Gabriel Fidel: Mendoza está muy bien posicionada en el turismo del vino a nivel mundial

05/08/11
Fuente: Reportajes.com | Santiago Maradona.

gabriel-fidel[1]El ex Ministro de Economía de la provincia de Mendoza dialogó con Reportajes.com sobre su experiencia en la función pública y nos cuenta sobre su presente en la actividad privada como director de la bodega Piattelli y otros proyectos ligados a la vitivinicultura.

Gabriel Fidel es un hombre reconocido en Mendoza por pasar por la función pública y salir “ileso” de esas experiencias, logrando además tener un gran éxito en el ámbito privado, donde lleva adelante su vida profesional desde finales de 2005, año en que dio por cerrada una nueva etapa de su faceta política.

Fanático del fútbol, aficionado del jazz y apasionado por su trabajo, Gabriel Fidel se muestra siempre enérgico a la hora de hablar de sus proyectos, que actualmente lo encuentran como manager local de Piattelli Vineyards, además de formar parte de Bodegas de Argentina.

– ¿Cómo fueron tus primeros pasos en la vida política?

– Mis primeros pasos fueron en la militancia estudiantil, en el centro de estudiantes de la Universidad. Con la recuperación de la democracia hice muchas cosas: fui dirigente estudiantil y luego comencé a militar en la Juventud Radical, a participar muy activamente. Esta actividad estuvo interrumpida luego porque me fui a estudiar afuera unos años.

– ¿Cuáles son las mayores satisfacciones que te dio la función pública?

– La política me ha dado muchísimas satisfacciones. Primero porque trabajar en lo público, si bien a veces es duro por la exposición y las responsabilidades que hay que asumir, tiene una adrenalina muy especial. La política tiene un sabor muy particular ya que tus éxitos se transforman en éxitos para la sociedad. Y si hago un balance creo que en general he tenido muchas satisfacciones en los distintos cargos que ocupé, algunos más notorios y otros menos visibles. El primer cargo de visibilidad fuerte que tuve fue el de Subsecretario de Turismo, que fue el que me hizo más conocido. Ese cargo me dio mucha satisfacción porque si bien el turismo en Mendoza había sido importante décadas atrás, fue decayendo, y nosotros lo habíamos planteado en la estrategia de campaña electoral del año 1999 como uno de los ejes de diversificación de la economía. Le pusimos mucha fuerza, le pusimos estrategia, hicimos un plan importante.

Ser Ministro de Economía creo que también me dio mucha alegría, fue un cargo que sin dudas me gustó mucho, a pesar de que fue un momento muy difícil para el país, año 2002, en la época del “que se vayan todos”, una de los tiempos más difíciles para Argentina. A pesar de eso procuré establecer lazos y trabajar con distintos sectores y con la gente, lo que me dio un buen resultado y terminó siendo un cargo que me encantó. Más allá de las dificultades que tuvimos lo recuerdo con mucha alegría.

El cargo de Ministro de Gobierno fue un cargo muy importante, pero es un cargo en el que hay más de “rosca” y negociación que cosa concreta y eso no es para mí, yo soy más de la ejecutividad. Ese cargo no estuvo mal, fue una linda experiencia, pero no fue el que más me gustó. De todos modos a mí me gusta mucho ocupar cargos públicos, me han dado muchas alegrías y es evidente que cuando uno le pone motivación, fuerza y ganas las cosas habitualmente salen bien, más allá de errores que pueda cometer.

– ¿Cuál es el momento más duro que te tocó vivir en la política?

– Yo creo que los años 2001 y 2002. Fue muy difícil gobernar, hubo que tomar medidas muy duras. Creo que Roberto Iglesias, uno de los mejores conductores que he visto, tuvo que tomar medidas drásticas, definitivamente en contra de lo que hubiera querido hacer. Creo que las medidas que él se animó a tomar fueron muy feas y se vivió una situación muy difícil. Yo en esa época estaba casándome y tuve que postergarlo un poco porque la situación personal que uno vivía era muy complicada. La recuerdo como una época muy dura.

También me costó tomar la decisión de renunciar: la primera vez que renuncié a un cargo fue en diciembre del 2005, siendo Ministro de Gobierno. La situación interna que se estaba viviendo en el radicalismo en esos tiempos a mí me hacía mucho daño, estaba muy mal personalmente y la decisión de interrumpir mi vida política fue muy dura. Es otro de los momentos que recuerdo que fue muy difícil.

