Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes

29/03/12
Fuente: Raquelíquida Blog.

Este fin de semana he salido a cenar con un amigo al que le gusta el vino tanto como a mí y con el que puedo tener conversaciones interesantes sobre él sin que se me duerma. El tipo, además de adorable, es un experto en marketing y muchas veces, por aquello de la deformación profesional, no evita fijarse en aspectos del vino relacionados con esta disciplina. Durante nuestro paseo y picoteo por Barcelona, entre bares de vinos por el Borne, mi amigo se fijó en algo que llamó su atención y que abrió una conversación nueva: la etiqueta y, en general, el vestido exterior de las botellas de vino, desde el nombre a la calidad del cristal y la etiqueta. Y lo mismo que ocurre con el vino, puede pasar con un whisky o una ginebra. ¿O no?

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Porque no es lo mismo llevar Armani que Valentino, Hoss que Zara ni Lacoste quePrimark, tampoco lo es que un vino se llame L’Equilibrista que Tetas de la Sacristana y que un whisky se llame Charles House que The Macallan. Quiero decir, no nos despierta la misma confianza ni nos habla igual de lo que puede haber dentro. Al menos a mí, y sobre todo cuando no conozco el líquido en cuestión.

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Por partes: hablando de vinos, cuando mi amigo y yo llegamos a un bar para tapear y nos fijamos en los tres o cuatro vinos por copas que tenían, la verdad es que, no conociendo ninguno de ellos, nos fijamos más en el exterior a la hora de decidir, matizando, también, nuestra decisión en función de la zona de procedencia. Pero a lo que voy: entonces ninguno de los vinos nos dio “buen rollo” al principio y siguió sin dárnoslo cuando lo teníamos ya en la copa. La reflexión de mi amigo fue la siguiente: no me sorprende que este vino sea del montón porque tanto el diseño de la etiqueta como el nombre (que no diré porque como no me interesó demasiado no lo conservé en la memoria, acto que recomiendo para evitar la saturación mental de vinos y destilados que no nos gusten) hablan de poco esmero, un poco así, “bah, si como la gente no entiende y el vino no tiene pretensiones, tampoco las tengo yo con la etiqueta y la botella”. Pues estamos apañados, pensamos, ¿así quieren que bebamos más vino?

Lo más curioso, y fue algo que yo comentaba con mi amigo, es que cuando un vino ya lo conocemos y nos gusta, la etiqueta ya no tiene tanto poder de sugestión. Quiero decir, por ejemplo, que yo conozco ya el Castillo de Ygay de Marqués de Murrieta y me gusta bastante, pero si no lo llego a conocer, igual no sería mi primera opción ni por el nombre, ni por la etiqueta (que a mí, personalmente, no me entusiasma, aunque sí me gusta mucho el contenido). Y que si no conozco un vino como Tierra Fidel, que hacen unos amigos míos, igual sí lo elijo para una cena o me fijo en él porque la etiqueta, desde que la vi por primera vez, me encantó.

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos…)

Lo mismo con los nombres: ¿O me diréis que cogéis antes una botella de Cojón de gato que una donde ponga Pago de los Capellanes? No, ¿verdad? Pues a eso voy. Y que conste que el nombre del primer vino tiene su justificación porque alude a la uva de la que procede…

Y exactamente igual con destilados. No es igual ver una botella como la del ron Elements Eight que la del canario Arehucas, independientemente de que luego al probarlos nuestra opinión cambie. Afortunadamente en el campo de los espirituosos el diseño, creo, se pone bastante las pilas y nos libra de engendros de los que el vino, aún, no se ha desecho. Engendros del embotellado y etiquetado, el “packaging” del que hablan los marketinianos, ojo.

No es lo mismo... No es lo mismo…

Pero el líquido, amigos, también entra por los ojos, seduce como puede hacerlo un desconocido o una desconocida… y luego, ya se verá si por la conversación que tiene, o que le falta, decidimos descartarlo.

¿Qué opináis vosotros?

Para entreteneros un poco os dejo una serie de etiquetas que he encontrado navegando por ahí.

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