El Camino del Vino

27/06/11
Fuente: La Revista – México.

EL-VINO-R-28-1[1]Conocí a Charlie Arturaola mientras disfrutaba de un vino rosado del Médoc. Nuestra plática arrancó en inglés, aunque él se desenvuelve fácilmente en varios idiomas, especialmente francés. Pronto cambiamos a español; no reconocí su acento. En realidad, fue hasta hace unas semanas que supe que su origen es uruguayo y que radica en Miami. Ahora sí me hace sentido su entonación al hablar.
A finales de marzo recibí un corto pero muy concreto mail. Pronto estrenaría su largometraje nada menos que en la Berlinale. Muchas cosas me pasaron por la mente: un vago recuerdo de la edición 2000 del Festival de Cine de Berlín, el recuerdo de aquella tarde en Burdeos cuando lo conocí y la pregunta sobre cuál sería el argumento de una pelí sobre un sommelier presentado en una de las mecas del cine mundial.
Desde aquel primer correo, Charlie y yo hemos mantenido una fluida conversación que va desde sus viajes hasta la recién adquirida popularidad que se le vino encima. He visto el trailer de la película una y otra vez; no me cansa. En cada vuelta encuentro algo nuevo y no deja de intrigarme la forma en que una idea así de genial se gestó.

Empecemos por Charlie

Es sommelier desde los 20 años. Aunque nació en Montevideo, su familia es oriunda del campo, en la frontera con Argentina. Aunque por fuera parece Tannat (uva emblemática de Uruguay) en realidad su adn, la tipicidad de su escancia, es de uva Malbec (uva emblemática de Argentina). A pesar de todo, lo suyo, lo que lo apasiona y por lo que es mundialmente reconocido, es por su conocimiento de los terruños bordoleses. Charlie se define como cosecha 1961. Él mismo asegura que precisamente en su año de nacimiento se dio la mejor cosecha de Burdeos en la historia.
Ahora vive en Miami Beach junto a su esposa Pandora. Viaja unas 18 veces al año a diferentes destinos del planeta con el pretexto del vino; Pandora lo acompaña cuando va a Europa, a un crucero o al Masters of Food and Wine en Mendoza donde, por cierto, inicia el drama se este documental.
Cuando no está en movimiento, está impartiendo clases de catas y maridajes en el nuevo y flamante Instituto Culinario de Miami. Durante dos años dictó cátedra de Hotelería y Bebidas en la Universidad de Hotelería en Boca Ratón.
En 2003 fue nombrado uno de los 10 paladares de América por la American Sommelier Association en la Cata Nacional de Nueva York 2003, una tarde donde participaban 33 concursantes que habían pasado por una rigurosa selección y peripecias. Nada malo para ser un sommelier extranjero.

El camino del vino (el de Charlie) inició con su primer trabajo en un restaurante en Santo Domingo, “me dio un buen empujón poder comunicarme en otro idioma y recomendar un Chianti Classico o un Amarone a los turistas”. Clientes satisfechos que se traducían en agradecimientos, alimento para la curiosidad de Charlie, quien decidió aprender más del servicio, de la gastronomía y del vino.
Ya inmiscuido en el asunto, viajó a St. Martin (Caribe holandés) donde comenzó a evaluar vinos con la idea de exportar a Santo Domingo. En esa época compraba vinos como Beychevelle 1975 y Pichon Lalande 1961, que después vendía al mejor postor “¡me di cuenta que mientras más aprendía de vinos franceses más dinero hacia!”.
Lo que verdaderamente reafirmó su profesión como catador fue una comisión en la Isla de Madeira, a donde llegó a comprar 1200 cajas de vinos. A su regreso, el Director de Alimentos y Bebidas lo felicitó por su paladar: tenia 25 años y en aquellos días navegaba como sommelier en los cruceros de Cunard (Reino Unido) sirviendo vinos a la crema y nata de la sociedad.
Hoy día, Charlie sigue dando la vuelta al mundo pero en un plan más envidiable. Anualmente realiza viajes de reconocimiento a Burdeos donde es bien conocido en la escuela de vinos de la región y se hace acompañar por entusiastas que ven a Arturaola como su gurú en el enoturismo. De tanto en tanto es llamado como especialista cuando hay una pérdida o riesgo de pérdida, “soy parte del staff freelance, un paladar asalariado” para tres grandes compañías de seguros de riesgo: chubb-Firemans, Fund y Marsh. Cubre las regiones del Golfo y sureste de México desde hace siete años y ha hecho valuaciones y evaluaciones de herencias y colecciones privadas de vino hasta por 2.2 millones de dólares. Sus servicios son requeridos en la valuación de Cargo Shipments, contenedores para importación y exportación, y para otras situaciones en donde dar precio a los vinos es el tema.
Charlie tiene dos hijos, Sebastián de 32 y Martín de 26 años. Su padre, primos, esposa y nieto lo acompañaron en el estreno de El camino del vino ahora en Berlín.

La perdida del paladar es ficticia, ¿cierto?

Una ficción total pensada por Nicolás Carrera, director de la película. El formato mockumentary se aplicó con elegancia y dramatismo, una idea brillante del equipo de Cactus Cine de Buenos Aires donde tras el lenguaje cinematográfico del documental se oculta una actuación soberbia que desde el trailer realmente hace pensar que esto es verídico. Charlie confiesa que “no hubiera sido muy lindo filmar una cata de vinos de sommeliers, hubiera sido muy aburrido”. La idea básica fue crear una situación de documental con un grupo de sommeliers del mundo en el que estuvieran incluidos, durante el Masters del Vino y el Comer en Mendoza, los top del vino en Argentina: Marina Beltrame, Alejandro Iglesias, Agustina de Alba y Alejandra López Alfaro; un dream team al que se suma Charlie y uno de los invitados frecuentes —y el número uno del mundo— Andreas Larsson.


Luego de casi 200 horas de filmación, el leimotiv resultó ser Charlie y su paladar: el nudo y el esqueleto de la película. Un tema que, por sí mismo, da de que hablar.
La pregunta sigue en el aire ¿cómo es que se dio este Charlie´s twelve, algo así como la saga de la película Ocean’s eleven pero con los figurones del mundo del vino?
Probablemente lo que mas intriga en el trailer es la forma en que Charlie descubre que está totalmente saturado de la farándula y la parafernalia de los festivales y las cumbres del vino. Las escenas donde divaga sobre el vino y los aromas mientras el resto de los sommelier se quedan estupefactos, son punto menos que geniales, sobre todo el momento en que asegura a Andreas Larsson que el vino que prueban es un tempranillo, cuando en realidad se trata de un Syrah de la bodega Luigui Bosca.
Lograr esto llevó poco más de un año. Emparejar los calendarios del Charlie docente, el viajero y hacerlo coincidir con Michel Rolland en su bodega Clos de los Siete fue un gran reto.
En un punto, Charlie le habla directamente a Pandora, su esposa, y anuncia un retiro temporal, es un momento que refuerza el carácter de documental, cuando ella pide al equipo de filmación que los dejen solos (casi me lo creo).
Tras hablar con gente de su confianza como Michel Rolland y el chef Donato de Santis, Arturaola finalmente regresa al terruño. Y esto si que es real.
Charlie tuvo un momento en la película donde emocionalmente, y en verdad, se reencontró con los sabores de la comida: fue precisamente en casa de su abuelo cuando se reunió con toda la familia.

 

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