– ¿Cuáles son tus principales cualidades a la hora de hacer política?

– Creo que mi principal virtud es que soy tremendamente ejecutivo. Soy muy ansioso y esa ansiedad puesta en positivo es mi vocación por resolver las cosas rápido. Yo tomo decisiones rápido y las ejecuto. Es una forma de ser que tengo, por eso en la actividad privada puedo estar y me va bien. Es una forma de ser en mi vida: tengo un problema, le pongo la solución al lado y la ejecuto. Esta característica creo que ha sido positiva para las distintas funciones que tuve.

– ¿Y alguna característica personal que te juegue en contra?

– Eso mismo [ríe], ser muy ansioso. Quiero todas las cosas ya y me gusta que todo se haga rápido y a veces eso me hace poner “chinchudo”, aunque lo manejo bien y se pasa en cinco minutos, pero es una forma de ser que por momentos me hace daño. Entonces podría decirte que la vocación por que las cosas se hagan rápido es quizás una virtud, pero también me afecta. De todas formas ahora de grande me he vuelto más paciente, pero cuando era más chico sufría más por este tema.

Creo que hago las cosas siempre con mucha honestidad, pero ser honesto porque no robás no es ninguna virtud. Más allá de ser honesto, como tantos otros lo son y otros tanto no, yo trato de ser siempre honesto con mi forma de ser y eso a alguna gente puede no gustarle. A mí me gusta mucho el consenso, no me gusta perder el tiempo hablando mal de los demás. Trato de mantener relaciones positivas con la gente y creo que esta sociedad está llena de energía negativa, con demasiada gente que pone fuerza en destruir y yo trato de tener otra postura: si hay un gobierno que hace cosas positivas yo lo digo, aunque no sean de mi partido, no me importa.

Siempre pienso que es inútil hablar mal de alguien por hablar: si esa persona es muy buena yo tendré que ser excelente, es decir, no se trata de que el otro sea un desastre para que yo sea bueno. Hay que tener seguridad en uno mismo y en las cosas que uno puede dar, pero yo creo que las sociedades tienen que tener consensos mínimos. Hay cosas que son intolerables, como la pobreza, la discriminación, asumir que haya una parte de la sociedad que tiene que vivir “afuera”, el aceptar que hay que vivir con contaminación ambiental, que se robe. Hay muchas cosas que creemos que tienen que ser así en la sociedad y pienso que hay que tener consenso en la sociedad para que este tipo de cosas no ocurran más.

– ¿Cómo vivís la transición de la actividad pública a la privada?

– Ese tipo de interrupciones han estado siempre presentes en mi vida. Cuando terminé la escuela secundaria me fui un año a Europa y después hice un año entero el servicio militar, así que entre la secundaria y la universidad tuve que parar dos años. Cuando terminé la universidad yo estaba militando en la Juventud Radical y trabajaba, pero interrumpí y me fui a estudiar primero a Chile, donde estuve en la CEPAL, y después pasé dos años en la Universidad de Texas, en Austin, donde hice una maestría. Luego me fui dos años a trabajar a Washington en la embajada argentina y en la consejería agrícola. Recién ahí volví y me reincorporé a la política.

Tengo además vida académica: soy profesor de economía en la Universidad Nacional de Cuyo y mientras retomaba la actividad en el partido empecé a hacer trabajos de consultoría para después ocupar cargos públicos. Cuando terminé el período con Iglesias me fui voluntariamente a la calle y entré a trabajar en la bodega Fournier en San Carlos. Poco más de un año después volví para ser Ministro de Gobierno con Cobos. La interrupción del 2005 quizás fue una interrupción no planificada porque ahí renuncié. Pero me metí en la actividad privada ya con más años y con una familia y el ida y vuelta no se me ha hecho tan fácil como antes. La entrada en la actividad privada en principio me costó un poco, pero me ha ido muy bien y hoy hago cosas que me encantan. Creo que las dos veces que me fui de la función pública tuve la suerte de trabajar en dos bodegas que quedaban lejos de los cafés del centro: una en San Carlos y la otra en Rivadavia, lo que me ayudó a hacer el corte.

– Dónde te sentís mas cómodo, ¿en la función pública o en la actividad privada?

