El cambio climático agrava las inequidades entre productores

30/08/11
Fuente: El Sol Online.

uvaAnalizaron debilidades y fortalezas de los agricultores frente al aumento de los eventos extremos que sufre la naturaleza. Informe del Centro de Comunicaciones de la UNCuyo. Los productores vitivinícolas son menos sensibles a los eventos extremos de clima y agua que los hortícolas; pero serían los pequeños agricultores descapitalizados de ambos sectores los que se verían más afectados. Además, el fenómeno reforzaría las inequidades en el ámbito rural. Éstas son algunas de las conclusiones de la investigación «Las comunidades rurales ante el cambio ambiental global: exposiciones y capacidad adaptativas de los productores del oasis del Río Mendoza», financiado por la Secretaría de Ciencias, Técnica y Posgrado de la UNCuyo, a lo que se sumaron los aportes del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), la Unión de Universidades de América Latina, el Conicet y el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (Foncyt).

La directora de la investigación y titular de la cátedra de Sociología Urbana y Rural de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Elma Montaña, explicó que los efectos del cambio climático han sido estudiados a nivel mundial y local desde las ciencias naturales y la ecología, y que el desafío del equipo fue explorar el tema desde un abordaje social.

La doctora en Ordenamiento Territorial señaló que la pregunta disparadora del equipo fue cómo afectarán las modificaciones del clima y del agua a las comunidades rurales. Y señaló que obtener una respuesta a ese interrogante es indispensable para saber cuáles son las vulnerabilidades de los productores, así como las estrategias que pueden poner en marcha para mitigarlas.

Vientos de cambio
El aumento de las temperaturas medias, la reducción de los glaciares, la disminución en las precipitaciones y por consiguiente del caudal del río Mendoza, son algunas de las modificaciones climáticas que pronosticaron los científicos locales.

Frente a este panorama, los especialistas focalizaron su mirada en tres grupos apostados sobre la cuenca del río Mendoza: los productores vitivinícolas, los hortícolas y los que se dedican a la cría de ganado caprino en las tierras no irrigadas de Lavalle. Lo primero que analizaron es la vulnerabilidad frente a los cambios, que depende de cuán sensibles son al fenómeno -por ejemplo al aumento de las temperaturas- y su capacidad de respuesta.

La vulnerabilidad de los sistemas productores está relacionada con la naturaleza y características propias de la actividad, pero también con su localización dentro de la cuenca, con su estructura social y el nivel de organización. Montaña señaló que la vulnerabilidad de estos grupos frente al cambio climático, se suma a la que produjo la globalización en los 90 -pobreza, atomización, falta de integración al mercado- causando así una doble exposición y potenciando sus debilidades.

Los investigadores concluyeron que los productores vitivinícolas son menos sensibles que los hortícolas, por ejemplo, frente a la disminución de las
lluvias. La explicación es la menor exigencia de riego de los viñedos y su mayor resistencia al estrés hídrico. Pese a esto, los productores hortícolas tendrían algunos recursos adaptativos extra a su alcance, ya que por tratarse de un cultivo anual, es factible su traslado para buscar espacios más frescos y con mayor disponibilidad de agua.

Luego de analizar indicadores como el tamaño de la propiedad, la tenencia de la tierra, la disponibilidad de agua y el capital y la tecnología de la que disponen, los investigadores concluyeron que los agricultores ubicados en la parte alta de la cuenca del río Mendoza estarían en mejores condiciones de hacer frente a los fenómenos del cambio climático. Una explicación es que en ese sector se desarrolla una vitivinicultura integrada a los mercados mundiales (especialmente Luján de Cuyo y Maipú) que le proporciona múltiples recursos, mientras que en las áreas más bajas persiste el modelo agrícola tradicional (Las Heras, Lavalle, Guaymallén), con menos capacidad de maniobra y un envejecimiento de la población que va en desmedro de la flexibilidad y capacidad de innovación.

La organización, la clave
Otra variable que analizaron los especialistas fue la estructura social y la organización de los productores, porque estos factores pueden aumentar
o disminuir su vulnerabilidad. Y aquí también se advirtieron diferencias sustanciales en dos de los grupos analizados.

El sector hortícola está atomizado, con muchos pequeños productores, que muestran informalidad en el manejo de los canales de distribución, en las
transacciones comerciales y en la contratación de mano de obra, así como escasa tecnificación y falta de planificación a mediano o largo plazo.

Estas características significarían complicaciones para implementar medidas de asistencia. Por su parte, el sector vitivinícola está organizado, aunque existe
polaridad entre los productores grandes -integrados a los mercados vitivinícolas internacionales- y los pequeños. Esto llevó a los investigadores a concluir que tanto el Estado como las instituciones del sector pueden impulsar en conjunto medidas para adaptarse a los cambios.

Montaña explicó que las conclusiones de la investigación son un punto de partida para analizar las mejores respuestas que cada sector puede poner en marcha para mitigar los efectos del cambio climático.

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