El partido más largo de ajedrez

16/02/12
Fuente: Mi vida de cosecha 2012 Blog | Alejandro Vigil.

Tupungato-Ale VigilRecorro el viñedo de Adriana a 1480 m.s.n.m. (en algún post ya la nombré), estoy con el mapa de suelo en mano, verificando las superficie foliar y carga en cada sector.  Cuando comencé, tenía la premisa de homogeneizar los cuarteles, para ello me muní de fertilizantes foliares, por riego, doble mangueras, guano en hoyos…infinidad de cosas que traje por mi paso en el INTA, de la literatura técnica encontrada en años de estudios. Sumado a esto, la idea era lograr los altos puntajes que predestinan como filo en cuello casi la vida o la muerte. Horas de caminar este viñedo. Elaborarlo me lleva a una conclusión extraña cuando miro hacia atrás… ¿Por qué intenté cambiar la naturaleza?, ¿por qué intenté cambiar el terruño?

Es casi innato en el hombre moldear las cosas a su antojo sin comprender la esencia. Cuando yo no este más, este sitio va a seguir e inesperadamente por el minúsculo tiempo del hombre en lo terrenal,  la victoria será de Gualtallary. La impaciencia me embarga el juicio y me deja casi sin aliento al entender que si quiero elaborar esos vinos tengo que respirar a su ritmo. Así, hace unos años abandoné este intento de domar lo natural con lo sobrenatural. Dejé fluir mi sangre en el torrente de esta zona, ¡nueva pero vieja! Estaba esperando con paciencia estas plantas  y ella (Gualtallary) la cambia a consecuencia de su enorme experiencia en enteder los otros componentes vivos de la región. En el medio de esto, Divididos.  Suena el disco “Acariciando lo áspero”, editado a principio de los 90. En Mendoza, tocaban cada tanto en el Estadio Pacifico. Mal sonido, una bola de sonido, más de un recital,  más de un diente perdido, “…y la virgen pasó haciendo ala delta”. A full, pero acá está el mítico, “El 38”.

Bajamos con el ala delta al terreno y volvemos a lo nuestro. Esta infinidad de parcelas dadas por la heterogeneidad enorme de estos suelos fundamentalmente de origen aluvional y eólico, tienen un mensaje encriptado en su carpeta arenosa, para eso pergeñamos una idea casi descabellada que era armar una matriz enorme de vinificaciones , que contuviera las parcelas, sub parcelas. Tres momentos distintos de cosecha , tres vinificaciones diferentes y barriles de distintos tostados. Esto podría desagregar una parcela en más de 100 vinos y ¿para qué?. En general, cuando se elaboran uvas de una parcela ésto se hace en un solo momento de cosecha (momento óptimo) , sin diferenciar las sub parcelas dadas por el tipo de suelo (calcáreo, rocoso, arenoso, limoso, de baja profundidad), dirección y exposición de las hileras.  Tampoco se piensa como fermentar en función de estos suelos y mucho menos como añejar.
En alusión a esto siempre aparece esa palabra: óptimo. Cuando pregunto a que le llaman… y…este es el momento óptimo para cosechar. La respuesta no tarda en llegar. Los taninos están dulces, el hollejo no se seca , la semilla esta crocante…¡¡¡la semilla se despega de la pulpa!!!. En el mejor de los casos y no es criticable, ya que por lo menos tiene un argumento irrebatible. Tiene 14 grados de alcohol potencial. De ahí mi razonamiento es que no hay momento óptimo. Hay una serie de momentos que las uvas nos entregaran distintos perfiles y debemos fermentarlos y añejarlos en función de eso. De esta forma tendremos una película secuencial de los perfiles aromáticos y gustativos que puede entregar una zona sin dañar la expresión global en función de los momentos óptimos de cada persona.
Al final, subí  al mismo cerro de siempre y miré por diferencias de color en el follaje. Todo seguía igual y quería ver  si definíamos nuevas zonas y que momentos elegiremos para cosechar. La lección es obvia. El suelo no cambia lo que si cambia es la vista del hombre.
Esto me hace acordar la cita de Mauricio Llaver sobre Jean Francois Revel que dice “…la multiplicidad de resultados según los lugares, y las cepas, los infinitos matices de sus resultados hacen de la vitivinicultura y de la degustación una partida de ajedrez de infinitas soluciones jamás agotadas”.
Estamos vendiminado el Sauvignon blanc. Antiguamente lo habría llamado verde muy verde, hoy lo llamo con carácter, una acidez filosa, pasto mojado, he preparado un tanque especial para ello, fermentaré a 5 grados con hollejo, el año pasado creo que fue bien , veremos este.
Las fincas en general están muy bien, la cosecha esta arrancando  fuerte, creo será un gran año sobre todo en las zonas altas y en el Valle de Uco donde los rendimientos serán bajos naturalmente, digo buenos en calidad no en cantidad. Tenemos que encontrar el equilibrio para que el productor siga existiendo y la bodega pueda exportar pero me parece que no será fácil.
Agrelo tiene una madurez adelantada para el Malbec y estoy pensando si antes de que termine febrero cosecho los sectores arenosos, no todo, pero si una parte. Este tipo de cosecha me aporta una especia que solo lo he sentido en el Rhone.
Ahora, como todos los años, miro al cielo. Recorro los pronósticos del tiempo cada 10 minutos y maldigo la lluvia, la humedad…. Todos los años igual. Recuerdo a Sejaniovich diciendo:  ¡Es la época de lluvia ¡! No te vuelvas loco! Pero la verdad, caigo siempre en lo mismo, noches largas sentado en la cama sintiendo los truenos y con mi mente recorriendo los viñedos. Mirando la uva, riendo con locas ideas y penando con el agua…
En la semana he recorrido varias degustaciones. Desde el afamado blend americano “The Prisioner” a hermosos vinos argentinos. Sin embargo recomiendo,  si la oportunidad se presenta, no dejar de probar Puligny- Montrachet- Les Referts de Louis Jadot. Las cenas en Mallman de esta semana. Plato exquisito. Un gazpacho increíble.

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