mundo. Creemos que apenas los grandes productores mundiales conseguirán registrarse aquí como orgánicos o biodinámicos, privando así al mercado del conocimiento de un número ya muy grande y siempre creciente de productores orgánicos. El vino es un producto muy particular y específico, en que la mayor parte de la producción mundial de calidad está en manos de productores muy pequeños, que no tendrán recursos para obtener la certificación brasileña. Sin dudas creemos que es el caso de postergar la aplicación de esa medida para los vinos, por lo menos hasta que sean firmados acuerdos de reciprocidad, que permitan el reconocimiento mutuo de los procesos de certificación en Brasil y en el exterior. Al final, ¿a quién le interesa dificultar la propagación de los vinos orgánicos a no ser a quien no tenga la intención de producir vinos de esa forma?

Ante este panorama triste, la pregunta que se impone es la siguiente: ¿cuál es el límite para la protección necesaria a los grandes productores nacionales para que puedan competir en el mercado? ¿O será acaso que todo eso es apenas una búsqueda de mayores lucros? Algunas de las medidas adoptadas recientemente, como o desafortunado sello fiscal, alcanzan fuertemente a los pequeños productores nacionales también. Vale la pena repetir que los pequeños productores brasileños deberían tener un papel importante en el panorama vinícola nacional, dado que no existe país con alguma relevancia en el mundo del vino en el que el mercado sea dominado por apenas algunos grandes productores. Al final, todos recordamos el período anterior al inicio de los años noventa, cuando el mercado pertenecía a un pequeno grupo de gigantes de la industria nacional, la mayoría multinacionales, y a algunos gigantes de la industria vinícola internacional — situación que obligaba al consumidor brasileño a consumir vinos caros y mediocres, cuando en el país ni siquiera se sabía lo que significaba la palabra sommelier.

Es preciso tener una agenda positiva para el vino en Brasil

¿Estaríamos en la inminencia de una vuelta a ese pasado triste para el vino en nuestro país? ¿Será que se perderán todos los avances de los últimos años, cuando, a costa de tantos esfuerzos, aumentó enormemente la cultura del vino en Brasil, con el surgimento de muchos millares de profesionales ligados al vino, de innumerables publicaciones sobre esta bebida maravillosa, de tantos nuevos empleos y de tantas nuevas posibilidades de crecimiento profesional? ¿Serán los muchos millares de brasileños que trabajan en ese nuevo mercado creado por el vino importado, en particular el verdadero ejército de sommeliers, menos brasileños que aquellos que trabajan en las grandes empresas productoras de vino nacional? Y vale la pena recordar que de cada 5 botellas de vino consumidas en Brasil, entre vinos finos, espumantes y vinos comunes (producidos con uvas de mesa), nada menos de que casi 4 (77.4%) ya son de vinos brasileños! Los números de ventas y de crecimiento del vino nacional son elocuentes, y vuelven absurdo buscar aún mayor protección!

El consumidor precisa manifestarse, ¡precisa decir no a esos verdaderos abusos!

Es preciso tener una agenda positiva para el vino en Brasil, con todos luchando juntos para un aumento del consumo, para que el vino obtenga el tratamiento tributario de un complemento alimentario — como en diversos países de Europa — y no un tratamiento punitivo como ocurre aquí, donde el ICMS pagado por el vino es el mismo pagado por un arma de fuego! Es preciso también luchar para disminuir la burocracia, que tanto complica a los pequeños productores de vinos de bajo volumen y alta calidad — aquellos que crean el mercado para el “producto vino”.

Es importante que se comprenda cuanto antes que el vino no es un commodity, donde el único factor que influencia la compra es el precio. El vino es cultura, es diversidad, es terroir, es arte. Es como el mercado de libros: el brasileño lee poco, así como bebe poco vino. Y dificultar la venta de libros de autores extranjeros no serviría para aumentar la venta de libros de autores brasileños, como ciertamente inhibiría aún más el hábito de la lectura. Lo mismo ocurre con los vinos. Es una ilusión pensar que encareciendo el vino importado el consumidor va a substituirlo automáticamente por el vino nacional. La verdad, lo más probable es que lo substituya por otro vino importado más barato, o por la cerveza gourmet, o por el whisky, por ejemplo. Lo que es preciso es popularizar el consumo de vino por la disminución de los precios y de la burocracia, tanto para los vinos nacionales como para los importados. La verdad ellos son aliados, y no enemigos como creen aquellos que defienden un protecionismo aún mayor para el vino brasileño.

El amante del vino precisa reaccionar contra esa situación. O tendremos todos que aceptar una vuelta a la situación de 20 años atrás, con la pérdida de todo el esfuerzo, todo el trabajo y toda la evolución obtenida en ese período.

Cordialmente,

Ciro de Campos Lilla
Presidente de las importadoras Mistral y Vinci

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