Los múltiples orígenes del Malbec

17/01/15
Fuente: Patricio Tapia | El Tiempo/Hablemos de vinos.

Patricio-Tapia[1]Un consumidor más o menos informado sabe, por ejemplo, que muy buenos Malbec vienen de Mendoza.

Por estos días, el vino argentino se encuentra en una cruzada por transmitir que sus Malbec están íntimamente ligados a su origen. Por lo tanto, no hay un Malbec, sino varios. Muchos.

Desde el punto de vista de los periodistas especializados o de los fanáticos, esto son solo buenas noticias. Por fin, al Malbec se le da la importancia que merece. Toda gran cepa en el mundo se debe a su lugar, a su sentido de origen. No hay excepciones al respecto.

Sin embargo, para los consumidores que ven el vino como un producto más en el supermercado, algo agradable que se bebe y hace pasar buenos ratos, la idea de tener aún más información en la etiqueta puede convertirse en un camino hacia la confusión. Y ya es bastante confuso todo el asunto. Es cosa de ver la cantidad de vinos que hay en las estanterías, la cantidad siempre creciente de etiquetas. Y cada etiqueta con su propia jerga, que, en teoría, el consumidor debe conocer.

Un consumidor más o menos informado sabe, por ejemplo, que muy buenos Malbec vienen de Mendoza. Y que Mendoza se encuentra en Argentina. Sin tener información a mano, digamos que de diez personas que beben vino, 8 manejan esa información. Más complejo sería el asunto si preguntáramos dónde se encuentra el Valle de Uco y, más aún, si hablamos en la etiqueta de Gualtallary.

La gran incógnita para los productores argentinos (y para cualquiera en el mundo, la verdad) es hasta dónde pueden llegar antes de que el mensaje ya no se entienda y se pierda entre una jerigonza. Persiguiendo la idea de demostrar que el Malbec es distinto si viene de Tupungato o de Lunlunta, es posible que se caiga en el pantano de la confusión.

Sin embargo, puede que todo esto no importe demasiado. Quizás –y eso es lo que me gusta pensar– se trata de algo equivalente al fanático por la música que, más allá de conocer a la banda, está preocupado de quién fue el productor o en dónde se hizo la grabación o si esta vez esa banda contrató o no a tal o cual guitarrista. Es probable que, para el experto, esos detalles sí se sientan en el resultado final. Para el público que solo disfruta de la música, estos detalles son simplemente irrelevantes. Lo que importa es que el nuevo disco sea bueno y ya.

Con el Malbec o con el Carménère o el Tannat puede que pase lo mismo. Lo importante es que su calidad (alta, en lo posible) se siga asociando con un origen genérico. Mendoza, por ejemplo. Lo demás puede que sea solo para los fanáticos duros, lo que no significa que no sea entretenido aprenderlo, por cierto.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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