La renovación del vino

20/05/09
Fuente: El Cronista | Jesica Mateu | Foto: El Cronista.

0000227245[1]En este informe especial, los principales responsables de las bodegas más importantes del país reflexionan acerca de las tendencias, oportunidades y dificultades derivadas de la crisis mundial. A pesar de los sacudones financieros que azotan a los mercados del mundo, no todo es oscuridad. Al menos para el sector vitivinícola argentino, una luz se asoma, a lo lejos. Porque, se sabe, en el corazón de toda crisis late una oportunidad. Los principales referentes de las bodegas más destacadas del país coinciden en que es posible crecer en materia de exportación si se sabe capitalizar la excelente relación precio-calidad de los vinos locales.

En ese sentido, Rafael Calderón, gerente general de Salentein Family of Wines, es optimista respecto al crecimiento leve, pero incremento al fin, en la venta de sus productos al exterior. Y Jean Pierre Thibaud, vicepresidente de Ruca Malén, opina que las exportaciones no sufrirán demasiado la crisis aunque, claro, “tal vez crecerían más sin esta recesión mundial. Pero la competencia de importados tampoco es problema. El argentino quiere tomar vino argentino”, sentencia. El empresario también asegura que esta situación global inestable conlleva peligros en cuanto a que hace necesario que la industria realice grandes inversiones y posea capital proveniente, en parte, de un financiamiento bancario que, actualmente, es prácticamente nulo. Pero también considera que surgen oportunidades desde la perspectiva darwiniana: “Los más débiles no aguantan, desaparecen o buscan alianzas que resultan provechosas para los más fuertes”.

Al mismo tiempo, se estima que el consumo mundial no disminuirá significativamente sino que hará virar la atención de aquellos consumidores de alta gama hacia propuestas similares en cuanto a calidad, pero más económicos. “Nuestro país puede sacar provecho de dicha situación ya que se está posicionando como productor de excelentes vinos a precios muy convenientes”, indica el presidente de Viniterra, Adriano Senetiner. Por su parte, Ana Viola, directora de Bodega Del Fin del Mundo, señala que “se suma que el malbec está teniendo muy buena repercusión en la prensa internacional, por lo cual el momento se presenta ideal”. También José Alberto Zuccardi, director de Familia Zuccardi, estima un incremento en la facturación, aunque no tan significativa como entre 2007 y 2008: “La Argentina es el quinto productor mundial de vinos pero está noveno en el ranking de exportaciones, aportando el 4 % del total que se comercializa en el mercado internacional. Sin embargo, como nuestra relación calidad-precio es muy competitiva, podemos ganar una porción mayor de mercado mundial en este contexto”. También Juana Molina, gerente general de Nieto Senetiner, considera que la crisis impactará de manera positiva en los vinos del Nuevo Mundo (Argentina, Chile, Australia): “Los precios de las botellas varían entre u$s 10 y u$s 20. Si bien están un escalón por debajo de las europeas, la calidad es óptima”. En bodegas como Casa Bianchi, la situación global también proporciona un impulso, al menos a sus ventas, “especialmente en mercados donde tenemos trayectoria y aceptación”, dice su presidente, Raúl Bianchi. Así, en un contexto de reorganización del consumo mundial, “nuestro país aumentará su nivel de ventas en volumen, pero estará centralizado en las bodegas líderes, que son las que más posibilidades tienen de lograr alianzas estratégicas y soportar promociones agresivas en mercados como el estadounidense”, opina Adrián Cura, gerente de Marketing de Finca Flichman. Por su parte, desde Humberto Canale, Guillo Barzi destaca el “prolijo trabajo de comunicación que se ha desarrollado en los últimos años a través de Wines of Argentina”, que sentó las bases para insertar a la industria vitivinícola local en el mercado internacional.

