El Día del Malbec: de rústico y «cortado con soda» a la alta gama

17/04/12
Fuente: Diario Los Andes | Ignacio de la Rosa.

cosecha los andesEn distintos puntos del planeta, hoy se rinde honor al varietal emblema de nuestra provincia. Maleable, morado, macho, malevo y mendocino; así describe al malbec, el enólogo Ángel Mendoza. «El malbec es un plebeyo, de sangre azul, al que nunca hay que tomarlo solo. Tiene poco prólogo y mucho epílogo». No es casual que la siguiente crónica basada en la charla con el enólogo Ángel Mendoza comience con la que fue su sentencia.

Con motivo de conmemorarse hoy el Día Mundial del Malbec, el especialista se tomó el atrevimiento de hacer un breve recorrido por la historia del varietal más representativo de la provincia y el país; ése que comenzó como un vino rústico, de mesa y que se tomaba con soda, y que hoy es sinónimo de encanto y forma parte de los vinos de alta gama.

El malbec, junto a otras variedades, llegó al país de la mano de Michel Aimé Pouget hacia 1850 (ver aparte). En francés, ?malbec’ significa mala boca, lo que da la pauta de que esa variedad en Francia no era muy bien reconocida por sus cualidades enológicas.

Historia

Mendoza, el enólogo, es humilde y pide que la nota no se centre ni en él, ni en los enólogos. Sólo en el malbec, para agasajarlo en su día.

«No es un vino de enólogos, no es de autor. Es de todo un equipo. Lo más egoísta que podés tener en un comentario sobre vino es hacer protagonista al enólogo, dejando afuera a toda la gente que trabajó ahí. Hemos trabajado, en primera persona del plural, no del singular», sintetiza el maestro enólogo de 63 años mientras recorre junto a Los Andes su bodega, la Domaine St. Diego, de Lunlunta.

Pese a que pidió manifiestamente que no se lo haga protagonista de la nota, es imposible obviar que lleva más de 42 años como enólogo y a lo largo de toda su vida profesional estuvo emparentado al malbec.

«¿Por qué digo que es un plebeyo de sangre azul? Porque me tocó ver una etapa en la que el malbec estaba totalmente desvalorizado. Vi como se vendían por muy poco dinero terrenos extensos con mucha uva de ese tipo, pero hoy es un vino de alta gama», cuenta Mendoza.

«Es un vino con más de 100 años en la mesa de los argentinos. Pero en la década del ’50 era un vino rústico, que estaba en todas las mesas y se tomaba con soda. Recién en los ’90 se revalorizó y tomó el status que tiene actualmente», agrega.

Escarbando en su memoria, Mendoza atribuye ese reposicionamiento a un médico norteamericano que, de tanto en tanto, difundía mensajes televisivos con recomendaciones para la salud. Y un día, en uno de sus mensajes, resaltó la importancia del vino tinto en la prevención de infartos y problemas cerebro vasculares.

«Dijo que las personas necesitaban tomar 200 mililitros de vino tinto diarios y tomó toda una copa al aire. Desde ese momento, en todo el mundo hubo un vuelco violento en el consumo del vino tinto y, por asociación, se trasladó esa característica al malbec que era el tinto que mejores condiciones tenía. Tenía el mejor olor, el mejor color… Empezó desde abajo y hoy día está en el Olimpo del vino. Entre los cien mejores vinos del mundo, hay diez malbec mendocinos», destaca en medio de la charla, recorriendo los viñedos de la tranquilidad de Lunlunta.

Al mensaje con tintes mesiánico del médico estadounidense se le sumó en los ’90 la llegada de consultores extranjeros a la provincia, quienes vieron ese tipo de uva como «diamante negro» y le dieron el status que hoy tiene.

Es precisamente por esto que Mendoza sostiene que el malbec es un plebeyo con sangre azul.

Para el enólogo, el malbec es el vino de las ?M’. «Primero porque empieza con ?M’ de Mendoza. Pero además porque es maleable, morado (color que lo distingue por encima de los demás) y macho. También es un vino maula -o malevo- ya que esconde la fruta y hay que saber manejar el deshoje», agrega entre tantas de sus frases sin desperdicio.

De Mendoza, por Mendoza

«Es distinto por su cordialidad, por su sabor, ya que entra dulce a la boca y luego se pone amargo; y por su hospitalidad, es muy mendocino», juega con las palabras Ángel Mendoza.

El especialista es consciente de que el vino difiere según la región donde se produce la uva, aún en el mismo suelo mendocino.

«Ya tenés que tener en cuenta la sintonía fina para notar, darte cuenta de la esencia del malbec mendocino. Mientras más al norte nos vamos, más sol tiene y lo caracteriza una cierta deshidratación. Tiene gusto a pasa o a licor, como pasa con el malbec sanjuanino. El del Valle de Uco, en tanto, es más fresco y pareciese ser que vas a comer una ciruela fresca», explica.

En Luján y Maipú, los dos focos más representativos del varietal en el área metropolitana, se da una situación atípica ya que -según resalta Mendoza- en los viejos viñedos la uva no es cien por ciento malbec, sino que es lo que se denomina como genérico «uva francesa». Éste fue el resultado de una combinación desorganizada de distintos tipos de uva que se sembró en la zona para diferenciarla de la uva criolla.

Según el maestro enólogo, hoy un poco retirado de la docencia y su función académica para dedicarle tiempo a su familia y a la bodega, al malbec le encantan los suelos secos, de piedra y la frescura de la noche.

«Por eso es que en la altura, la uva toma tanto cariño con la frescura de la noche mendocina. Vista Flores (Tunuyán) tiene el índice de frescor más perfecto de Mendoza. En lo que se refiere a Luján y Maipú -cunas del malbec-, el paisaje, el terruño del suelo de la ribera del río Mendoza es óptimo para el malbec», sostiene Mendoza, aunque destaca que el crecimiento inmobiliario y el auge por construir en esas zonas termina jugándole en contra al desarrollo vitivinícola.

Conclusiones

Más allá de la debilidad por el malbec, el especialista advierte que las condiciones de la tierra y el sol de la provincia son perfectas para todas las variedades tintas y que la provincia no es solamente este varietal.

«Lo más importante no es llenar de adjetivos y cualidades un vino, sino que sea rápido de beber. Si un vino te invita a beber una segunda copa, es bueno. Ah! y para el cierre quiero dejar una reflexión: el malbec es un vino que nunca se toma solo, sino que se hace en compañía. Tampoco se toma a solas, sino que es preferible acompañarlo con algo para comer, porque tiene mucha graduación. Y, principalmente, nunca tiene prólogos y siempre epílogos, siempre viene una segunda copa», sentencia rodeado de sus viñedos.

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