El negocio del vino atrae a grandes empresarios locales

26/02/13
Fuente: Diario La Nación | Carlos Manzoni.

Bulgheroni, Eurnekian, Cartellone, Miguens y Werthein entran cuando el sector está asfixiado por la baja competitividad; aprovechan el bajo precio y apuestan a largo plazo.

En tiempos en los que el negocio del vino en la Argentina está asfixiado por un dólar de exportación poco competitivo y costos de producción cada vez más altos, grandes empresarios decidieron invertir fuerte en esta actividad. Así, mientras pequeñas y medianas bodegas se salen del juego, los peces gordos, con más espalda para aguantar los nubarrones de la coyuntura, se meten de lleno con la mira puesta en el largo plazo.

Alejandro Bulgheroni compró, entre otras, Argento Wine Company y la bodega Cruz de Piedra; Darío Werthein, Cluster Wines (distribuidora de Cobos, Dominio del Plata y Riglos); Gerardo Cartellone, el emprendimiento enoturístico y bodega garaje A-16; Carlos Miguens, Peñaflor (Las Moras, Trapiche, El Esteco, La Rosa, Santa Ana), y Eduardo Eurnekian, Bodega del Fin del Mundo y NQN.

La cuota excéntrica, en tanto, la puso Diete Meier, millonario artista suizo que invirtió US$ 2,5 millones en su bodega Ojo de Vino. Otro peso pesado que anda a la pesca es Cepas Argentinas, el grupo dueño de Gancia, que ya se quedó con Viñas de Orfila y Viniterra, pero se rumorea en el sector que va por más.

Las adquisiciones no se quedarán ahí, ya que, como confiaron por lo bajo allegados a estos empresarios, varios de ellos siguen atentos al mercado, a la espera de alguna nueva oportunidad de compra y con importantes proyectos en mente. Sin ir más lejos, Rafael Calderón, representante de Werthein en el sector bodeguero y ex gerente general de Salentein, comentó hace un tiempo, por lo bajo, que «hay un gran proyecto que recién empieza».

¿Por qué estos exitosos empresarios entran cuando muchos salen? Alejandro Iglesias, consultor especializado en vinos y sommelier de Club BomVivir, explica que se trata de grupos que pueden tener la paciencia suficiente para esperar que la actividad vuelva a dar sus frutos. «No tienen la urgencia del que necesita el dinero a corto plazo -analiza-. Tienen la espalda para bancar el negocio y la inteligencia empresarial que otras bodegas no tienen.»

Esta tendencia se encuadra en un escenario en el que, como comenta Rafael Squasini, director comercial y dueño de la bodega Dante Robino, la vitivinicultura local vira hacia una concentración. «Es algo que en todos los países del Nuevo Mundo ya se dio, pero que acá todavía no se había producido», acota. Hoy, el 80% de las ventas de vino argentino las hacen cinco grandes grupos.

La industria del vino es de escala, por eso justamente los que se están cayendo son los modelos medianos y pequeños. Esta dinámica, según Iglesias, va a decantar y va a llevar a una reducción en la oferta de bodegas en la plaza local.

Tampoco es menor el dato de que en la era Kirchner no fueron pocos los empresarios que hicieron grandes fortunas y que, llegada la oportunidad, buscan un negocio donde volcar su dinero. «No hay que olvidar -dice Squasini- el componente de esnobismo que además tiene el vino en el país.»

Otro ingrediente es que ya no vienen las grandes inversiones extranjeras que llegaron hasta hace cinco años al sector, tentadas por el boom del malbec argentino. Los grandes empresarios locales encuentran así el resquicio para ingresar.

Ahora, como observa José Chediack, presidente de Grupo Phronesis, propietario de Finca del Enlace (vinos Tracia), ninguno de estos inversores desembolsaría un solo peso si estimara que la actual relación de costos internos altos y dólar de 5 pesos para exportar pudiera durar para siempre. «Invierten porque piensan en una Argentina muy competitiva y con la vista en los mercados de China y otros grandes del mundo», afirma. «No me queda otra que pensar que apuestan al largo plazo, porque hoy en el vino perdés plata», remata.

En un horizonte más lejano, el país está bien posicionado para sacar jugo a un consumo per cápita mundial que irá en aumento, con mercados como el asiático que crecen a ritmos más que interesantes. «Acá tenemos grandes extensiones de buenas tierras productivas, excelentes cepas y alto nivel tecnológico como para producir a gran escala, justo cuando en el mundo crece el consumo de todo, incluido el vino», señala Chediack.

Para Iglesias, lo que estos grupos ven, además, es una excelente oportunidad para comprar en un momento en el que muchos se están desprendiendo a precios más bajos que los que pusieron cuando entraron en el negocio. «Por otro lado -continúa el especialista-, vislumbran la posibilidad de ampliar su estructura actual y prefieren comprar una bodega que ya está en funcionamiento antes que empezar desde cero.»

LOS PECES GORDOS COPAN EL MERCADO

Grupos fuertes en otras actividades entran en el negocio del vino
ALEJANDRO BULGHERONI

Dueño de bridas
Petróleo y vinos Compró, entre otras, Argento Wine Company (una de las exportadoras de vino más importantes del país). Anteriormente, había comprado Bodega Vistalba. Se dice que comprará otra gran bodega en Maipú, Mendoza
DARÍO WERTHEIN

Grupo los W
Vino for export
Cluster Wines (distribuidora de Cobos, Dominio del Plata y Riglos). El foco de los vinos de Riglos está puesto en la exportación -que hoy representa el 70% de sus ingresos-, aunque la premisa de la bodega es mantener una presencia en el mercado interno
GERARDO CARTELLONE

Grupo Cartellone
Regreso al sector
A fines de 2012, y con una inversión total cercana a los US$ 10 millones, Gerardo Cartellone volvió al ruedo vitivinícola a través de A-16, su nuevo emprendimiento enoturístico que incluye viñedos y una bodega garaje, en Mendoza
CARLOS MIGUENS

Presidente del Grupo Bemberg
De la cerveza al vino
Los ex dueños de Cervecería Quilmes compraron a fines de 2010 el gigante Peñaflor, que tiene marcas como Las Moras, Trapiche, El Esteco, La Rosa y Santa Ana, entre otras. Peñaflor es la bodega que lidera las ventas en el mercado argentino
DIETE MEIER

Artista plástico
El arte del buen vino
El artista de origen suizo pone la cuota excéntrica entre los grandes empresarios que invierten en el sector vitivinícola: luego de décadas de hacer negocios en otras áreas del país, invirtió US$ 2,5 millones en la bodega Ojo de Vino
EDUARDO EURNEKIAN

Corporación América

A la pesca de oportunidades
Luego de haber comprado Bodega del Fin del Mundo, adquirió en 2012 la marca NQN, todo en sociedad con Familia Viola. Al igual que otros grandes, está en busca de nuevas oportunidades de compra en el sector vitivinícola

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