Eduardo Fernández Lasnier, gerente general de Trapiche, concede que, ante los escenarios actuales, “se estima que habrá una reestructuración en la estrategia de exportación”. Si bien casi todas las fuentes aseguran que habrá una desaceleración en las exportaciones, Leonardo Spadone, presidente de San Huberto, no comparte el entusiasmo y advierte que “es cierto que la Argentina está siendo cada vez más reconocida en el mundo por sus buenos vinos, pero 2009 va a ser duro para todos”. Suma prudencia Sonia Luna, del departamento de Marketing de Valle de la Puerta: “Es cierto que los consumidores, frente a esta crisis, no dejarán de consumir vinos pero sí estarán en busca de la mejor calidad por el menor precio. La única amenaza a esta oportunidad es interna, y está relacionada con la suba de costos por causa de la inflación y el estancamiento del tipo de cambio, que puede provocar la pérdida de esta ventaja competitiva”. En cuanto a las estrategias, Federico Fantin, gerente general de Agroamerican Group (Tittarelli y Finca El Retiro) apunta que “replanteamos el negocio buscando nuevas alternativas con un plan sustentable en el tiempo, que nos permita afrontar la crisis con mayor solidez financiera. A partir de ahí nos posicionamos abasteciendo a la industria local y del exterior, que está demandando vinos de calidad media y alta”.

Racimo de varietales
Entre las cepas que ayudan a hacerle frente a la crisis, el malbec argentino se lleva todas las glorias. Actualmente se realizan numerosos estudios para conocer su denominación de origen e identificar sus características genuinas. Según indica Eduardo Pulenta, gerente Comercial de Pulenta Estate, “la tendencia es encontrar sus distintas expresiones en función de su terroir”. Por otro lado, Francisco Calusio, director de Marketing de Terrazas de los Andes, aporta un dato a tener en cuenta: “En los últimos años, las exportaciones de vinos premium vienen creciendo alrededor del 30 % anual, traccionadas principalmente por el malbec”. Pero, además de la cepa insignia, existen otras variedades que pican en punta. Dentro de las nuevas tendencias se observa la utilización no sólo de nuevas cepas sino de otras que se habían dejado de cultivar industrialmente. Se trata de un revival muy bienvenido tanto por los productores ávidos de nuevos desafíos como por un público cada vez más exigente que se entusiasma con las novedades embotelladas. Algunas de ellas se vienen vinificando con muy buenos resultados pero otras no pasan de ser una promesa. Suelen ser variedades que ya tienen una importante trayectoria en sus países de origen y que son utilizadas en la Argentina para emular los vinos que allí se obtienen o mejorar los resultados finales, como sucedió en su momento con el malbec. En ese sentido, Gaspar Roby, director de Winemaking de Bodega Navarro Correas, elogia las vinificaciones con tannat “por comportarse bien enológicamente bajo las condiciones de nuestro país, produciendo vinos más accesibles, con buena estructura y color”. También Raúl Bianchi destaca esta cepa de origen francés “que obtiene características similares de potencia aromática, intensidad, estructura y potencial de guarda. El petit verdot, también francés, es una variedad muy interesante para aportar complejidad en los blends. En nuestro caso, desde hace unos años estamos vinificando nebbiolo, una cepa del norte de Italia famosa por ser la base de los barolo y barbaresco italianos, hoy en la cima mundial de calidad y expresión”.

El consumo internacional creciente de algunas uvas hace que, localmente, se las conozca como nuevas cepas. Entre ellas se destacan el torrontés y el bonarda.