– Me siento cómodo en los dos lugares y en el mundo académico también. Yo en general le pongo pasión a las cosas, tengo un marco conceptual claro y trabajo con la misma energía en todo. Quizás sea una persona muy política de corazón: me preocupa lo público y me gusta la política, entonces me encuentro pensando en los temas públicos aunque esté en la actividad privada. Creo que no dejo de ser un hombre político y un afiliado radical aunque esté en el ámbito privado. Me levanto en la mañana y escucho la radio, leo las noticias, estoy permanentemente informado, siempre participando. Colaboro en la vida de mi partido en la provincia, me encanta la agricultura y me gusta mucho el turismo del vino y me apasiona ser parte de un proyecto vitivinícola sumamente importante y que me genera muchísimo placer. Actualmente estamos construyendo un grupo vitivinícola con Piattelli Vineyards, con una bodega acá y construyendo una bodega en Salta. Además en el turismo del vino estoy trabajando en un proyecto muy interesante con Bodegas de Argentina, con el BID, con las provincias vitivinícolas, con gobiernos y con el sector privado. Por mi forma de ser siempre estoy metido en muchas cosas y las hago con mucho placer. Definitivamente estas actividades son distintas a la vertiginosidad de un cargo público de alta exposición, pero en esta etapa de mi vida tengo una familia y dos hijas y creo que ser papá, tener una familia y tener una esposa que amo es lo que más adrenalina me da hoy en mi vida.

– ¿Qué proyecto te seduciría para retomar la función pública?

– Que Iglesias sea candidato a gobernador ya es proyecto más que suficiente. Es un dirigente en el que yo creo, conozco y apoyo. Yo siempre estoy en condiciones de volver, porque todos los días hay problemas por los cuales luchar. Yo no soy un militante que espera con especulación el momento justo para entrar porque le conviene. La vida se me dio así y empecé un camino en la actividad privada, pero todos los días son ideales para hacer política. Por ahí el que no tiene esa vocación no lo entiende así. Si hoy creyera que es el momento de ir a pelear voy y peleo, y cuando uno pelea con fuerza y con ganas las cosas salen bien. Entonces creo que las condiciones están dadas siempre, después hay que ver quién gana, quién pierde, si podés o no volver, si te convocan. De todas maneras hay que tener en cuenta que actualmente la decisión de hacer política impacta en mi sistema familiar, porque la exposición es fuerte y sos parte de la discusión. Por eso considero que no es fácil tomar la decisión de volver a la política.

– En términos profesionales, ¿qué objetivos te quedan por cumplir?

– Un montón. Estoy metido en medio de muchas cosas: estoy en la primera etapa de un proyecto vitivinícola en el que me he involucrado y quiero que crezca y sea exitoso. La calidad de los vinos que producimos en Piattelli es muy alta, son vinos muy buenos y estamos creciendo. Son los primeros pasos de un proyecto que profesionalmente para mí es muy importante: poder llegar a ser protagonista de la puesta en marcha de un gran proyecto vitivinícola me llena de emoción. Estoy también involucrado en el desarrollo turístico de regiones vitivinicolas no sólo argentinas, sino también de afuera, lo cual es un desafío muy interesante, poniendo en marcha metodologías de desarrollo económico. Hoy soy parte de muchos proyectos y siento que la actividad privada no ha sido una especie de “aguante” para volver a lo público. Eso implica una visión diferente de las cosas, realmente me metí con todo en esto, poniendo mi responsabilidad al máximo y me encanta lo que estoy haciendo.

– ¿Cuáles creés que son los factores que impulsaron el crecimiento del enoturismo en Mendoza a lo largo de los últimos años?

– Cuando vos pensás en desarrollar un destino turístico tenés que analizar cuál es el inventario de recursos que tiene ese lugar, paisajes, cultura, etc. Después es necesario ver cuáles de esos recursos pueden ser transformados en productos turísticos. Mendoza tiene un amplio abanico de recursos, pero notamos que en la vitivinicultura la provincia tenía un verdadero liderazgo que se podía aprovechar, complementado con las bellezas paisajísticas, historia e identidad. En el caso del turismo del vino nosotros vimos que había una tendencia mundial de crecimiento en esta veta turística y que claramente nosotros podíamos marcar un liderazgo, vendiendo el resto de los recursos a partir de ese eje que en el que sos líder. El problema estaba en que teníamos muy pocos recursos financieros y económicos. Se hizo una inversión indirectamente en marketing y comunicación a través de la venta de vino: cada vez que sale una botella de vino que dice “Mendoza” se promociona Mendoza como marca en todo el país y el mundo. Y toda la inversión que hacen las bodegas en publicidad en Argentina y en el mundo refieren siempre a Mendoza, la identidad, el paisaje, etc. Entonces la idea clave fue montarse sobre una estrategia mucho mayor, que es la vitivinicultura, poniendo a la cabeza el turismo del vino, lo cual creo que fue un gran acierto. De esta forma identificamos a Mendoza a partir de su principal fortaleza. Y todo el mundo sintonizó: ha habido un gran crecimiento de operadores que venden el turismo del vino y creo que el mendocino también vivió esto como un beneficio para todos.

