Chardofest 2012

28/02/12
Fuente: Mr.Wines Blog.

chardofest[1]Los vinos a degustar fueron diez, nueve de ellos de alta gama, entre los cuales cuatro fueron muestras aún sin etiquetar,  provistas muy gentilmente por Alejandro Vigil (Winemaker de Catena Zapata). La degustación fue a ciegas y  todos los vinos fueron parte de la conversación en la que se discutieron los favoritos y se sacaron algunas conclusiones antes de descubrir la etiquetas. Martín sirvió como primer vino el Alambrado Chardonnay 2010  de bodega Familia Zuccardi, de aromas frutales limpios e intensidad media, una acidez algo crujiente (interesante). Sin tener el dato, se podía percibir que no era de alta gama, ya que en un corto lapso en boca disminuyó en expresión. Igualmente fue buena la idea del anfitrión de comenzar con algo tranquilo, agradable y, de paso, hacer boca.

Continuamos con una muestra de chardonnay 2010 del viñedo “Adrianna” (Gualtallary) de la bodega Catena Zapata. Éste se mostró más expresivo, a la fruta dulce también se le sumaron algunos florales, tostado y la nota levemente mantecosa: todo muy moderado y equilibrado. Si lo comparo con el anterior, lo ubico por lo menos 4 puntos más arriba. La botella estaba identificada con el nombre de fantasía “top 3” y se caracterizaba por provenir de un sector del mencionado viñedo donde el suelo  es particularmente arcilloso.

En el tercero seguimos creciendo en color y complejidad, ya que se mostró más dorado y a la nota frutal se le sumó algo vegetal indefinido (quizás espárrago), que no sé cómo describirlo pero que combinaba muy bien con las típicas notas frutales dulces y le daba una vuelta interesante al varietal;. Resultó ser de origen chileno: el Casa del Bosque Gran Reserva 2010 , muestra aportada por Ariel del Blog Pasión Kuali , quien la trajo de su reciente paseo enófilo por el país vecino.

La siguiente muestra también pertenecía al viñedo “Adrianna” pero de otro sector cuyo suelo es calcáreo. En su estilo y descriptores percibí mucho de lo que veníamos encontrando hasta el momento, pero en éste me llamó la atención la franqueza de sus aromas, ya que en nariz y en boca fueron idénticos en definición, carga y fuerza; este atributo resultó llamativo y obviamente positivo, al menos para mí.  Por lo visto, venimos subiendo en nivel: este último, cuyo nombre era  «top1”, fue el que más me gustó hasta ese momento.

En el quinto se acentuó el tostado y esa nota láctica que durante años siempre me resultó bastante aburrida, pero en boca acompañaba una correcta acidez y por suerte realzó en expresión. También le levanto el pulgar: junto con el anterior, lo mejor hasta ese momento. Fue el segundo importado de la noche: el Hess Colecction  2009  (Napa Valley,  California, Estados Unidos).
Para volver a hablar de puntajes, al próximo debo destacarlo con varios “porotos” más arriba de todo lo que habíamos probado hasta ese momento: sus aromas  me sorprendieron  por su profundidad y complejidad, con las notas de la crianza bien al frente pero siempre sumando elegancia. Creo que por su estilo y potencia más de un catador pudo identificarlo: se trataba delBramare 2009 de Viña Cobos. Al leer mis adjetivos pueden pensar que fue el que más me gustó. Aunque eso no sea verdad, no voy a negar el buen trabajo en su elaboración, porque se puede percibir al degustarlo. Algo similar me ocurre con los tintos de esta bodega: los valoro pero no los elijo.

Siguió el turno del Glen Carlou 2009 , otro del grupo Hess pero esta vez de su bodega ubicada en Sudáfrica; también con los tostados como protagonistas pero con los aromas más evolucionados, pese a ser de la misma añada que el anterior. En boca se mostró algo goloso, con esas típicas notas de banana y ananá maduro ; si bien tiene buen paso, para mi gusto es algo plano. Otro que no es compatible con mi paladar.

El siguiente fue una atracción “a primera nariz” que se mostró principalmente fresca, con frutales, florales y algún que otro mineral que se fundieron en una sola pieza. Enseguida pensé en el Valle de Uco. Lo encontré diferente al resto: al degustarlo no cuajó con la idea de un Chardonnay, sino de un blanco rico, que vibra en su paso y que, a mi humilde criterio, posee un modelo que hay que seguir. Esta muestra en el futuro lucirá la etiqueta de Catena Alta 2009 .

Continuamos con la número nueve. Sus aromas me recordaron a frutas blancas bien definidas, en las que no existe sobremaduración. Alguien comentó muy acertadamente que podía tratarse de damasco. Tampoco faltaron los florales y la frescura. Al desplegarse en boca lo hizo verticalmente. Sospechaba que era de la misma zona o elaborador que el anterior, ya que poseía muchos puntos en común, y no me equivoqué. Otro que me encantó porque le encontré carácter y vivacidad: resultó ser el futuro Luca 2009 , también de Vigil.

A los dos últimos vinos no me pidan que les ponga puntajes: cuando me enseñaron a utilizar este método fue para premiar cantidades y en cantidad es difícil superar al Bramare. Sólo puedo adelantar que con claridad éstos fueron los que más me gustaron de la noche.

Cuando le comenté por mail a Alejandro Vigil sobre mi preferencia por el Luca  2009 y el Alta  2009, me contestó lo siguiente: “en el Luca y Alta tenés mayor posibilidad de jugar en varias direcciones, son vinos con mayor cantidad de capas y en definitiva más complejos. Sobresale fruta por encima de características de suelo. Son estilos que los tengo muy aceitados. En cambio, los dos single top son de lugares específicos del viñedo, menos fruta, más terruno, no siempre más ricos. Son sin maquillar por medio de distintas cosechas, o suelos más o menos profundos. Simplemente es lo que hay ”.

Para terminar llegó el turno de uno que reposó mucho antes de ser descorchado: el Q 2004  de Familia Zuccardi. Su color delataba que cargaba con varios años, pero igualmente conservaba buen brillo y cierta viscosidad que luego se reflejó en su paso por boca, una fruta   que con los años mutó hacia la sobremadurez pero bien fundida con los tostados. Este estilo pesado en boca es apreciado por muchos consumidores, pero no precisamente por mí.

Terminada la reunión, se sacó un promedio entre las puntuaciones de todos los catadores: ninguno de los vinos se destacó por unanimidad, hubo muchos en el mismo nivel, podríamos decir entre los 85 y 90 puntos la mayoría. Fue excelente esta posibilidad de encontrarme ante nueve “chardonnay” de esta categoría.
Personalmente, luego de esta cata, sigo confirmando que cuando en el chardonnay se acentúan las notas a “fruta madura” de la variedad, las “láctica” de su elaboración o los “tostados” de la crianza, es cuando menos me atrae. Un punto positivo fue que en la mayoría de las muestras nacionales el aporte de la madera fue bastante moderado, a diferencia de otras épocas, o de los dos importados que aún mantienen el “estilo maderazo”. Aclaro “en la mayoría”, ya que en elBramare  y en el Q el roble también grita presente, pero por suerte sin desafinar.

COMMENTS