Con respecto a la primera, Patricia Ortíz, presidenta de Tapiz, asegura que “la Argentina es uno de los pocos países que la produce, y las zonas ideales son Cafayate, en Salta, y Chilecito, en La Rioja. Es sumamente aromático y, sin ser dulce en boca, presenta una acidez interesante”. Como Tapiz, son varias las bodegas que señalan a esta cepa de origen español como una variedad que resurge con fuerza. Según explica Gustavo Vázquez Astorquiza, brand manager de Hereford y Finca La Escondida, esta uva es reconocida también con otras denominaciones como albariño francés, aris y huevo gallo. “El nombre también se aplica a un grupo de variedades viníferas blancas argentinas no relacionadas con la española, que comprenden el torrontés riojano, sanjuanino, mendocino y de Cafayate”. En cuanto al bonarda, Raúl Jofré, fundador y presidente de RJ Viñedos, considera que “es una cepa que resurgió pero como cepaje de alta gama. Antes no se daba de la misma manera porque no se lo cultivaba para líneas premium, mientras que ahora se está buscando el microclima y el tipo de plantación más adecuados. Tuvimos, por ejemplo, que investigar en la altura de los viñedos para obtener una mejor tipicidad. En poco tiempo, estimo que será, luego del malbec, una cepa emblemática del país”. Por su parte, José Alberto Zuccardi afirma que el país cuenta “con una paleta de variedades de alta calidad muy superior a la que existe en otros países del denominado Nuevo Mundo. Se trata de cepas de origen europeo que han encontrado una tipicidad muy destacada debido a la variedad de suelos y climas con que contamos. En el caso de Familia Zuccardi, desde principios de los años ‘90 trabajamos en el proyecto Santa Julia Innovación, en el marco del cual un equipo de ingenieros agrónomos y enólogos estudia nuevas variedades. Actualmente estudiamos 35 nuevas variedades de uvas para vinificar”, como agliánico, alvarinho, arinarnoa, bourboulenc, carmenere y malvasia nera. Bodegas Lagarde también se suma a la experimentación. “Fuimos pioneros en el desarrollo de cepas como viogner y moscato giallo”, declara su gerente general, Juan Pablo Angelillo, quien también reivindica al bonarda y al torrontés porque, si bien son históricas, “a partir del trabajo en viña y bodega al que se sometieron, se acercaron mucho más a los vinos de gama media y alta con excelentes resultados”. Otro caso de éxito es el sauvignon blanc, que crece notablemente a partir de “cierto aburrimiento provocado por el chardonnay”, considera Laureano Gómez, enólogo de Salentein, quien advierte que “requiere de un lugar y manejo especiales para poder competir internacionalmente y mostrar la tipicidad del perfil que lo describe”. También Cura, de Finca Flichman, destaca a “este cepaje aromático, herbáceo, con cierto distintivo perfume a yesca, por lo que suele calificarse como sutilmente ahumado”. Finalmente, el podio se completa con la cepa pinot noir. Ariel Ansaldo, director de Brands Co –distribuidor oficial de Bodega NQN–, indica que “nunca fue apreciada como un varietal en sí, por lo que la producción local era utilizada para integrar el blend de espumantes. Hoy, en la Patagonia podemos encontrar grandes exponentes de este varietal que requiere veranos menos prolongados y mucho cuidado en planta”. Cepas como pinot gris, cabernet franc, corvina, montepuciano y barbera también vislumbrarían horizontes favorables en el mediano plazo.

