Eduardo Sancho: Hay que hacer competitivos a los pequeños y medianos

06/03/11
Fuente: Diario UNO | Claudia Pagliarulo.

Eduardo SanchoPara el vicepresidente de la COVIAR, urge que los productores se asocien a las bodegas. Preocupa la pérdida de rentabilidad de las empresas exportadoras por el tipo de cambio. Aunque la vitivinicultura argentina viene dando pasos agigantados en los últimos años, para Eduardo Sancho, vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), aún resta un largo camino por transitar. Si bien el Plan Estratégico Vitivinícola 2020 (PEVI) que ejecuta esta entidad se sustenta en tres pilares: el posicionamiento del vino en los mercados externos, el reimpulso del mercado interno y el desarrollo de los pequeños productores para integrarlos a la cadena vitivinícola, Sancho considera que es en este último objetivo donde está “la clave para lograr un quiebre” en la industria. A nivel coyuntural, advierte sobre la pérdida de la rentabilidad que están padeciendo las empresas exportadoras debido a un valor del dólar poco favorable y adelanta que se está solicitando al Gobierno nacional una mejora en el reintegro a las exportaciones y una baja en las retenciones para paliar esa situación.

Tiene 58 años y es ingeniero agrónomo. A los 23 años ingresó como secretario de la Cooperativa Mendoza. A los 35 fue presidente de Fecovita y tres años después participó en la transformación de Giol. Fue superintendente general de Irrigación y ministro de Ambiente y Obras Públicas. Actualmente, es presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas, vicepresidente de la COVIAR, vicepresidente de la Coninagro, presidente de la Cooperativa Mendoza y secretario general de Fecovita, federación que reúne 29 cooperativas que representan 5.000 productores y 25 mil hectáreas.

–¿Qué evaluación realiza del momento actual de la vitivinicultura argentina?
–Siempre hay aspectos a solucionar. En estos momentos, lo positivo es que tendríamos una cosecha normal, a pesar de la menor producción de Malbec, pero que va a redundar en una mejora de la calidad. Por otro lado, se presenta un mercado de exportaciones de mosto en crecimiento, que puede significar una recuperación para este sector que veníamos perdiendo, porque en 2010 se cometió un error en los porcentajes destinados a mosto y esto determinó un excedente de blanco escurrido y una falta de mosto. En contrapartida, el inconveniente que tenemos es que se ha producido un aumento de los costos internos con respecto al dólar y esto está provocando un problema de competitividad a nivel internacional que afecta tanto al mosto como al vino y a la rentabilidad del productor.

–De todos modos, se ha producido un récord de exportaciones…
– Sí, hubo récord pero en los últimos cuatro o cinco meses del año pasado empezamos a sentir que con los precios del mercado internacional hemos quedado un poco altos y se nos empiezan a complicar las exportaciones. Las empresas hemos tenido que mantener las exportaciones en base a bajar rentabilidad. Esto no es sólo un problema de la vitivinicultura, sino de las economías regionales.

–¿La propuesta del sector es un dólar con un valor de cambio más alto?
–Lo hemos hablado con el ministro de Agricultura de la Nación (Julián Domínguez) e indudablemente hay una política de no mover el dólar, pero creemos que hay otras soluciones: mejorar el reintegro a las exportaciones y bajar las retenciones para mantener el nivel de crecimiento y no empezar a decaer. Estos son dos instrumentos que son fáciles de mover, que no tienen un alto costo para la economía nacional y que mejoran el dólar de exportación para las economías regionales.

–¿Y cuál ha sido la recepción de la propuesta?
–Que se está estudiando, ya que hay otras economías regionales que están con la misma problemática. Creo que vamos a tener una respuesta, pero no creo que esto se mueva antes de la cosecha. Además, otro tema que se suma a los mencionados y que tendríamos que tratar de cambiar es el mecanismo de devolución del IVA a los exportadores, ya que cuando estás trabajando con rentabilidades muy bajas como en el caso del mosto, que demoren diez meses la devolución de este impuesto, afecta enormemente la competitividad.

–¿Podemos estimar en qué porcentaje se ha perdido la rentabilidad?
–No, porque depende mucho del producto. El mosto es diferente de los vinos y, a la vez, en estos hay que diferenciar las distintas gamas. Yo diría que la rentabilidad de las empresas está al mínimo.

Avances en el PEVI 2020
–En esta coyuntura, ¿cómo ha evolucionado la implementación del Plan Estratégico Vitivinícola?
–Sin duda, nosotros tenemos que mejorar la competitividad hacia adentro y en eso sí se nos está apoyando fuertemente. Desde hace un año se viene implementado la primera etapa del PROVIAR, un programa de integración de productores a la cadena vitivinícola, que es ejecutado por la COVIAR, con el financiamiento del BID y el respaldo del Ministerio de Agricultura. Es una línea de 50 millones de dólares (en cuatro etapas) que apunta a mejorar la competitividad del pequeño y mediano productor. Por un lado, el plan otorga un subsidio (de hasta 20 mil dólares por productor y 3.000 dólares por hectárea) para que los productores mejoren las fincas en base a un proyecto y para transferencia tecnológica, pero el aspecto más importante es la integración del productor a la cadena, ya sea asociándose al sector cooperativo o a través de un cambio revolucionario, constituido por contratos a largo plazo (10 años) con una bodega.

–¿Y cómo ha venido funcionando ese “cambio revolucionario”?
–Actualmente ya hay 100 bodegas y 2.000 productores de todo el país trabajando con este programa. Hay bodegas de alta gama, de media gama, de vinos comunes, empresas de uva en fresco, de pasas y de mostos. Durante el lapso que dura el contrato, el productor tiene asegurado el mercado, pero esto no sólo significa que tiene la producción vendida, sino que toda la transformación tecnológica que va haciendo se adecua a esa bodega. El productor no puede estar un año con una bodega y al siguiente con otra, porque así no sabe qué hacer con su viñedo, si jugarse a la alta calidad o a la producción, porque cada bodega tiene requerimientos distintos. Con esta integración, el productor va trabajando su viñedo en base al mercado que tiene la bodega.

–A cambio, ¿las bodegas reciben algún incentivo?
–Justamente, en este proyecto nos faltaba dar algo a las bodegas que se estaban comprometiendo mucho, por eso surgió la idea de otorgar un crédito para que mejoren tecnología, en especial a las chicas y medianas que lo necesitan muchísimo. Es así que hace unos días se anunció una línea de crédito de 100 millones de pesos instrumentada por el Banco Nación para las bodegas que han entrado en este programa o están por entrar, que podrán recibir hasta 1,5 millón de pesos por establecimiento. Esto nos complementa mucho y ahora que empezamos a inscribir para la segunda etapa del plan, creemos que vamos a tener más empresas.

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