La vuelta del vino turista, una buena idea

04/04/12
Fuente: Diario Los Andes.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura, mediante resolución C.9 del 2 de marzo ha dispuesto resucitar el denominado “vino turista”. Como ocurre en estos casos, se han levantado voces a favor y en contra de la disposición. Un análisis objetivo de la iniciativa muestra que tiene aspectos que no deberían desestimarse. En el considerando de la Resolución se expresa que entidades vitivinícolas se han presentado al INV solicitando la determinación de la calidad mínima que debe tener el vino turista.

Se dice al respecto que la disposición adoptada “está dirigida a cubrir el reclamo de la industria vitivinícola que persigue ampliar el consumo de vinos en el mercado interno, en razón de que factores culturales han implicado una disminución sistemática del consumo per cápita en los últimos veinte años en los segmentos de medio y bajo precio, no obstante los esfuerzos realizados en la comunicación genérica del vino a partir del PEVI”.

El diagnóstico es preciso; el problema principal que enfrenta la industria es la secular caída del consumo interno.

Dicha categoría de vino fue instituida en 1974, mediante Ley Nacional 20.860, que se encuentra vigente. La norma dispone que “queda autorizada en todo el territorio del país, la comercialización de un tipo de vino de calidad superior a los vinos de mesa, que deberá mantener en la continuidad esas características”. El Ministerio de Economía de la Nación “determinará el precio de venta al público, que deberá ser fijo, uniforme y obligatorio”.

El INV controlará la genuinidad y características del vino. El art. 5 de la ley dispone que “todos los locales de expendio de comidas y bebidas, hoteles, restaurantes, bares y afines deberán tener existencias para el consumo del vino turista y a la vista del público carteles en los que se indicarán las características y el precio de venta del vino”.

Según la Ley la elaboración y comercialización de esa categoría de vino es voluntaria para las bodegas. La época en que se sanciona es la de máximo consumo de vino por habitante en la historia del país. Una proporción abrumadora de esos vinos eran los entonces denominados de mesa o comunes, buena parte de los cuales dejaban mucho que desear en materia de calidad. La Ley procuró que la industria pusiera al alcance del consumidor de menores recursos un vino de mejor calidad, a precio accesible, en los lugares de consumo.

Debe decirse que al menos en nuestra provincia y en San Juan el objetivo se alcanzó. Aún hoy es fácil encontrar personas mayores que añoran ciertas marcas de vino turista que tuvieron una gran aceptación y penetración en el mercado.

Pero los cambios producidos en la vitivinicultura en las últimas décadas y la sanción en 2003 de una norma que eliminó las categorías de vinos de mesa y finos, hicieron desaparecer en la práctica el vino turista. Claro está que ahora el objetivo que se persigue es casi opuesto al original: hay abundancia de vinos de calidad en restaurantes y afines pero a precios muy altos, tanto en relación al de los alimentos, más aún al ingreso de la población.

Hay que tener en cuenta el profundo cambio producido en el sector gastronómico en el país. Su crecimiento ha sido extraordinario al igual que los cambios en los hábitos de la gente, en que la cerveza y otros sustitutos le ganan la pelea al vino. Razones hay varias pero la principal es que en esos lugares no hay vinos de calidad que compitan en precio. A ese objetivo apunta la decisión de resucitar el vino turista. Su resultado sólo se verá con el tiempo pero vale ensayar, aunque es discutible la obligatoriedad para los negocios de venta de alimentos y bebidas. Sería mejor que fuera voluntario o por medio de un acuerdo de las partes involucradas.

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