La tertulia de los soñadores

21/06/12
Fuente: El Conocedor | José Bahamonde.

José BahamondeLos vinos argentinos tienen mucha vida porque los enólogos que deciden sus destinos están unidos por una trama silenciosa y subterránea…

La crítica
Lunes 3.AM un Cabernet merodea por mi copa y genera estas benditas ganas de escribir.
Pienso en este tanguero país de sabiondos y suicidas, el que está de olvido, siempre gris y suele ser un perfecto campo de batalla para egos y poderes. En ciertos círculos no suele ser moneda corriente ejercer el auto análisis, la reflexión, la solidaridad. Parece que el pensar en el otro, ayudar a desplegar alas ajenas, no es tema de conversación en los almuerzos. Esos almuerzos que ocultan realidades y bajo los flashes encendidos desbordan en copas de Malbec. Sin embargo, ahí, donde no están estos destellos de las obscenas máquinas de fotos, ahí, en el preciso lugar donde la farándula del vino parece inexplicable, sucede esta parte de la historia.
Se acaba el compañero con pimientos y agonía, preludio terminado y la urgencia en la pluma que deberá esperar hasta mañana.
El idioma
Martes 4.15 PM ya se fue el rosado del almuerzo y queda en mi mano un puro que espera con cierta dignidad cada bocanada.
Cierro los ojos y vienen a mi mente esas camionetas que apestan a mosto, las manos ennegrecidas por uvas exultantes, algún dolor de espalda que jode mucho y los cds tirados por el piso con algunos clásicos del rock. Esos móviles santificados de los enólogos del silencio, los que se juntan a compartir técnicas y tierras, los que rascan el suelo con una cortaplumas, los que debaten sobre longevidad y juventud, sobre el equilibrio y la potencia de los sueños. Esos guardianes camuflados que quizás y sin saberlo estén hablando un idioma que se debate entre la vida y la muerte.
La brasa, se transforma y un gran cilindro de ceniza desaparece pegado a mis adidas. El fuego, vuelve a ser parte de la tierra.

La tertulia
Viernes 3.00 AM vuelvo a la noche y a una vida peligrosa, a robarle algún secreto que apuro con mi copa de Malbec, 15 dignísimos grados. Sin pensar me meto en la Medianoche del Paris de Woody y me lleva a soñar con las tertulias. Y como inmerso en un sueño veo estas tertulias enológicas sin café, ni tranvías, ni rubias con capelinas y boquilla, estas reuniones inmortales que se dan espontáneamente y los contertulios, de riguroso jean y remeras manchadas de violeta, destrenzan con respeto los secretos de la tierra y los vinos que vendrán.
Lo que me emociona es esa cofradía formada por enólogos amigos que necesitan contar con el otro, que no toleran la oscuridad de las cavas, la soledad de la vida, el absurdo negro de las mentes que guardan lo que saben.
Pareciera que una mano mágica, invisible, hace que confluyan los caminos, quizás porque se sienten solos ante un mundo que nos les simpatiza, tal vez entiendan que los secretos de la tierra los une como hermanos. Y desde ahí guardan las formas, se ponen personajes irreales, saludos de rigor en los concursos, sonrisas dibujadas, y las ganas de volver a ese lugar, donde el viento los despeina. Porque ahí, donde la vida es mas real que el paso del tiempo en una piedra, donde el vuelo del pájaro puede disparar alguna idea, donde las nubes son puñales y el agua gota a gota ganada a las entrañas. Ahí es donde su vida se les muestra en plenitud. Donde están los afectos verdaderos, donde el vino es vino y nada mas y nada menos. Y vuelven a juntarse, se ofrecen sus vinos para la palabra y el sentido, escuchan a su amigo, planean cosas juntos, almuerzan en sus búnkers como en tabernas de corsarios que libres andan por la vida domando los mares y las tierras.
Se fueron hace rato las míticas 3 de un viernes en la melodía de García, se fueron los 15, y me dejaron sus recuerdos…

La gloria
Sábado 11.30 AM enfrío un semillón para el almuerzo, cocinaré, tal vez sea un risotto con curry de Marruecos. Agarro la Mac sin la mísitica de anoche, y me acuerdo que por otro lado en el vino, suceden los críticos y críticas, las necesidades de establecer ciertas verdades, los dictados absurdos de la moda, los cholulos de etiquetas y las siempre pululantes barriqueras que son al vino lo que las botineras al plantel del Barcelona. En otro mundo están las músicas modernas, en otra dimensión los peluqueros, en otra galaxia se discute de madera, grados, acideces y otras yerbas.
Mas allá de nombres y etiquetas, mas allá de apellidos y bodegas, mas allá de tradiciones y de mundos, están esos artistas buscando hacerle un gol memorable a los ingleses gambeteándose a todos los que intenten detenerlos, porque ese equipo es indestructible.
Los vinos argentinos tienen mucha vida en los enólogos que deciden sus destinos, porque están unidos por una trama silenciosa y subterránea, por las venas de las tierras que pisan diariamente.
Argentina, este país herido de frivolidades, promesas y egoísmo, pero también héroe constante de hazañas y proezas, vive en el vino de centinelas soñadores, que a fuerza de trabajo, honor y dignidad quieren escribir una hermosa historia juntos.
Ojalá el resto podamos devolverles una pared redondita y al botín o que nos llevemos puesta alguna marca y la tribuna estalle en un grito, “oh juremos con gloria beber…”

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