Miguel Agustín Torres: El sector privado ve que el cambio climático puede ser serio

14/11/09
Fuente: www.df.cl |nMarta Lillo Bustos.

miguel torresMiguel Agustín Torres disfruta de un suave Natureo, vino blanco de apenas 0,5º de alcohol, después de una ajetreada mañana de reuniones, en pleno Vilafranca del Penedès, capital de una de las comarcas vitivinícolas más tradicionales de Cataluña, España. Es en esta zona donde está el centro de operaciones de la viña Miguel Torres, marca que hace honor a uno de los miembros de la dinastía Torres, familia que reside en esta zona catalana hace tres siglos. Pero algo sabe raro, y no es el vino. Quizás el hecho de que la cosecha de las uvas moscatel con el que fue elaborado Natureo, así como también del resto de los otros vinos insigne de la viña Miguel Torres, se está realizando 15 días antes de lo habitual. Un cambio en los tiempos de recolección de esta tradicional industria que se observa con claridad ya en los últimos dos años tanto en viñas en España como en el resto de Europa.

El actual presidente y director ejecutivo de Bodegas Torres, es el heredero por cuarta generación de esta empresa familiar. Y está preocupado por el impacto que el cambio climático está generando en sus vides; no sólo por la cosecha, cada vez más temprana debido a las altas temperaturas, sino también por los desafíos e inversiones que significa la adaptación y mitigación de este fenómeno ambiental.

La viña no ha escatimado en esfuerzos. Protege más de 1.500 hectáreas de bosque situadas en sus diferentes viñas, de las cuales 300 están en Chile; tiene una superficie instalada de 12 mil metros cuadrados de placas fotovoltaicas para producir el 11% de la electricidad que consumen sus operaciones en Penedès; opera con 100 m2 de paneles solares para generar 50% del agua caliente requerida para el embotellado, y participa en la creación de un parque eólico en 2010.

También en los próximos meses iniciará un proyecto para aprovechar los seis millones de kilos de desperdicios que se produce al procesar la uva; biomasa que puede generar energía eléctrica. “Calculamos que podemos llegar a ahorrar un 50% de la electricidad que consumimos. Ahora, la inversión es brutal, de unos cuatro a cinco millones de euros”, dice.

Y a Chile llegará Miguel Agustín de visita la próxima semana para supervisar el negocio. No viene desde marzo, cuando asistió a la vendimia, período en que pudo constatar que Chile sigue estable en materia económica y ambiental, a diferencia de España. “La economía chilena tiene bastantes mejores perspectivas que la española. Es una economía muy sana, muy de mercado y muy abierta y flexible, por lo que ha respondido muy bien. Chile tiene una economía preparada para los cambios, mientras que España no”, advierte.

Y en su nueva visita buscará observar los estragos que pueda estar causando el cambio climático en el terreno agrícola local. “Las temperaturas en Chile han subido menos que aquí en España. Así que vamos a ver ahora si me entero de algo”.

– ¿Cuál es el mayor riesgo del cambio climático para el sector vitivinícola?

– Es el tema de las temperaturas. Las vides son muy sensibles al calor, así que si las temperaturas suben, se tendrá que desplazar las viñas hacia zonas más frías, en el caso de Chile más hacia el sur. Será un cambio de escenario extraordinario y habrá que invertir mucho. Pero cuesta mucho que la gente cambie, y más ahora con la crisis.

– ¿Por qué es tan difícil?

– Hablando de las empresas en general, todas aquellas que están en bolsa, ven los beneficios a corto plazo. Mientras más conservadoras, más van a esperar. Pero para las empresas familiares, que en Chile son muchas, es diferente, y más todavía en el sector vitivinícola. Es un sector en el que hablamos de largo plazo. Y por eso creo que las empresas familiares, sobretodo las agrícolas, serán las que más se interesen en esto. Entienden que es una inversión que se va a amortizar en muchos años, pero que conviene para no estar expuestos a cambios de temperatura muy fuertes en el futuro.

– ¿Cuál es la principal inquietud del sector privado?

– El sector privado está viendo que el cambio climático puede ser serio. Y que el impacto, más que venir de los gobiernos o las empresas, vendrá por el lado del consumidor. Porque lo que va a pasar es que al ir a comprar, el consumidor se fijará en los productos que contaminen menos. En el supermercado, se fijará en la botella de vino según cuánto carbono produjo para llegar a esa estantería.

– Este es un gran riesgo para Chile como país exportador.

– Esto será obligatorio para exportar vino chileno a Europa en unos años.

– ¿Las botellas de Miguel Torres en España tienen huella de carbono?

– No. Todavía no es obligatorio. Pero es un paso que hay que dar igual. Puede tardar tres o cinco años.

– ¿Por dónde se contamina más cuando se produce vino?

– En el vidrio. Por eso estamos consiguiendo botellas más ligeras. El peso del vidrio ha bajado ya desde 540 gramos a 410 gramos, con el objetivo de llegar a los 320 gramos. También como parte de nuestro esfuerzo interno, nos fijamos el objetivo de reducir a 2020 nuestras emisiones de carbono en un 30%. Esto comienza en España y cuando lo tengamos bien consolidado, lo trasladaremos al resto de las viñas, como Chile.

– Hay que verlo como un negocio, entonces.

– Es que verlo sólo como un negocio, no va a funcionar. Cualquier asesor financiero va a decir que esto no es rentable. Las empresas tienen que creer que tienen que hacerlo, y que es una inversión de muy largo plazo. Al menos en el sector vinos, tenemos que hacerlo, aunque no sea rentable, porque nos estamos jugando el futuro de la viña. Y si nuestros consumidores lo valoran, pues mejor.

Del precio de la uva a dejar las riendas a su hijo Miguel
Pero no sólo el cambio climático preocupa a Miguel Agustín Torres. El actual precio de la uva también es un tema. «A veces, cuando el mercado se desmorona, los precios de la uva son muy bajos. Chile es un mercado pequeño y, por eso, debiéramos juntarnos las viñas para llegar a un precio básico con el agricultor. Porque los actuales precios no le pagan al viticultor el coste y la producción», advierte.
– ¿Pero es factible tal unión?
– Es difícil, pero debiera hacerse.
– ¿Ve interés en sus pares chilenos?
– Es que cuesta porque hay una visión muy de corto plazo. Y lo que estoy diciendo es que con una propuesta de fijar un precio mínimo, lo que conseguiremos es evitar que el viticultor no arranque la vid para plantar otra cosa.
Esta será una de las tantas tareas que deberá enfrentar su hijo, Miguel Torres Maczassek, de 35 años, quien tomará las riendas de la viña en Chile en diciembre. «Irá a aprender por la vía dura a ser empresario», dice su padre.
– ¿Chile será buena escuela?
– Tendrá que mandar y tomar sus decisiones, y sufrir porque tiene que ir a Santiago a una reunión y regresar pronto a atender clientes en Curicó.

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