Fuerte freno de la caída de viñedos de hasta 5 hectáreas

12/12/10
Fuente: Diario Los Andes | Gastón Bustelo.

int-351700[1]Entre 1990 y 2000 desaparecieron 3.590 pequeñas fincas. En la última década esa misma franja mostró una recuperación de 300 unidades productivas. La recuperación de las pequeñas unidades productivas representan un signo alentador para la marcha de la economía provincial. Si bien la década del 90 sigue siendo discutida, estudiada y analizada, defendida por unos y cuestionada por otros, en lo que hace a la vitivinicultura con el tiempo se ha podido precisar que en esos 10 años se redujo el número de viñedos y la superficie implantada. Concretamente en ese período salieron de producción 4.100 viñedos que representaban 5.700 hectáreas.

Y, como sucede en la mayoría de las actividades, el golpe más fuerte lo sintieron los más débiles: es que en esos años dejaron de producir unos 3.590 viñedos de hasta 5 hectáreas. Pero la década pasó junto con la convertibilidad. Llegó un nuevo modelo de acumulación y los números comenzaron a cambiar.

«La particularidad que se da en este período (2000-2009) es que crece la cantidad de viñedos en todos los rangos de superficie, incluidos los de hasta 5 hectáreas en que el aumento fue de 300 viñedos», según indica un trabajo preliminar elaborado por Daniel Rada, subgerente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).

Las zonas donde más crecieron los viñedos de estas dimensiones son el Valle de Uco y el Este; luego viene la zona Centro y decrecieron en el Sur mendocino.

Si bien la mejora es incipiente y falta mucho, y también habrá que ver si se puede recuperar la cantidad de pequeños viñedos perdidos en los 90, este proceso genera distintas posturas entre los diferentes referentes de la industria vitivinícola. Están los que ven este fenómeno como consecuencia de la devaluación y del aumento de las exportaciones y de que volvió a instalarse en el imaginario colectivo la posibilidad de tener la finquita propia.

Pero otros consideran que a los viñedos de pequeña envergadura les ve a costar subsistir porque tienen problemas estructurales y reclaman una ley que impida fijar un piso a partir del cual un terreno no puede ser vendido, para evitar que siga habiendo parcelas que no serán rentables porque no les resultará positiva la escala económica.

También están los que rescatan la integración en la cadena productiva y la necesidad de que se definan políticas activas desde el Estado. Son claves para que puedan seguir produciendo.

Los 90

El trabajo de Rada indica que en los últimos 20 años «se verifica en Mendoza un proceso de cambio en la composición de viñedos y superficie implantada que puede analizarse en dos períodos de tiempo. Entre los años 1990 y 2000 y desde el año 2000 a 2009». El primer período -1990 a 2000- se caracterizó por una reducción tanto del número de viñedos como de la superficie implantada.

«En ese período salieron de producción 4.100 viñedos que representaban 5.700 hectáreas. En términos totales, en 1990 se relevaron en el Censo Vitícola Nacional 20.100 viñedos (146.700 hectáreas) valor que hacia finales de 2000 era de 16.000 viñedos (141.000 hectáreas). La reducción de 4.100 viñedos impactó de distinta forma en las escalas de superficie. Los viñedos de hasta 5 hectáreas fueron los más afectados. Salieron de producción 3.590. Particularmente, los viñedos menores a media hectárea registraron la mayor tasa (61%)».

Devaluación

A partir de 2000 cambian en el país y en Mendoza las tendencias observadas en la década anterior y es así como «se verifica entre 2000 y 2009 un leve crecimiento del número de viñedos (969). La superficie implantada por su parte creció 19.600 hectáreas. En términos totales, en 2009 la cantidad total de viñedos registrados fue de 16.983, contra los 16.014 de 2000. La particularidad que se da en este período (2000-2009) es que crece la cantidad de viñedos en todos los rangos de superficie, incluidos los de hasta 5 hectáreas en los que el aumento fue de 300 viñedos».

Juan Mangione, titular de la Asociación de Viñateros de Mendoza, coincide con el estudio de Rada y afirma que hay más viñateros pequeños. «En un momento no eran viables porque por lo menos se necesitaban 25 hectáreas para que fueran rentables, pero ahora vemos que nuevamente surge la posibilidad de explotar un viñedo con una escala reducida. Mi caso personal es un ejemplo».

La visión de la vitivinicultura que expresa el titular de la Asociación de Viñateros apuesta a una vitivinicultura más transversal. «Nosotros buscamos una vitivinicultura más transversal, vemos que muchos vuelven a querer tener su finca con la idea de que les dará un ingreso para su jubilación. Antes esto no se pensaba. Ahora el empleado de banco o el abogado vuelven a querer tener su pequeña finca».

Los fideicomisos y los clubes de producción son algunas de las herramientas que se utilizan también para avanzar con la idea de la finca propia. «De esta forma, la vitivinicultura es una opción inteligente ante la posibilidad de que se desvirtúe el uso de la tierra y se lo destine para emprendimientos inmobiliarios», explicó el dirigente de los viñateros.

