Cerca, Rosario siempre estuvo cerca… ¡y me mandé!

23/02/10
Fuente: FabianCoutoXP.com.ar

COUTO CON OLMEDO[1]Rosario siempre fue una ciudad de mi agrado. Tiene todo lo necesario para pueda pasarlo bien. Por empezar mira al río, con el parque de las Colectividades que costea toda la barranca casi en el centro  de la ciudad, balconeando al Paraná. El parque España, que permite también ver y disfrutar frente a la costa del gigante color león. Me gusta Rosario por su verde de pampa húmeda y también por la fineza de su arquitectura. En la zona del monumento a la Bandera, el Parque Independencia, ese oxigenador natural con bellas esculturas emplazadas en una colorida y fragante vegetación, magníficos edificios y fastuosos palacios, testigos de una anterior y mejor Argentina.


Buenos Aires me ofrecía solo calor y sofocante humedad, tenía una invitación pendiente. Contaba con las mejores referencias para ir a conocer un restaurante llamado La Refinería. Está ubicado en un histórico barrio cercano a la zona de los balnearios. Así fue que decidí subirme al auto y poner rumbo hacia Rosario. Apenas tres horas y media más tarde, transitaba por el bonito boulevard Oroño, en búsqueda del Holiday Inn, hotel en donde me hospedaría. (Dorrego 450. Rosario)


El Holiday Inn de Rosario es un cuatro estrellas que tiene el honor de haber sido el primer hotel de cadena en Rosario. Si hay algo que a mi modo de ver caracteriza a esta cadena hotelera, una de las más grandes del mundo, es la buena y discreta atención, un sobrio confort y las comodidades necesarias para sentirse seguro y a gusto durante una estadía. Desde el ventanal de mi habitación pude observar como una tenue llovizna comenzaba a repiquetear sobre las aguas de la cuidada pileta del hotel, así que pensé que la mejor opción, sería buscar un lugar decente y pintoresco donde almorzar, además era ya hora.

Decidí poner rumbo por la avenida costanera hacia la zona de los balnearios. Recordaba los pequeños puestitos de pescadores donde suelen vender la pesca del día. Perfecto para aprovechar la ocasión disfrutando las bondades de un sabroso plato de pescado de río.

“Te vi, te vi, te vi, y yo no buscaba a nadie, pero te vi” (Un vestido y un amor – Fito Paez).

A poco de rodar por la costanera pude divisar un restaurancito de aspecto litoraleño, con aire de “chiringuito” de playa y mesitas engalanadas de modosos manteles rojos bajo la sombra de su alero frontal. Lo vi, simplemente lo vi, y ese detector natural interno que poseo y pareciera indicarme acertadamente donde recalar, hizo que lo eligiera.

Mediodía en CLUB DEL ESTE COSTANERA -PARRILLA Y COMEDOR-

Algo andaba bien… apenas me senté una especie de sensación de felicidad parecía invadirme, la buena compañía, lo agradable del lugar y la solícita atención con que nos recibieron eran un buen presagio, apenas pude ver el menú, esa grata sensación se hizo tangible.

El menú de Club del Este evidencia que es un autentico comedor de pescados. Una sugerencia acaparó mi atención: “Tenedor libre de Pescado” por el contrario, Ely, mi compañera, tiene un solo defecto… ella no come pescado, así que optó por unos ravioles de carne con una salsa de estilo boloñesa que resultaron estar sencillamente exquisitos ($21.).

Para beber opté por un vino que decidí pedir solo por curiosidad ya que me era desconocido, un blanco artesanal de Familia Martinez Croce ($ 20), un Pedro Gimenez clásico, fresco y algo dulzón, ideal para acompañar mi elección. Paso a enumerar lo que mi plato contenía y que tenía la opción de repetir cuantas veces quisiera: Croquetas, albóndigas, dos tipos de empanada de diferentes pescados, milanesa de surubí, cornalitos y por último, y en plato aparte, mi menú además incluía un portentoso corte de Boga a la parrilla con un chimi casero, insuperable (todo por tan solo $ 25!!!).

Todo estaba rico… ¡riquísimo! Hacia tiempo no comía pescado disfrutándolo tanto, me sentí alegre y plenamente satisfecho. Si no repetí alguna de estas delicias fue solo porque a la noche nos esperaba La Refinería y sus especialidades a pleno. (Club del Este, Avenida Carrasco 2704. Rosario Costanera).

