La incertidumbre y una cosecha menor alientan la especulación

01/11/09
Fuente: Diario Los Andes | Federico Manrique | Foto: Los Andes.

cosechaLa importación de vino destapó una puja que amenaza a productores y a consumidores. ¿Cómo se explica que en un mercado como el vitivinícola se esté planeado importar entre 15 a 20 millones de litros en un contexto de fuerte caída, tanto en las exportaciones como en los despachos al mercado interno? A simple vista, esta pregunta parece una contradicción, pero la realidad muestra la confluencia de varios factores que tienen al clima, la incertidumbre frente a la crisis y la especulación como las variables claves para entender lo que está pasando. La semana pasada estalló el debate frente a la consumación de las primeras importaciones de vino de los grandes comercializadores (Peñaflor, Fecovita, RPB). El argumento es que, a causa de la especulación por los precios que en el mercado trasladista ya llegaron a $ 2 el litro, hay una sostenida retención de la oferta que no permite completar los pedidos comprometidos tanto en el mercado interno como en el externo. Entonces no queda otra que traer de Chile vinos que pueden costar hasta un 20% más baratos.

En este escenario se estima que los grandes comercializadores van a importar entre 15 a 20 millones de litros de vino. Ahora bien, por qué se habla de importar en un contexto donde al cierre de los primeros ocho meses del año la industria registra caídas fuertes tanto en el mercado interno como el externo.

Según datos del INV, entre enero y agosto de 2009 se han despachado al mercado interno 6,57 millones de hl, frente a los 6,88 millones que se habían enviado en igual período de 2008, un año de por sí malo. Esto marca una caída del 4,39%, según el INV.

El panorama externo no es muy distinto. Según datos de Caucasia Wine Thinking, también en el acumulado enero – agosto las ventas al exterior de vinos y mostos envasados y a granel registran una caída del 38% en volumen.

¿Por qué entonces es necesario importar vino con caídas tan fuertes en las ventas? La primera de las razones es que la última cosecha fue mucho más mala de lo pensado con caídas en la producción del 25% al 30% en relación a la anterior, explica Sergio Villanueva, de la UVA y el Fondo Vitivinícola.

A esto se suma un segundo factor como es la agudización en el país de la tendencia internacional de consumir más vinos tintos que blancos. Se estima que a nivel internacional la relación es 60/40, mientras que aquí es de 80% tinto y 20%. Preferencias de consumo que no tienen un correlato en la producción, lo que ha hecho que hoy falten vinos tintos genéricos, señala Villanueva.

A esto se suma, según Juan Carlos Pina de Bodegas de Argentina, el efecto crisis internacional. La fuerte devaluación que registraron las monedas de grandes productores como Australia, Chile y Sudáfrica, les permitió incrementar sus exportaciones. Oportunidad que Argentina no pudo aprovechar porque aquí la moneda no fluctuó tanto.

Y fue justamente este panorama inicial (y la presunción de que la crisis internacional iba a ser mucho peor y más larga) lo que llevó a muchas bodegas a no comprar ni elaborar grandes cantidades de vino, por lo que hoy no hay stocks suficientes para atender la demanda interna y externa que se está despertando.

Como las bodegas no tienen stocks, tienen necesariamente que salir a comprar vino, en especial tintos (se estima que con lo que hay no se llega a junio de 2010, fecha de liberación de esta nueva cosecha). Y es aquí donde entra a tallar el poder de juego de los trasladistas y su visión de corto plazo (ganancias ya).

“Tenemos demanda insatisfecha de vino porque hay mucha especulación. Esta época es fuerte porque se está comprando vino para abastecer las fiesta, por lo que se espera un panorama muy cambiante y especulador; y la mayor duda es qué pasará con precios y consumo”, opinó Pina.

“Pasado el período de heladas (mediados de noviembre) puede haber más oferta pero se sabe que habrá dos años promedio de reposición de stocks. Esto augura dos años de precios buenos pero con riesgo de perder mercado como ocurrió en el 2004 cuando los valores subieron mucho y los despachos cayeron cerca del 14% ese año”, advirtió Villanueva.

Ahora, esta puja de precios, consecuencias de tener un mercado no integrado en una misma cadena productiva, amenaza por igual a los dos extremos más débiles: productor y consumidor. Es que si suben demasiado los precios (el vino ajustó 35% en los últimos 12 meses) en esta puja de intereses, se corre el riesgo de espantar consumidores, lo que haría caer las ventas y ahí los productores no tendrían a quien venderle sus uvas. Federico Manrique

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