Expectativa por el crédito del BID

28/09/09
Fuente: Diario Los Andes | Luis Fermosel.

bid El préstamo del BID contempla entregar un monto directo a los productores, de hasta 2 mil dólares por hectárea y de hasta 30 mil dólares por productor. La decisión definitiva debería surgir en cuestión de horas, cuando quede ratificado el acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo por el cual la entidad crediticia destinaría 50 millones de dólares para financiar un importante plan de integración de productores a la cadena vitivinícola. Se trata de una situación que puede llegar a modificar definitivamente el modelo de la vitivinicultura argentina. Todo surgió hace dos o tres años, cuando especialistas del BID detectaron el plan estratégico vitivinícola, especialmente a partir de la iniciativa de mantener un modelo que incluyera a lo productores. Ello coincidía con una política del banco, de apoyar sectores sustentables, generando trabajo, valor agregado y generación de pequeñas y medianas empresas, sin hacer asistencialismo.

Se acordó entonces impulsar una iniciativa tendiente a que bodegas y productores se integren en proyectos a diez años, generando paralelamente un proyecto común, en el cual al productor le llegará, en forma directa, un aporte no reintegrable, no dirigido directamente al bolsillo, sino a cuestiones que necesite el plan, como cambio de palos, alambres, incorporación de tecnología, de riego o cambios de conducción. Será un monto entregado en forma directa, de hasta 2 mil dólares por hectárea y hasta 20 ó 30 mil dólares por productor.

Se establecerán mecanismos mutuos y acordados, a los efectos de fijar los precios, a 10 años, por valores de mercado y que implicará -si se cumple la etapa- volver a que el BID renueve el préstamo con los mismos objetivos. Cabe consignar que, por el momento, no se ha fijado un monto máximo de hectáreas (sería entre 20 y 30) y se hace hincapié en los 20 mil dólares como máximo por productor.

En los hechos, el crédito implicará comenzar a cambiar la estructura vitivinícola, haciendo a los pequeños productores eficientes en lo tecnológico, e integrados en lo comercial. También se aclaró que el dinero podría ser dirigido a la reconversión de viñedos, pero no contempla nuevas plantaciones.

Dentro del esquema que contempló el BID, aparecen además los centros de desarrollo vitícola, integrados por los gobiernos provinciales, el IDR (Instituto de Desarrollo Rural) y el INTA, quienes hicieron un censo para establecer cuál era la edad promedio de los productores, su problemática, en qué zona se encontraban, a quiénes les llevaban la uva, su situación familiar, etc.

También se detectaron las bodegas que se encontraban en las zonas y, cuando el préstamo se aplique, se van a comenzar a producir de inmediato los primeros desembolsos y se comenzará a trabajar sobre los distintos proyectos de las bodegas, que han visto en esto una posibilidad para mejorar la calidad de sus productores, fidelizarlos y producir un cambio estructural en la vitivinicultura.

Al decir de las fuentes consultadas, la implementación del crédito producirá, en los hechos, un cambio estructural en la vitivinicultura argentina. Porque alcanzará uno de los objetivos buscados, como es la verdadera integración de los productores a la cadena. Hasta ahora, esa desintegración había generado que, en su afán por concurrir en defensa de el eslabón más débil, como es el productor, el Estado debiera salir a comprar uva o elaborar vinos o mosto.

El nuevo modelo que aparece en el horizonte también abarca a los productores que están en estado más crítico. Integra directamente a la producción y al mercado, verticalmente, con una vitivinicultura moderna donde el mercado, a través de las bodegas fije los cambios que se están produciendo y donde el productor podrá contar con herramientas y contratos, que le permitirá defender sus precios y su producto.

Debe consignarse que, en su momento, la gran pregunta pasaba por el incentivo que podrían tener las bodegas para sumarse y se habló inclusive de la posibilidad de créditos blandos. Sin embargo, todo se estaría dando en un año especial, donde las bodegas tienen la necesidad de abastecerse, con seguridad y con calidad, de manera tal que también puedan mirar al largo plazo, tanto para el mercado interno como el externo. Según se afirma, con muchos los establecimientos que han anticipado que se sumarán al nuevo proyecto.
Por Luis Fermosel –

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