“Veo la rueda que se mueve lentamente, Y así estamos de repente en el Norte o en el Sur, Lleve, lleva, y brinda a mi salud” (Lleva – Fito Paez).

Luego de una placentera siesta, nos dejamos llevar por una noche sencillamente ideal. Corría la brisa del Paraná. Al llegar a La Refinería nada se contradecía con el sentimiento de pasarlo bien, nos disponíamos a brindar por eso.

En un antiguo casco de mediados del 1800 donde funcionara una auténtica refinería de azúcar, está instalado hoy uno de los mejores y más concurridos restaurantes de Rosario. Por lógica lleva por nombre La Refinería.

La casona tiene alma de pulpería. Una recepción, dos salones y un espléndido patio con alero, conserva, cual museo, aberturas y ventanas de madera. El detalle de sus paredes, los portones rurales y objetos de su pasado, todo fue reciclado con el refinado gusto de Miguel Avalle, propietario y atento encargado del desempeño del salón. En la cocina, tras los fuegos, Carlos, su hermano y cocinero, hace las delicias de los habituales clientes del restaurante.

Noche muy linda en Rosario y La Refinería es un diamante fuera del circuito de Restós de moda.

Hay verdadera pasión en todo lo que hacen los hermanos Avalle. Carlos, el chef, junto a su co-equiper Rodrigo Gonzalez, vivió y cocinó en los más diversos Restós, entre ellos, por más de 8 años en Cardiff (capital de Gales a dos horas de Londres). Se puede notar que Carlos, como cocinero, tiene olfato e instinto nato para crear los platos de su cocina.

Cuatro años aguardó pacientemente esa botella de ALTIMUS MMVI 2006, de BODEGA EL ESTECO. en mi bodega el momento de ser descorchada. El Altimus 2006, nació a más de 1.700 metros de altura, en la región de Cafayate, Salta. Un curioso blend que suele cambiar de corte según el año. El 2006 es de un 45% Malbec, 38% Cabernet, 12% Bonarda y 4% Tannat, con una crianza en roble francés de 18 meses. Producto de las mejores calidades de estos cepajes el Altimus 2006, resulta un vino complejo y de gran estructura, con un dejo dulzón de fruta pasa y mermelada, algo de cuero y decididamente cárnico, se percibe cierto remedo de sabor a hollejos y una tanicidad que puede le confiera el corte con Tannat. Resulta superlativo en boca. (Su costo aprox. en carta $ 270.-).

Inicialmente probamos unas mollejas a la plancha, perfectamente doradas  acompañadas de un espeso chutney de arándanos locales con un touch de cardamomo y anís estrellado($ 27.-). Otra entrada que resultó exquisita fue un Camembert entero acompañado con peras y pasas rubias. El queso era oriundo de Córdoba, muy untuoso y cero intrusivo, la pera tibia le sentaba como seda y las pasas dulces y gordas le aportaban carnosidad al plato y por último un nido de rúcula le confería frescor y acidez. $ 30.-

Las pastas son también el fuerte del lugar, un plato para el deleite son los Ravioli de espinaca, rellenos de ricotta y nuez, con crema de champiñones y puerros. Esos hongos tenían verdadero sabor y olían tan intenso, que su sola presencia teñía significativamente a la crema en el plato $ 36.-

A La Refinería la concurrencia va en búsqueda de una buena parrilla y cortes de carne de calidad y es eso lo que uno encuentra. Un detalle: La tira de asado sale entera, sin seccionar, es de nada más y nada menos que trece huesos y servida en una tabla de su largo.

Affogato, “ahogado” en Italiano, es aquí un postre con helado bañado en café intenso. En La Refinería, la variante resulta ser de sabayón con café expresso, nueces, almendras y crocante de caramelo. Los golosos estarán de parabienes con este postre.

La noche mediaba larga cuando terminamos la cena, nuestra última escala fue el patio empedrado bajo las estrellas y una última copa de buen vino, compartido con los amigos de La Refinería.
Al día siguiente emprenderíamos la vuelta y Rosario, entonces ahí sí, iría quedando lejos.

La Refinería, parrilla y restaurante, queda en Rawson y Nelson, a cuadras del shopping Alto Rosario.
Un saludo a todos los amigos y gente de Rosario, hermosísima ciudad.

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