La polémica del alcornoque
De la mano de las innovaciones, llegó la polémica respecto al uso de modernos sistemas de cierre, como corchos sintéticos y screw cup (tapa a rosca), que se suman -o amenazan- al tradicional reinado del corcho de alcornoque, cuestionado por sus condiciones de hermeticidad y contaminación de sabores y aromas. En la Argentina, el debate recién comienza. Algunos, como Alberto Arizu, director Comercial de Luigi Bosca, aseguran que el consumidor argentino prefiere el corcho natural. La respuesta respecto de qué modalidad es más conveniente podría estar en el conjunto de estudios que se realizan de manera constante, aunque sin arrojar conclusiones absolutas. El mundo vitivinícola actúa, entonces, según criterios relativos. De todos modos, existen algunas consideraciones y conceptos a los que adhieren los principales jugadores del mercado: el corcho de alcornoque es ideal para vinos de guarda y los sintéticos o a rosca son admitidos en los jóvenes. “Es muy deseable para vinos que no necesitan guarda y que se consumen al año o a los dos años de elaboración”, explica Viola, de Bodega Del Fin del Mundo. Por su parte, Fernández Lasnier, de Trapiche, enumera otras ventajas: “No trasmiten aromas ni sabores indeseables; logran, gracias a sus propiedades elásticas, una inmediata recuperación de su medida, lo que permite colocar los vinos en estiba en forma inmediata; no desprenden polvillo durante la operación de tapado, no demandan condiciones especiales de temperatura y humedad para su conservación y facilitan el descorche”. Por otro lado, a nivel internacional está bien visto el uso de corchos sintéticos porque, como indica Barzi, de Humberto Canale, “no es bueno tener, en vinos de consumo masivo, un 4 % de producto con gusto a corcho”. Coincide Gómez, desde Salentein, quien advierte que “es preferible un corcho sintético a uno natural de bajo precio. Incluso lo es antes que el screw cup, que tiende a mantener un ambiente extremadamente reductivo”. Por su parte, Adriano Senetiner, de Viniterra, pondera que el alcornoque se sigue eligiendo para los vinos de alta gama no sólo por razones de tradición y de prestigio, sino también porque “los ejemplares de guarda evolucionan en botella gracias a la microoxigenación que el corcho proporciona, por lo que se vuelve irremplazable”. Por su parte, Familia Zuccardi se presenta como la primera bodega local en haber presentado, en 2004, un vino blanco a rosca, de su línea Santa Julia. Desde Bodega Tapiz, Ortiz, explica que “para evaluar la eficiencia del corcho de alcornoque, las bodegas suelen analizar cuántas botellas de una partida se pierden por defectos en el corcho, que promedia el 5 %. Lo más grave es que se estima que un 15 % de las botellas de esa misma partida presentarán defectos demasiado leves como para que el consumidor devuelva la botella pero lo suficientemente serios como para que no vuelva a elegir ese vino en el futuro”. En ese sentido, Cura, de Finca Flichman, plantea que, según estudios de focus group, “el consumidor asocia al corcho plástico con baja calidad del producto, no así con el screw cup, que en Europa ya representa el 15 % del consumo y seguramente seguirá avanzando. Hoy, la elección está en manos de la industria por una cuestión de costos y no orientado al consumidor”.

Cuestión de edad
¿Vinos jóvenes o de guarda? La última tendencia se inclina en favor de aquellos cuyo consumo se recomienda hasta tres años después de su producción, lo cual no implica que los ejemplares más complejos hayan caído en desgracia. A criterio de Jofré, de RJ Viñedos, “la tendencia hacia los vinos más jóvenes tiene que ver con el interés que muestra por el vino un mayor número de consumidores.

Beberlo otorga cierto prestigio, además de vincularse con cuestiones de esnobismo y moda. Mucha gente se acercó al mundo del vino sin conocimiento o entrenamiento, por lo que les resulta más fácil entrar con productos más frutales, más fáciles de tomar y, en consecuencia, de menor guarda. Creo que el consumidor curioso y el más joven es el que marca la tendencia hacia los vinos más jóvenes. Pero en cuanto el consumidor entra en confianza, quiere probar y saber sobre productos de mayor estructura. Allí empieza una selección en cuanto a tiempo de guarda se refiere, porque ya han descubierto su propio paladar y comienzan a elegir en función del maridaje y el contexto”. También Spadone, de Bodegas San Huberto, considera que la elección de los vinos más jóvenes “reside en su facilidad para ser bebidos y en que son menos agresivos al paladar; en consecuencia, pueden beberse más seguido”.

