Fallas estructurales al desnudo

25/02/10
Fuente: Diario Los Andes | Rodolfo Cavagnaro.

cosechaEl Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) dio a conocer el primer ajuste de pronóstico de cosecha para la presente vendimia y más allá de los números, las consideraciones que hacen los técnicos del organismo para justificar la disminución de la cosecha prevista en diciembre pasado, merecen una especial atención porque están mostrando problemas estructurales que hasta ahora nadie quiso atender y, parece, comenzarán a manifestarse en forma permanente. Los problemas climáticos que, tradicionalmente, acechaban a la vid eran las heladas tardías (aunque tempranas para la vid) que suelen ocurrir entre setiembre y noviembre; el granizo (con un porcentaje de incidencia histórico de entre el 7% y el 10% de daño promedio sobre el total de la producción); las lluvias (este año no muchas, aunque febrero es el mes de mayores precipitaciones) y, eventualmente, los vientos en la época de floración, aunque tradicionalmente era considerado como un método de raleo natural.

En el pronóstico de este año, por primera vez, el INV hace mención a dos factores que antes no eran considerados: la disponibilidad de agua y los elevados calores, que podrían asignarse a efectos de cambio climático, que ya estaría incidiendo sobre la vitivinicultura.

Ahora el INV entrega un pronóstico con detalles de temperaturas máximas y mínimas que podrían explicar un comportamiento no habitual de las plantas. Según los técnicos, cuando la temperatura supera los 35 grados, la planta «se cierra» como protección, no transpira, pero tampoco hace fotosíntesis, no trabaja. Esto significa que genera menos azúcares, menos antocianos, latinos y polifenoles. Y cuando las temperaturas mínimas superan los 20 grados, la planta no descansa y quema mucha más energía.

Cuando se juntan ambos efectos, es decir, máximas superiores a 35 grados y mínimas encima de los 20 grados, estamos frente a una ola de calor. Según datos aportados por el INV, hubo muchos días en enero en esas condiciones, destacándose el período del 19 al 29 de enero pasados, que afectaron especialmente a la zona Este de Mendoza y a San Juan.

A esto se suma el problema del agua. En diciembre decían que había problemas porque al no hacer mucho calor en la montaña no había deshielo suficiente. Pero la realidad es que el sistema de administración del agua ya es antiguo y no contempla las actuales necesidades. Hay más demanda para consumo humano, industrial y agrícola. El problema es que la oferta de agua es inelástica, aunque hasta ahora. Los pronosticadores del cambio climático esperan hacia el futuro más lluvias en el llano y menos precipitaciones níveas en cordillera.

Mientras tanto, seguimos entregando el agua por turno cada diez o quince días. Y el problema es que cuando tengo el turno no sé si la planta necesita agua o, a la inversa, cuando necesitan agua las plantas no me toca el turno. Este es el problema estructural más grave.

Hay que pensar seriamente en asistencia a productores para que construyan cisternas e incorporen sistemas de riego presurizado. El Estado deberá pensar seriamente en entubar y presurizar los canales actuales para administrar con mayor eficiencia el agua que, como dijimos, tiende a ser cada vez mas escaso en términos absolutos y relativos.

Se necesitan decisiones políticas de largo plazo con asistencia técnica para tener un adecuado diagnóstico. Sino, seguiremos echándole la culpa al clima sin ver que los datos del INV reflejando una problemática más compleja.

http://www.losandes.com.ar/notas/2010/2/25/economia-474355.asp

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