François Lurton: Don Quijote de la vid

16/01/11
Fuente: Diario La Nación | Sabrina Cuculiansky.

LurtonFrançois Lurton cultiva, cosecha y elabora vinos por todo el mundo. En cada región busca variedades nuevas que se lleven bien con la tierra y el resultado son originales y elegantes vinos. Pertenece a una familia que lleva varias generaciones ligadas al vino. Su padre y su hermano están también dedicados de lleno. A mediados de los 90, François Lurton conoció el sur de América y vio el potencial de Argentina y Chile. En medio de la crisis de 2001 decidió seguir apostando por nuestros terruños. -Siempre te dedicaste a buscar terroirs, uvas y métodos de vinificación no tradicionales, diferentes de los que se esperaba de esa región: vinos del Nuevo Mundo en Languedoc, biodinámicos en Europa, tintos de alta gama en el Douro, pinot gris en Argentina.
-Es una curiosidad familiar, me siento un poco el Don Quijote del vino. Mi padre y mi abuelo desarrollaron ideas diferentes en cada lugar. Hice el tocai friulano en el país, que es la tercera variedad blanca más plantada. Tiene un potencial enorme que nadie utiliza. El friulano es la base de todos los vinos del norte de Italia. Son vinos muy conocidos en todo el mundo, pero acá nadie la desarrolló bien.
-¿La búsqueda es por amor o por negocio?
-No puede funcionar sólo lo creativo si después los vinos no se venden. Hay un montón de productos que discontinué porque no se vendieron. Por suerte, la mayoría funcionó. Hay productos que me gustaría hacer, pero saldrían tan caros que estarían fuera de escala.
-¿Elegís varietales del lugar o plantás nuevos?
-En Argentina se pueden descubrir varietales distintos. En Chile encontré una zona ideal para el Albariño; lo estoy trayendo de España para plantarlo. Hay variedades que me gusta desarrollar en otros lugares. Chile y Argentina te permiten eso. En el Viejo Mundo, el sistema de denominación controlada está bloqueado. Nunca podría plantar syrah en Burdeos. En España hay zonas que son un poco más libres, pero lo que me gusta hacer en Francia es desarrollar lugares en donde la gente nunca se imaginó que podían dar vinos de alta calidad. El Languedoc siempre fue una región pobre, y yo fui de los primeros en desarrollar el potencial de calidad de la zona.
-Tenés setenta vinos diferentes en el mundo, nombra tres que sean François Lurton.
-Todos son míos; si no, no los habría elaborado. Para mí, el vino tienen que tener una razón de ser, expresar una variedad, un terroir. Pero tres de todos… el Corte Friulano Gran Lurton, el Alka Carmenère de Chile y el Quinta beirrado de Portugal.
-¿Hay un concepto global detrás de tus vinos?
-Nunca responden sólo al negocio: son un mosaico de oportunidades que encontré en mi vida. Hay que buscar una línea común para llegar al cliente final. La problemática de mi empresa hoy es que tengo un volumen grande de buenos vinos bien hechos a buen precio, pero el consumidor está un poquito perdido entre toda la oferta. Es decir, tengo una oferta muy variada que a la larga le complica la elección al consumidor. Mi firma es la calidad. No quiero hacer sólo vinos caros; me gusta mucho hacer vinos baratos, porque hacer vino no es algo caro. Se pueden hacer vinos de todos los días muy bien elaborados sin costos altos. Hacer vinos caros es fácil: gasto todo lo que quiero y tengo un vino caro, pero el gran desafío hoy es producir vinos muy buenos a bajo precio.
-La tendencia mundial parece ir hacia los blends y a la complejidad. Sin embargo, vos elegís un consumidor diario que busca frescura y varietalismo.
-Los dos. A mí me gustan mucho los blends. Un vino varietal desarrolla un sólo tipo de gusto. Para encontrar la complejidad hay que saber mucho de vinos y pagar vinos caros. Para que los blend desarrollen complejidad es necesario que estén compuestos por varietales bien realizados.
-¿Cómo ves el negocio mundial y regionalmente?
-El mundo del vino está cambiando mucho. Se pensaba que los países productores de volumen ya estaban descubiertos, pero entonces apareció China. Allí ya están los tres productores más importantes del vino mundial, que van a revolucionar la industria en los próximos treinta años. Hoy el problema es que hay una demanda más fuerte que la oferta. En Argentina está muy de moda el tema del malbec. Si Argentina sabe tomar el tren de ganar plata con Malbec y reinvertirla en otra cosa, la industria va a seguir adelante por muchos años. Si los productores agarran la plata para venir a gastarla en Buenos Aires en vez de reinvertirla en otras variedades, la demanda de Malbec un día va a mermar. El país hoy ya debería ser capaz de tener una buena oferta de Bonarda y Torrontés.

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