En el nombre del vino

32/01/10
Fuente: La Voz del Interior | Diego Dávila.

Ernesto LucchesiEntrevista a Ernesto Lucchesi, Titular de Villa del Rosario Bebidas.
Fracciona más de un millón de litros por mes, el 60 por ciento de lo que se despacha en Córdoba / Su marca Don Ernesto llega a Santiago del Estero, Entre Ríos, Santa Fe y a algunas zonas de la provincia de Buenos Aires. Apuesta a los vinos varietales para segmentos medios, los que más crecerán en los próximos años. Hace más de un siglo que la familia Lucchesi está dedicada a la venta de bebidas en Villa del Rosario y casi 70 años que es sinónimo de vino en Córdoba. Hoy es la fraccionadora local más importante, con el 58 por ciento del despacho total de vinos de la provincia.

Don Ernesto es una de las marcas mejor posicionada en vino de mesa y desde 2002 desarrolla una nueva línea de varietales para segmentos medios con la marca Familia Lucchesi y Ponte Vecchio, su apuesta más importante para los próximos años. Ernesto Lucchesi, nieto del fundador de la firma, asegura que este segmento será el que más crecerá.

-El apellido Lucchesi y el vino de Córdoba tienen una historia en común. ¿No es así?

-Es cierto. Hay muy pocas bodegas en Córdoba, y menos en esta zona de la provincia. Mi familia desde 1904 que vive en Villa del Rosario. Mi abuelo Ernesto armó una sodería y distribuía bebidas en un carro.

-¿Y el vino?

-Mi padre y sus cuatro hermanos continuaron la empresa y en los años 40 empezaron a fraccionar vinos. Ahí comenzó la época de oro del vino, había cientos de fraccionadoras en todo el país porque el consumo era muy alto: 90 litros por persona por año. En aquel momento, Bodegas y Viñedos Lucchesi Hermanos era una de las más importantes del país, despachando cerca de 60 millones de litros por mes.

-Entonces, ¿qué pasó con Bodegas Lucchesi ?

-Hasta la década del 70 el consumo fue muy alto. Pero la firma empezó a sufrir los problemas que tienen las empresas familiares cuando se acaba una generación y no se puede hacer un recambio organizado. En 1979 se vendió a Greco y cada uno de los hermanos tomaron un rumbo diferente. En aquel momento acababa de recibirme de contador y con mi padre, que también se llamaba Ernesto, tomamos el dinero, invertimos en la planta actual y en 1984 retomamos la actividad de fraccionamiento de vino.

-¿Armaron la empresa de cero?

-Sí. Hubo que recuperar clientes y la empresa empezó a crecer. Nos afectaron mucho las crisis de 1989 y de 1992, pero siempre se mantuvieron los mismos mercados: Córdoba concentra el 75 por ciento de las ventas y el resto se reparte entre Santiago del Estero, Entre Ríos, Santa Fe y algo de la provincia de Buenos Aires. Actualmente, embotellamos entre 1,2 y 1,3 millones de litros anuales.

-¿Cuánto duró la época de oro?

-El mercado cambió profundamente en los años 90, sobre todo en los vinos básicos. Actualmente, el consumo es de 30 litros por persona por año.

-¿Perdieron la batalla contra la cerveza?

-Fue un cambio en las preferencias de la gente porque el precio del vino de mesa siempre estuvo por debajo de los valores de la cerveza. El golpe más duro se lo dio al vino blanco, más que al tinto.

-¿Cómo?

-Hasta los 80, el vino blanco sumaba el 90 por ciento del consumo. Este es más ocasional, se toma en las reuniones, y allí ganó la cerveza.

-Quilmes, el sabor del encuentro …

-Ahí tiene. Hoy el 75 por ciento del consumo es de vino tinto y el 25 de blanco y rosado. En los vinos Premium, los tintos llegan al 90 por ciento.

-¿Por qué avanzó el tinto?

-Porque en la década de los 90 se empezó a decir que en el vino tinto mejoraba la salud y tenía sustancias antioxidantes, lo cual es cierto. Recuerdo al doctor René Favaloro recomendando tomar medio vaso de vino para mejorar el funcionamiento del corazón.

