Del aroma campo al «bouquet» de los vinos

24/01/10
Fuente: La Voz del Interior – Desde adentro | Foto: Antonio Carrizo.

María Celina Tay por Antonio Carrizo (La Voz)Entrevista a María Celina Tay, vicepresidenta de la Bodega La Caroyense SA.
Con espontaneidad, María Celina Tay admite que cuando en 2006 se hizo cargo de la vicepresidencia de la bodega La Caroyense no conocía nada del sector. “Me empecé a involucrar, me gusta y le veo mucho futuro”, afirma. Maria Celina es hija de Juan Carlos Tay, productor agropecuario, dueño de la consignataria de hacienda “La ganadera de Jesús María” y poseedor del paquete accionario mayoritario de la bodega que, entre 1930 y 2000, funcionó como cooperativa.

–¿Cómo se dio la compra de la bodega?
–La firma entró en remate en 2000 y cuatro socios la compraron en el estado en que estaba. Dos de Colonia Caroya, mi padre de Jesús María y otro de Santa Fe. Empezó a activarse a fines de 2001 y a producir en 2002. Actualmente, mi padre tiene el 75 de las acciones, ya que le compró su parte a los ex socios de Caroya.

–¿Cuál fue el objetivo que se plantearon?
–Mi padre fue al remate pero nunca pensó que iba a invertir en esto, ya que siempre se dedicó al campo. El negocio se lo propuso el socio santafesino y la compraron como una oportunidad, porque era bastante accesible el precio. Para mi papá fue muy bueno porque le gusta mucho el marketing y el diseño. Entonces, esto es como un hobby para él.

–¿Vos cómo te insertaste?
–Ingresé como vicepresidenta de la sociedad en 2006, cuando compramos las acciones de los socios de Caroya. Ahí me empecé a involucrar más con la bodega y me gustó.

–¿Tenías algún conocimiento del sector?
–No, en absoluto. Con mi padre no éramos más que catadores (se ríe). En esto contamos con el asesoramiento del enólogo Santiago Lauret, que trabajaba desde la época de la cooperativa. Yo, antes de la bodega, trabajaba en la consignataria de hacienda y en el campo.

–¿Qué inversiones hicieron?
–Después de las modificaciones edilicias, se compró en Italia una fraccionadora, que tenía más o menos el valor de la bodega. Además, contratamos un arquitecto de Mendoza que hizo todas las modificaciones para desarrollar el aspecto turístico, con visitas guiadas.

–¿Qué se producía antes y qué producen ustedes?
–Apenas reabrimos la bodega había dos vinos. Año a año, fuimos creciendo en diversidad de productos. Por un lado, lo que es regional: el tradicional vino de la uva frambua, donde tenemos tres categorías de vinos y el jugo de uva natural. Además, tenemos los varietales y bivarietales, que son vinos finos. También está la línea de champán y de grappa y elaboramos vino de misa.

–¿Cuál es la característica del vino de misa?
–Se llama “lagrimilla”. En realidad, me sorprendió porque es blanco. Estamos autorizados por el Arzobispado de Córdoba, que da las pautas para producirlo. También lo compran mucho los turistas.

–¿Se propusieron elaborar vinos de mayor calidad?
–Sí. Cambiar el concepto de La Caroyense, de vino en damajuana, costó mucho y ese fue el desafío. Ahora el paladar de la gente exige otro tipo de vino, de otra categoría.

–¿En qué provincias venden?
–Además de Córdoba, vendemos mucho en Misiones, Chaco, Formosa, Santa Fe, Corrientes y un poco en Buenos Aires y Capital Federal.

–¿Cuál es la producción anual?
–El año pasado fueron 800 mil kilogramos de uva, que implicaron una producción de 650 mil litros. En champán producimos 10 mil botellas.

–¿Compran la vid en la región?
–Sí, le compramos a 62 productores de la zona. Y estamos tratando de cuidarlos. Cada vez hay menos oferta porque muchos se pasaron a la soja.

–¿Qué precios tienen los vinos?
–Entre ocho y 10 pesos los vinos y 23 pesos el champán. Es un vino accesible, aunque competir con los mendocinos es complicado.

– Con tanto mercado del vino, ¿es un buen negocio?
–A mí me sorprendió como evolucionaron las ventas. Aunque ahora, con esta crisis, nos hemos estancado un poco. En facturación hemos crecido por la inflación, pero en volumen de ventas el nivel cayó en 2009 respecto de 2008. Antes, había venido creciendo.

–¿Exportan?
–Estamos vendiendo jugo natural de uva a Taiwán, donde todos los años tenemos pedido, y también a Perú.

–¿Cómo te sentís en el negocio?
–La verdad que me gusta y me parece muy interesante. Le veo mucho futuro, no así a la ganadería.

Quién es:
Nombre: María Celina Tay.
Edad: 28 años.
Profesión: Licenciada en Administración.
Cargo: vicepresidenta De La Caroyense SA.
Estado civil: Casada.
Hobby: leer.
E-mail: mcelitay@hotmail.com

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