Desde Mendoza, con Baco y Euterpe

28/04/11
Fuente: La Nación | Opinión clásica | Pola Suárez Urtubey

El vino -delicioso invento mediterráneo tantas veces citado en la Biblia- ha sido cantado de mil maneras por músicos y poetas. Es difícil precisar cuándo empieza el vino a buscarse un lugar dentro de nuestra cultura musical. Pero es posible sospechar que, sea bajo el nombre griego de Dionisos o romano de Baco, el dios de las viñas y del vino nos esté enviando mensajes sonoros desde tiempos bastante lejanos. Porque no hay duda de que ya suman siglos aquellas ingenuas chansons à boire, Trinklieder, drinking songs o canciones báquicas que se entonaban desde el Medioevo, como de aquella deliciosa invitación al «hoy comamos y bebamos», que nadie, en perfecto estado de salud, se atrevería a rechazar.

Es que todos tenemos derecho a sospechar que algo había entre el provocativo y sensual dios del vino y la bellísima Euterpe, que entre las nueve musas citadas por Hesíodo en su Teogonía , presidía a la música, y hasta se dice que inventó la flauta, que constituye su inseparable atributo iconográfico.

Por eso no extraña que en la provincia de Mendoza, donde la vista se pierde en un mar infinito de viñedos, la música clásica, por undécimo año consecutivo, haya estado presente a través de festivales internacionales de otoño, envueltos por un clima de embriagadora hermosura.

Dentro de esa trayectoria, la Secretaría de Cultura del gobierno mendocino ha resuelto colocar a los dos últimos Caminos del Vino (2010 y 2011) bajo la dirección artística de la pianista y pedagoga Dora de Marinis, figura de enorme prestigio en el ámbito artístico y universitario del país. Músicos de Colombia, México, Cuba, Rusia, España y de muy diversas latitudes de nuestro país han participado la semana pasada de 52 encuentros en variados lugares de la geografía provincial. El secretario de Cultura, Ricardo Scollo, se muestra convencido de que bodegas, iglesias, capillas, museos o sitios patrimoniales turísticos constituyen escenarios ideales, y no se equivoca. Con la misma convicción, el secretario de Turismo, Luis Böhm, aclara que habiendo nacido estos festivales como parte de las celebraciones religiosas de Semana Santa, transgredieron luego las bases de la liturgia para echar a andar por todos los paisajes del territorio mendocino, siempre acompañados, por cierto, con una copa (o varias) de sus vinos mundialmente celebrados.

No me da el espacio para contarles sobre el nivel profesional de los músicos convocados por Dora de Marinis, o sobre las obras, los lugares, o la imponencia de las bodegas y la generosidad de sus propietarios. Pero queda por cuenta de ustedes una doble propuesta mendocina para el año próximo, es decir, la excelente música y la invitación verdiana de «libiamo, libiamo.».

 

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