El vino del futuro estío

21/10/11
Fuente: IPS Tierramérica | Marcela Valente.

LUJÁN DE CUYO, Argentina, oct (Tierramérica) – Incluso alteraciones leves de temperatura pueden desbaratar la calidad del vino, una industria refinada a lo largo de siglos en estrecho lazo con suelos y microclimas locales. En la provincia de Mendoza, recostada sobre la cordillera de los Andes en el oeste de Argentina, viñedos y bodegas ya se preparan para entender –y aprovechar si es posible– lo que les depare el cambio climático. Estamos en la región de Cuyo, montañosa y árida, que concentra la principal producción vitivinícola de América del Sur, tanto en superficie cultivada como en cantidad de vino.

«Hay indicios de que algunos cambios se están produciendo en la temperatura y también en el régimen de precipitaciones, y eso puede afectar la calidad de los vinos», comentó a Tierramérica el agrónomo mendocino Martín Cavagnaro.

Un grupo de bodegueros de esta provincia son los más inquietos en impulsar el desarrollo de conocimientos para adaptarse al calentamiento global, según Cavagnaro, coordinador del flamante Foro Intersectorial Argentino por la Vitivinicultura Sustentable (Fiavis) que unió a bodegas, científicos, instituciones gubernamentales y de la sociedad civil.

El clima de base define el tipo de vino que una región puede producir. Y la variabilidad climática determina diferencias de calidad de los mostos de una vendimia a otra.

El cambio climático incide en el clima de base y en la variabilidad y, por eso, puede «producir cambios en la personalidad de los vinos regionales», señala el informe «Efectos del Cambio Climático sobre la Industria Vitivinícola de Argentina y Chile», publicado en 2009 por la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC).

En la región vitivinícola sudamericana que se extiende a ambos lados de los Andes, la temperatura mínima en 2050 habrá subido más de un grado respecto de la actual, y las precipitaciones continuarían reduciéndose, indica el estudio, que se basa en los escenarios socioeconómicos A2 y B2 trazados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

La mayoría de los ríos tendrán menos caudal, por lo que el riego será más necesario que ahora, y podría haber vientos más fuertes en algunas zonas.

Cada variedad de vid tiene zonas climáticas óptimas para desarrollarse, como el Malbec en el Cuyo.

«La temperatura y otras condiciones físicas del suelo tienen una influencia directa durante la maduración», advierte el estudio de PwC.

Si el ambiente es muy frío, la uva no tendrá la necesaria concentración de azúcar y dará un vino escaso de aroma, con demasiada acidez y pobre color. Si el calor es excesivo, los problemas serán inversos.

En Luján de Cuyo, a 18 kilómetros de la capital mendocina, el Malbec es la variedad por excelencia, y su fama es mundial. Aquí reinan las fincas con sus ordenados viñedos. Algunas tienen sus propias bodegas, como la famosa Norton, fundada en 1895 y que exporta a más de 60 países.

La empresa tiene 1.200 hectáreas de viñedos y produce unos 120.000 hectolitros por año de distintas variedades, combinando el cuidado artesanal en barricas de roble con modernos tanques de acero que brindan un control exacto de la temperatura.

Con 16,3 millones de hectolitros, Argentina es el quinto mayor productor vinícola del mundo, el noveno en extensión de vides y el octavo en cantidad de uva, según las estadísticas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino para el año 2010.

Si bien los impactos del calentamiento no afectarán igual a todas las vides y zonas, sí podrían determinar «la viabilidad futura de una región para producir una determinada variedad de vid que, en el presente, es explotada», señala el estudio. O viceversa.

«Sabemos que hay variedades que antes no se adaptaban al clima y que ahora, con el aumento de la temperatura, pueden rendir bien, por eso creemos que la frontera vitivinícola podría extenderse», apuntó Cavagnaro.

Y ya se está extendiendo. Un viñedo de 20 hectáreas vive y prospera en la austral y fría provincia de Chubut. «Antes esto era impensable», aseguró.

Pero cada rincón de la cambiante geografía andina y cuyana tiene su propio microclima y suelo, y las vides que mejor se dan en ellos. De momento es imposible trazar modelos climáticos con ese grado de precisión.

Para Cavagnaro, el estudio de PwC abarca una región demasiado amplia.

Lo mismo apuntó el agrónomo Pablo Minatelli, de Norton. «La escala geográfica de los modelos es gigante en relación con los valles y fincas. Hay un alto grado de incertidumbre», dijo a Tierramérica. El Fiavis es un intento de «avanzar en el conocimiento de esas variables».

«Nos ayudará a poner en evidencia problemas ahora ocultos o desconocidos, y tratar de evitarlos», concluyó.

Crear conocimientos y difundirlos es la primera y más requerida medida de adaptación. Optimizar el uso del agua y del suelo, modernizar las técnicas de siembra, mudar ciertas variedades a zonas más altas y frías, reemplazar otras y echar mano a la mejora genética, son algunas de las acciones recomendadas.

De hecho, el calentamiento está provocando alteraciones en otras regiones vinícolas del mundo, y en Australia, Nueva Zelanda y Chile se desarrollan nuevas variedades genéticas que puedan adaptarse mejor a las sequías sin alterar la calidad, apuntó Cavagnaro.

El Fiavis también contribuirá a obtener financiamiento para investigaciones e intercambio de experiencias sobre otros requisitos de exportación, como la reducción de las huellas de carbono e hídrica que genera la vitivinicultura.

Además, no se trata de trabajar solo para Mendoza, donde están los principales viñedos, hay que incluir otras zonas que también producen vino como Salta, en el norte, o Río Negro, en el sur. De hecho hay vitivinicultura en 12 provincias argentinas.

«Queremos sensibilizar a los productores sobre los beneficios del desarrollo sustentable, y elaborar un plan estratégico para 2020 que abarque todas las regiones vitivinícolas del país», anunció.

Para esas proyecciones, el foro contará con el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, que estudia el comportamiento de los glaciares andinos.

El riego en el Cuyo proviene del deshielo de alta montaña y los glaciares, otra razón por la que el calentamiento es una preocupación central de la zona. Mendoza fue la primera provincia que creó una agencia gubernamental dedicada exclusivamente a analizar el impacto del cambio climático.

* La autora es corresponsal de IPS.Publicado originalmente el 15 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (FIN/2011)

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