El vino argentino quiere mostrar que es más que sólo Malbec

02/10/11
Fuente: Diario Clarín | Oscar Martinez.

videsEl malbec es la cepa tinta insignia. Pero hay otras variedades y todos los actores de la industria apuestan por sumarlas al consumo. En el país hay vides desde, por lo menos, 1543, cuando llegaron a Salta desde el Alto Perú. Sin embargo, y a pesar de que el vino es un producto muy familiar para los argentinos, pareciera que fue la irrupción de una cepa, el Malbec, lo que impulso internacionalmente a los caldos locales y que, además, permitió el actual nivel de sofisticación en el consumo interno. Pero, según los actores de la industria del vino, hay muchas otras variedades para conocer. El camino de la diversidad, claro, tiene razones. En primer lugar, el malbec es la cepa de alta calidad enológica más plantada, pero también es, de lejos, la más demandada, sobre todo en los segmentos de precios medios hacia arriba; y esto sucede tanto en el mercado interno como en la exportación. Y también ocurre ya sea como varietal (es decir, un vino 100% malbec) y en los blends (cortes o mezclas con otras variedades tintas).

Por eso, en promedio, el kilo de uva de malbec para vinificar cuesta un 30% más que los racimos menos demandados. Y es una cepa tan exitosa que ya se lo cosecha en destinos tan diversos como Napa Valley (EE.UU.) y Sudáfrica. Quizás no tengan la especial calidad del argentino, pero será malbec.

Además, no todas las zonas productivas son “tan especiales” para el malbec y en comercio exterior una sana variedad garantiza más posibilidades de ventas.

Por último, al menos en esta sintética aproximación a la “malbecmanía”, no es descartable que en los próximos tiempos el volumen ofrecido de la cepa disminuya. La razón hay que buscarla en el sistema de trazabilidad que puso en marcha el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que evitaría algunos “cortes” no declarados de malbec sobre todo con bonarda.

En síntesis y con grandes números: el 40% del malbec se exporta, otro tanto se consume en el mercado interno y el resto se utiliza para blends. Ya no alcanza para todo y para seguir creciendo. Y esto, en el mundo de la industria vitivinícola, se sabe desde hace tiempo.

“El malbec reina, pero la idea es acompañarlo, no competir. Está contemplado dentro del Plan Estratégico 2020 y trabajamos junto a Wines of Argentina (WOFA, el organismo que impulsa el vino local en el mundo) en la promoción de otras cepas y de los blends. Por ejemplo, la bonarda viene muy bien y mejorando su calidad enológica, así como el cabernet que es muy especial, o el syrah que se usa en blends. Y en blancos, claro, tenemos la otra gran cepa argentina: el torrontés, que sí es puramente local”, explicó Lorenzo Capece, titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR).

Antonio Mas, consultor y winemaker de bodegas en el país y en el exterior y actual director de Finca Propia, tampoco duda: “Existen muy buenas cepas en la Argentina y me parece que uno de los caminos más rápidos es impulsar los blends. En todo el mundo son lo más normal y es una buena manera de impulsar el consumo de otras variedades”.

“Yo creo que la Argentina tiene dos puntos fuertes: el malbec y la diversidad. Nosotros tenemos experiencia en investigar con nuevas cepas, pero además existen otras ya consolidadas: tempranillo, bonarda, syrah, viognier, por citar algunas. El consumidor local está dispuesto a probar y no hay que olvidar que la identidad internacional de una marca se construye en el mercado local”, aseguró José Zuccardi, de la bodega Familia Zuccardi.

Rafael Squassini, de Bodega Dante Robino, aclaró que “en estos momentos está entrando en barrica nuestro bonarda de alta gama que estará en el mercado en 12 o 18 meses. Nosotros impulsamos el consumo de otras cepas y le prestamos especial atención a la bonarda porque es parecido al malbec: aquí se da mucho mejor que en otras partes del mundo”.

“El malbec nos sirvió para plantar la bandera argentina en el mercado del vino. Pero no es la única cepa que se da bien en el país. Nosotros tenemos malbec, pero el pinot noir y el merlot que tenemos son excelentes. Y hace 8 años ni se conocían. Nuestro potencial tiene que ver con la diversidad de zonas, los terroirs, que son únicos. Tenemos 2.000 kilómetros de norte a sur para investigar”, sostiene Roberto Schroeder, desde Familia Schroeder Wines, en Neuquén.

Juan Pablo Angelillo, de Bodega Lagarde, explica que “el malbec es el mejor ariete que tenemos. Pero nosotros sumamos nuevas variedades. En el país existe muy buen cabernet sauvignon y un excelente cabernet franc. Hay petit verdot, viognier, entre otras. Y aunque el concepto de “Nuevo Mundo” vitivinícola tiene que ver con varietales, hay blends que ya comenzaron a destacarse, tanto en el mercado local como en el resto del mundo”.

Hervé Joyeaux Fabre, de la bodega Fabre-Montmayou, tampoco duda: “Tan seguros estamos de sumar más cepas al malbec que, además de la finca en Mendoza, tenemos otra en Río Negro para agregar más variedad y calidad de cepas. Y ganamos el primer premio de la International Wine Challenge de Londres con un corte de cabernet con merlot. La fórmula debería ser malbec, más cepas y nuevos cortes”.

“Los que saben dicen que la próxima oleada es la del cabernet, que aquí es muy bueno. Es una variedad más continental, sin la influencia marítima de otros países. Muy sofisticado y cualitativamente fantástico por las posibilidades que nos puede brindar. El desafío, en todo caso, es animarse a levantar la voz y ya estamos transmitiendo ese mensaje”, aseguró Ramiro Otaño, presidente de Moët Hennessy Argentina (Bodegas Chandon, Terrazas, Cheval des Andes, 33 y Valmont, entre otras).

Desde Bodegas Alfredo Roca, Graciela Roca asegura que “en nuestro caso, yo soy tercera generación de productores, el viñedo manda. Y nosotros hacemos vinos con todas las variedades que tenemos: bonarda, cabernet, malbec, pinot noir, chenin, tokai friulano, e intentamos utilizar todas, y no sólo en el mercado local. En Estados Unidos, por ejemplo, vendemos más pinot noir que malbec”.

Trapiche es la bodega que más exporta y forma parte del Grupo Peñaflor, el peso pesado de la industria. “La empresa siempre trabajó con el concepto de la riqueza en la diversidad”, asegura Mayra Maioli. Y explicó que “uno de nuestros íconos, Trapiche Medalla, es un blend con más del 90% de cabernet. Y lo mismo pasa con Fond de Cave, Cabernet que tiene 30 años en el mercado. Pero no es el único: la línea reserva de Fond de Cave tiene petit verdor, tempranillo, cabernet franc. Y entre los vinos jóvenes, Trapiche Varietales tiene una decena de variedades. Pensamos, eso sí, que el consumidor local está dispuesto a experimentar, pero en el exterior por ahora, el malbec sigue mandando”, explico Mayra Maioli.

COMMENTS