Un detalle que puede inclinar la balanza tiene que ver con la ocasión en que será disfrutado y hasta con el plato con que se maridará. Sucede que, con tanta variedad en el mercado, esa decisión es parte del juego que propone el placer de un buen vino y la expectativa de un agradable encuentro. En palabras de Fernando Marcos, gerente de Marketing de Bodega Norton, “un vino de guarda, bien estructurado, generalmente es recomendable que acompañe una comida importante. Y ahí es donde los maridajes se potencian. Pero hay ocasiones de comidas simples donde un vino joven es más adecuado, liviano y frutado”. Por su parte, Marina Miró, jefe de Marketing y Mercado Interno de Trivento, apunta que “el consumidor argentino ha evolucionado, está aprendiendo a elegir un vino de acuerdo a las circunstancias, bolsillo y ocasión”. Y, Alberto Arizu, de Luigi Bosca, sentencia: “Siempre hay espacio y momentos para el consumo de vinos frescos como también para los complejos, criados en madera. Lo que debemos exigir, en cualquier caso, es que sean elegantes y placenteros”.

Oro rosa
Los vinos rosados son, dentro de los productos vitivinícolas de nicho, los protagonistas de un boom. “Son vinos frescos y bien equilibrados que acompañan cualquier tipo de comidas. Claro que, como en el caso de los blancos, su consumo se ve afectado significativamente en temporadas de invierno y otoño”, asegura Ansaldo, de Brands Co. Por su parte, desde Navarro Correas, Roby señala que “representan una alternativa interesante a los blancos tradicionales, manteniendo la frescura, pero en otra gama de aromas y sabores, tal vez siendo más versátiles”. En tanto, José Alberto Zuccardi celebra que “se están superando algunos preconceptos en materia de consumo, como que el vino rosado o los vinos dulces son para mujeres solamente. Hoy, la clave pasa por tener distintos productos que se adapten a situaciones variadas. Es el caso de Malamado, nuestra línea de vinos fortificados premium, con el cual hemos incursionado en el mundo de la coctelería y los cafés especiales”. Norton es otra de las bodegas que produce vinos dulces, como el cosecha tardía que, según Fernando Marcos, “es muy fácil de tomar ya que el azúcar residual genera una dulzura apta para un consumo muy relajado y fresco”. Arizu, de Luigi Bosca, considera que los vinos dulces siguen siendo difíciles de insertar en el mercado ya que, aunque agradan mucho, suelen ser costosos, debido a la complejidad de su elaboración, y el consumidor no siempre está dispuesto a pagar ese precio justo, por lo cual “debemos continuar educando acerca de cómo disfrutar mejor de ciertos platos en compañía de estos vinos sofisticados, aun considerando que no siempre son ideales para el postre. Ciertos quesos, principalmente los azules, se realzan con estos vinos, y aquellos con cierta acidez más pronunciada son ideales para ensaladas, carne de cerdo o foie gras, como nuestro Gewürztraminer Granos Nobles”. Según Angelillo, de Bodegas Lagarde, los que más crecieron en los últimos años fueron los espumantes rosados, los vinos frizzantes y, en menor medida, los vinos dulces. La razón, según el directivo, es que el consumidor busca, de manera constante, nuevas experiencias. A su turno, Juana Molina, de Nieto Senetiner, concuerda con que las ventas en este segmento tienen potencial de crecimiento de la mano del boom de la gastronomía gourmet y el interés, por parte del público, de aprender a maridar la bebida con postres, sushi e, incluso, habanos. Julia Cerutti, gerente de Marketing de Bodega Alta Vista, ensaya una explicación. “El consumo evoluciona hacia productos de nicho por la cantidad de información a la que acceden los amantes del vino. Que la industria ofreciera esas opciones hizo que el resto de la cadena de valor le diera su importancia. Hoy, por ejemplo, los restaurantes proponen un cosecha tardía para el postre, un rosado como aperitivo o realizan tragos con vinos. Y eso hace que el consumidor pueda disfrutar más”. Raúl Jofré, de RJ Viñedos, aporta poesía a modo de conclusión: “Todos los nichos son absolutamente válidos. Pero hay algo muy importante que entender: el vino es el disfrute de momentos”.

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