Desde Uruguay: Lo mejor que probamos en 2013

23/01/14
Fuente: Sacacorchos Uruguay | Valentín Trujillo y Martín Viggiano.

sacacorchos_1Luego de una pausa en las primeras semanas, retomamos las notas en Sacacorchos, con el mismo objetivo de siempre: contar historias, comentar impresiones y compartir novedades sobre el vino, desde nuestro oficio de periodistas. Nos pareció justo transmitir qué vinos conmovieron nuestro paladar en 2013, para tomar impulso en un nuevo año de descorches. Cada uno eligió tres vinos. Acá los comentarios:

Valentín Trujillo

De los muchísimos tintos que probé en 2013, el mejor fue un «Corte bordalais E» de la pequeña bodega boutique brasileña de Vilmar Bettú, ubicada en Garibaldi, Río Grande do Sul. Es un corte múltiple de cinco cepas, con leve predominio del Cabernet Sauvignon por sobre Tannat, Cabernet Franc, Malbec y Merlot. Pero lejos de ser un «multifruta», la mano firme de Bettú lo llevó a ser un vino bastante uniforme y redondo, con un personalidad dada en las profundas frutas rojas y algunas notas especiadas. Era un vino de 2004 que a pesar de los nueve años en botella estaba tan lozano como si su hubiese embotellado ayer.

El mejor rosado que probé fue el Cabernet Franc rosé de Alto de la Ballena. Armonía entre un color entre salmón y rubí, un aroma de fruta roja y un sabor liviano y fresco hacen de este vino un estandarte en un campo que vuelve por las suyas luego de algunos años de menosprecio. Esta bodega pedregosa frente a Laguna del Sauce muestra el potencial del terroir de esa zona de Maldonado, con muy buenos resultados a la vista… y al gusto.

El mejor blanco (de los varios blancos excelentes que degusté) fue el Torrontés de Colomé. Un vino floral pero para nada empalagoso, fresco y levemente ajazminado, de un color pajizo y por momentos transparente. Es un vino de Salta, Argentina, de viñedos de altura (entre 2000 y 3000 metros) cercanos al cielo de los Andes. Su fuerza sutil y sus aromas en boca invitan a probarlo y a viajar a Salta a conocerlo en su hábitat.

Martín Viggiano

Mi paladar estuvo muy condicionado este 2013 por un viaje a Chile. En octubre, y por invitación de ProChile (una oficina comercial del gobierno trasandino en Uruguay), pude visitar algunas viñas de una ruta alternativa del vino en ese país. Por ello, dos de mis tres elecciones son de vinos chilenos.

Sin orden de preferencias, ganó mi paladar un Carmenere de Casa Silva, una bodega mediana, pero muy tradicional en Chile. Probé varios. El que me conmovió fue uno llamado “Gran Terroir”, elaborado con uvas de un campo en el Valle de Colchagua llamado “Los Lingues”. Expresa al límite la tipicidad de esa cepa tinta. Memorable.

El segundo que recuerdo como de los mejores probados en 2013 es otro chileno. En el Valle del Maipo, Pérez Cruz elabora un varietal de Malbec, aunque lo identifica en su etiqueta con el nombre “Cot”, dentro de la línea Limited Edition. Lo hace para diferenciarse de los Malbec argentinos, y realmente lo logra. Es un vino vertical, que llena la boca y tiene una nariz de fruta y vainilla que te gana rápido. Hay vinos de esa cepa que cansan por su concentración y la mayoría son muy golosos. Este “Cot”, en cambio, mantiene una vivacidad en acidez que lo hace diferente y más bebible, en definitiva.

El último que recuerdo con gran placer de este 2013 también es tinto. Lo descubrí también en una visita a bodega, pero esta vez fue en Progreso (Canelones). Allí, junto al emprendimiento de su familia, Gabriel Pisano elabora sus vinos de autor. Los vinos de Viña Progreso son varietales muy honestos y modernos. El vino ícono de ese emprendimiento de llama “Sueños de Elisa”, y es un varietal de Tannat de alta gama. Es un tinto intenso, jugoso y eléctrico. Mantiene una concentración deliciosa de la cepa, aunque logra hacerlo sin cansar el paladar en la primera copa. Fue un descubrimiento para mis sentidos. Ese vino (yo probé la cosecha 2011 en la botella y 2012 de los tanques) tiene larga vida. Fascinante.

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