Industria chilena del vino: Si fuera por una botella

09/04/10
Fuente: El Mercurio | Foto: Pablo Mardones.

mercurio chileUna guerra de propaganda sobre los efectos del terremoto afecta a las viñas. Enclavado junto al río Tinguiririca, entre la ruta Panamericana y el Pacífico, el Valle de Colchagua es comparado a veces con la Toscana (italiana). Entre sus gentiles colinas y hermosas villas hay viñedos que producen algunos de los mejores tintos chilenos. En esta época del año, durante la vendimia, el valle está particularmente vivo, con diversos festivales. Pero no este año, como resultado del terremoto que golpeó al centro y sur de Chile el 27 de febrero, sólo dos de los numerosos hoteles del valle y menos de la mitad de sus 18 viñas están abiertas a visitantes, y todos los festivales, excepto por algunos eventos para recolectar fondos, han sido cancelados.

Aún así, los viñateros de Colchagua prefieren destacar lo positivo. Contrario a lo que sucedió con las manzanas, que también se producen en el valle, las uvas no se perdieron, y la vendimia ha continuado más o menos de forma normal, a pesar de que hay escasez de recolectores. Muchos temporeros han encontrado trabajos en las labores de reconstrucción o están ocupados reparando sus propias casas.

El terremoto también dañó las instalaciones de varias viñas. Cuánto vino se ha perdido y cuánto tiempo y dinero será necesario para que la industria vuelva a la normalidad, se han convertido en temas de feroz debate.

Vinos de Chile, la asociación de la industria, asegura que se perdieron 125 mil litros de vino, debido a la ruptura de las barricas y botellas almacenadas. Un quinto de las pérdidas fueron en el Valle de Colchagua. La pérdida suma sólo el 12,5% de la producción nacional de 2009, que fue un buen año. «Hemos tenido exceso de inventarios por un bueno tiempo, y no hay peligro de escasez de vino chileno, ni en el país ni en cualquier país del mundo», insiste René Merino, el presidente de Vinos de Chile. Sin embargo, afirma que los productores podrían tener que elevar los precios hacia finales de este año si el peso se aprecia debido al flujo de liquidez (que introducirá el Gobierno al mercado) para financiar la reconstrucción.

Pero algunos en la industria dicen que las cifras de la asociación están subestimadas, para tranquilizar a los compradores y proveedores extranjeros de que las ventas no serán interrumpidas y para evitar que los cultivos suban de precio. «Están tratando de defenderse contra sus competidores argentinos que han estado advirtiendo a los importadores exrtanjeros que Chile estará fuera del mapa por algún tiempo», dice un analista de la industria en Santiago.

Concha y Toro, el mayor productor y exportador de la industria, ha declinado hasta ahora revelar sus pérdidas, a pesar de que cotiza en Bolsa. Andrés Sánchez, un consultor de la Región del Maule, al sur de Colchagua, asegura que las pérdidas sufridas por el terremoto superan los 300 mil litros.

Un argumento similar pesa sobre la vendimia de este año. Merino insiste en que el terremoto no tendrá ningún efecto. Otros están en desacuerdo. Sánchez piensa que el clima adverso -frío en noviembre y lluvias en enero- hace prever que la cosecha de este año será pequeña. La caída en la producción de vino blanco, producido en gran parte más al norte, en los valles de Casablanca y Leyda, podría llegar a 40%. Los productores en el Valle de Colchagua dicen que el daño en los sistemas de irrigación impidió que algunos cultivos pudieran ser regados por hasta dos semanas. Sin embargo, una primavera y veranos fríos han incrementado la acidez natural de las uvas. Todo esto apunta a una cosecha más pequeña, pero de alta calidad. «Éste será un año excepcionalmente complejo para la industria vitivinícola chilena, y lo que pase dependerá en gran parte de lo que los productores logren hacer con las uvas», dice Sánchez.

También está el factor turístico. Esta industria había comenzado a generar ingresos extras a lugares como Colchagua. Muchas de las atracciones del valle fueron destruidas por el terremoto. Eran construcciones de adobe, lo que las hacía pintorescas, pero débiles.

Carlos Cardoen, dueño del hotel más grande en Santa Cruz, afirma que espera reabrir en septiembre. Pero advierte que tomará dos años para que el turismo en el valle vuelva a la normalidad.
Aún así, algunas viñas escaparon por poco. Una de las que tuvieron más suerte fue Casa Lapostolle, joint venture franco chileno (*). Su viña Clos Apalta, en el Valle de Colchagua, produce el preciado tinto que se vende por US$ 80 por botella en Estados Unidos. La cosecha de 2008 se pudo haber perdido, de no ser por un retraso providencial en el arribo de las botellas desde Francia, según Patricio Eguiguren, gerente general de Lapostolle. «Es la única razón por la que el vino permanece seguro en barriles», dice. En medio de la oscuridad, al menos hay algo que tomar.

(*) Casa Lapostolle es en realidad una inversión francesa en Chile.
«Están tratando de defenderse contra sus competidores argentinos que han estado advirtiendo a los importadores extranjeros que Chile estará fuera del mapa por algún tiempo», dice un analista de la industria.

http://diario.elmercurio.cl/2010/04/09/economia_y_negocios/economia_y_negocios/noticias/d8f79dc6-bae9-4a26-82c0-cd7bb5c1321e.htm

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