– ¿Y qué falta mejorar en este sentido?

– Siempre hay mucho por mejorar. Hay que ampliar la base, tratar de que más regiones de la provincia avancen en esto. Creo que Mendoza todavía tiene una gran deuda en infraestructura y no se trata de un tema de qué gobierno hizo más o menos. Creo que en Mendoza la apuesta al turismo va más allá del presupuesto de la Secretaría de Turismo, sino que es una apuesta mucho más integral. Hay que lograr además que cada vez más gente pueda disfrutar de los beneficios de este crecimiento y es necesario seguir invirtiendo en la promoción de esta región. Yo conozco muchas regiones de vino en el mundo y creo que Mendoza está muy bien posicionada, pero se puede lograr mucho más.

– ¿Observás un cambio en el consumo del vino?

– Creo que el consumidor es mucho más exigente, le exige más al vino que a otras bebidas. Se le exige calidad, pero calidad no solamente a precios altos, sino que hoy el verdadero desafío de la vitivinicultura es brindar calidad en todos sus segmentos o categorías: desde un vino de mesa hasta un vino de alta gama.

– ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

– Me gusta mucho la música, me fascina.

– ¿Tocás un instrumento?

– No, jamás, pero soy muy fanático de la música, principalmente del jazz. Me gusta mucho también el folklore, músicas étnicas y otros géneros. La música está presente todos los días en mi vida. Además de eso me gusta mucho cocinar: en mi casa cocino casi todos los días y me encanta recibir amigos, siempre bajo la condición de que yo sea el cocinero. Otra actividad que me gusta mucho es el deporte: jugué al básquet cuando era más chico y cuando dejé empecé a correr. Me apasiona también ver deporte, soy muy futbolero, leproso de alma. Lamentablemente a veces me dedico más a sufrir que a disfrutar [ríe]. Voy con mis amigos a la cancha siempre, me gusta más ir a la cancha que verlo por televisión.

– ¿Cómo ves la actualidad del futbol argentino?

– Creo que la AFA es un reflejo de lo que es la Argentina, un reflejo de lo que a veces nos pasa, que es mucho atropello, mucho “da todo lo mismo”, negociados vacíos, toma de decisiones que luego se hacen marcha atrás. Me da pena por los hinchas de River, pero hay que aguantarse. Si se hiciera este nuevo proyecto de campeonato a mí me convendría como hincha de la Lepra porque estaría en un año jugando en Primera División, pero creo que a estas cosas hay que planificarlas mejor. La falta de planificación es un problema central en la Argentina y de repente nos encontramos con problemas como el conflicto de falta de combustible, por ejemplo. No planificamos y las decisiones se toman a las apuradas. Planificar no sólo te permite prever, sino que también permite consensuar y definir un camino al que vamos todos juntos. Lo que está pasando con la AFA demuestra que las decisiones se toman sin pensar, se toman de acuerdo a lo que conviene en el momento. Yo creo que sí hay que hacer cambios en el fútbol argentino, pero los cambios hay que hacerlos con tiempo, no porque descendió River, había que hacerlos antes. Si no descendía River nadie se planteaba nada y ni se hubiera pensado en hacer cambios.

– ¿Tenés algún hobby que no hayas podido hacer por falta de tiempo?

– Tocar el violín. Y me gustaría dedicarle más tiempo al deporte. También me gustaría viajar más por placer.

– ¿Y un desafío u objetivo profesional postergado?

– Hago todo lo que me gusta y quiero crecer en lo que hago. Pero también me gustaría escribir en algún momento un libro, un trabajo importante sobre los temas de economía en los que trabajo. Otra cuenta pendiente es el doctorado: tengo una maestría en Estados Unidos y un diplomado hecho en la CEPAL, pero el doctorado es algo que me gustaría hacer.

FOTO: http://elsolonline.com/archivos/imagenes/fidel-240.JPG

COMMENTS