-¿Cómo cambió el mercado de vino básicos?

-Cambió el envase. Durante la crisis de 2001 se vendía muchísimo el vino en envase retornable, un producto que todavía sale muy bien en la zona, pero ahora más del 50 por ciento se hace en tetra brick.

-¿Y el vino en damajuana?

-La venta se redujo bastante. En su momento, despachábamos 500 mil damajuanas por mes. Hoy no se hacen más de 80 mil. Como cada vez hay menos oferentes, si se lo sabe explotar da buenos resultados. Nuestro mejor mercado está en el norte de Santiago del Estero, donde a los consumidores les resulta más práctica.

-¿Por eso ahora comenzaron a producir varietales?

-Entre 2002 y 2003 decidimos iniciar una bodega boutique para producir vinos varietales. Desde aquel entonces hasta la actualidad se invirtieron 600 mil dólares, se importó una máquina de Italia, se fijaron acuerdos para comprar la uva en Mendoza y La Rioja y comenzó la producción.

-¿Con qué marcas?

-Tenemos una marca Premium, Ponte Vecchio, con vinos Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay y Torrontés. También lanzamos una gama de vinos intermedios, Familia Lucchesi, con productos bi varietales (Cabernet Sauvignon – Syrah y Chardonnay – Torrontés) y Furlotti con varietales (Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Chardonnay). Con estos productos, crecemos lentamente, avanzando en Santa Fe. Actualmente se prensan entre 60 y 70 mil kilos de uva al año.

-¿Cómo les está resultando la incursión en nuevos mercados?

-Es un segmento complicado. Es muy marquista y la competencia es grande, con bodegas aferradas al negocio desde hace varios años. Nos obligó a buscar nuevos distribuidores.

-¿Por qué?

-Para los vinos básicos contamos con 300 distribuidores que tienen montada su estructura para manipular grandes volúmenes de productos, como la gaseosa; no están acostumbrados a manipular botellas. Para vinos finos, hubo que tomar distribuidores de bebidas de mayor valor, como whisky o vermú. De hecho, uno de nuestros distribuidores trabaja para Nestlé.

-¿Para cualquier producto la distribución es la clave?

-Siempre digo que no vendemos productos, si no un servicio. Si un supermercado pide un equipo, a las 24 horas tiene que estar en el depósito.

-¿Esta época de festivales es un buen momento para ustedes?

-No crea. Nuestra empresa no tuvo una buena experiencia con los festivales. En la mayoría de ellos hay un consumo importante de vino, pero no mueve el amperímetro del año. Además, para estar adentro de un festival hay que pagar un canon, que muchas veces es alto y eso obliga a elevar el precio del vino. Entonces, la gente opta por comprar afuera y consumir adentro y el gran esfuerzo que se hace no da los resultados esperados.

-¿En algún momento el vino va a recuperar el terreno perdido?

-No sé si el consumo va a volver a crecer, pero creo que va a dejar de caer y se estabilizará. Además, las principales bodegas iniciaron hace un par de años una campaña para recuperar mercado, reunidas en torno a la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). Allí todas las bodegas y fraccionadoras hacemos un aporte económico para la campaña.

-Pero en Córdoba esta campaña no se ha visto…

-El problema es que la inversión que hace la Coviar, comparada con la de las firmas cerveceras, es mínima. Además, la publicidad se hace sólo en los medios de Buenos Aires, por lo que el mensaje no llega al interior del país.

-Ustedes tomaron el mismo rumbo que Colonia Caroya…

-Pero con la diferencia de que ellos se dedican a vinos varietales y regionales. En nuestro caso, lo más importante es el vino de mesa. No competimos, incluso le les hemos comprado la producción de vino regional, nos complementamos.

-¿Pensaron en sumar voluntades?

-Deberíamos unirnos para tener más fuerza en el mercado vitivinícola nacional. Córdoba despacha 1,7 millones de litros mensuales, en cuarto lugar después de Mendoza, San Juan y La Rioja, por arriba de Salta. En consumo, es la tercera plaza tras Capital Federal y provincia de Buenos Aires.

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