Problemas estructurales

Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, tiene otra mirada y considera que se debería avanzar en una ley que establezca un piso a partir del cual los herederos no pueden vender su terreno.

«Tenemos una fábrica que genera pequeñas parcelas que es la herencia. Hay países en donde se trabaja este tema. En España hay programas de concentración parcelaria. Argentina tiene un problema serio porque la pequeña propiedad tiene un límite económico, sobre todo hoy que la vitivinicultura tiene abierto un espectro de posibilidades muy grandes».

En este sentido Pina explicó que si un señor tenía 30 hectáreas y tres hijos, cuando muere, esa explotación se transforma en tres pequeñas propiedades de 10 hectáreas; y si esos señores tienen hijos y se las pasan a la segunda generación, tienen hijos y otra vez se divide porque es raro que se vendan entre ellos.

«Hay que buscar una ley que diga que a partir de determinada superficie de hectáreas no da la ecuación económica, porque contra eso no hay forma de luchar», apuntó el dirigente bodeguero quien entiende que «no es que todas las pequeñas propiedades están perdidas. Creo que muchas tienen problemas estructurales y desde la Coviar estamos haciendo varias cosas para ayudarlos».

Desde esa institución han desarrollado el Programa de Integración de pequeños productores que viven de la actividad vitivinícola para integrarlos a la cadena de la industria. De esa forma asisten a los que quieren asociarse por contrato con los bodegueros que les compran la uva, fijando acuerdos de precio y planes de renovación vitícola.

Que se consoliden

Otro referente de la industria es José Zuccardi, titular de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA) quien considera que “empezamos a tener un modelo más inclusivo. De alguna manera también los productores pequeños, que se mantuvieron fue porque tenían mayor manejo técnico de su viñedo, una variedad específicamente buscada o estaban instalados en una zona donde había mayor demanda; todos estos factores han influido para que se frene la caída de los viñedos menores de 5 hectáreas”.

Además recordó que la crisis del 80 y del 90 produjo una decantación, muchos pequeños productores estaban más débiles y se cayeron, “pero ese proceso también influyó para el repunte, para que la vitivinicultura fuera encontrando caminos para consolidarse y para ayudar con la integración a los pequeños productores”.

Por su parte Mauro Sosa, gerente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, opinó que “es bueno que se desacelere la caída porque esos pequeños productores son parte del la industria y deben ser acompañados de un plan que los arraigue al lugar. Ésa es una interpretación de los datos. Pero creo que han quedado para subsistir y de hecho hemos tenido que salir desde la Coviar con un plan del BID de 50 millones de dólares para incorporarlos al negocio. Si bien hay más no implica que el proceso sea positivo; ha sido un proceso devenido de una crisis que ha atomizado el sector”.

La integración

Guillermo García, titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), coincidió en que “no se nota un aceleramiento de la caída de los más pequeños como en los 90. Es como que a partir del crecimiento de las exportaciones en 2003, la situación se ve en alza. En este proceso influyó la apertura al mundo, la devaluación, el aumento de las exportaciones y el crecimiento económico”.

Recordemos que García pasó por el Fondo para la Transformación y el Crecimiento y tiene claras las acciones que ha llevado a cabo el Estado en cuanto a financiamiento para los viñateros. “El Estado ha dado créditos para garantizar cosecha y acarreo y también para enfrentar los accidentes climáticos con malla antigranizo”.

El titular del INV reconoce que a muchos pequeños viñateros les cuesta seguir, “pero no advertimos que quieran dejar la actividad. Al contrario, van mejorando y antes sí querían irse; ahora hay señales positivas y por eso es que no se van”.

Pero indicó que la clave está en integrarlos en cadenas porque los actores en el mercado son los que tienen el acceso a la información y a los negocios. Los que están seguramente es porque se integraron. Hay algunos que no lo han hecho pero como son años buenos tampoco dejan la actividad. Los integrados han logrado reconvertir de a poco su viñedo y mejorarlo, poner malla antigranizo e ingresar a un mercado de traslado de mejor calidad”.

Lo que falta

Juan Mangione, de la Asociación de Viñateros de Mendoza, tiene claro también que la integración es una herramienta importante para consolidar a los pequeños viñateros. “Se ha encarado la integración y se la percibe como una realidad. Es una tranquilidad que haya un contrato que garantice la compra de uva”, indicó Mangione.

Pero también planteó algunas materias pendientes: “La defensa contra los accidentes climáticos para los pequeños viñateros y el agua dosificada deberían ser una política de Estado en una provincia que exporta $ 2.500 millones gracias a la vitivinicultura”.

El debate está planteado. En la década que comienza veremos qué sucederá con los pequeños viñedos y quedará demostrado en resultados cuál fue la política que se decidió para su futuro, más allá de los vaivenes propios de la economía.

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