Mistura: Banquete Divino, un dios y el nudo de Popeye

28/09/10
Fuente: ArgentineWines.Com | José Bahamonde | Fotos: José Bahamonde.

Mistura 1 José BahamondeAmigos, debería escribir estas palabras vestido de etiqueta, no por el significado en si de lo que intento contarles, sino más bien por lo que representan en mi vida: el loable y contundente triunfo de la igualdad. Entonces si el sentimiento es la igualdad, mi corazón se despoja, tira a la basura la etiqueta y con mis jeans más viejos y gastados de experiencias me dispongo a traducir estas ideas.

Este milagro que tengo en mis manos y en mi pluma, reclama síntesis de palabras para describir un interminable mundo de sensaciones (Roberto Sánchez dixit, gracias Gitano). Debo reconocer que pocas veces sucede esto en las manos de un escritor acostumbrado a la intimidación de la página en blanco. Al llegar hasta aquí sentirás que voy a describir un importante suceso político (en cierto modo lo es), pero no es el móvil la política, ni hablaré de un acontecimiento épico, ni me referiré a una revolución tecnológica, ni caeré en la revelación de un planteo mesiánico, enfáticamente, no. Le dedico este tiempo de tu vida y de la mía a contarte la historia de un simple banquete, si, de una noble reunión de ciudadanos tan comunes como únicos, abrazados alrededor de una mesa.

Mistura 2 José BahamondeEste banquete representa el triunfo de lo universal sobre el individuo, cientos de personas se emocionan compartiendo, alzando sus copas, riendo a carcajadas, haciendo un culto al dios del pan y el vino, en el pagano templo de una mesa. Los comensales pueden disfrutar porque descansan el uno sobre el otro sabiéndose frágiles pero protegidos, eligiendo deliberadamente ver en cada compañero un amigo. Y el banquete genera rápidamente palabras cargadas de optimismo, miradas francas al futuro, con los pies en la tierra debajo de la mesa y el corazón volando por los cielos del sabor.

El compartir, ese gesto tan añorado, tan necesario, tan esencialmente humano, te hace definitivamente más bueno (la bondad de Lola agradecerá seguramente este concepto).

Llevo varios párrafos escritos por mi respeto en presentar lo que debo presentar. Entonces decidido, agarro el micrófono que cae desde el cielo como en peleas míticas de Alí y grito a los cuatro vientos que voy a hablarles de Mistura.

Son las 8 de una tarde húmeda, cierro los ojos, estoy junto a una gran fuente, hay sonido a multitud, murmullos, gritos y risotadas, pasos que corren apurados, besos fugitivos, sonidos de cámaras que intentan retratarlo todo y una música misteriosa que suena como un llamando al rezo. Un etéreo humo avanza y se me cuela con el aroma de una parrilla anticuchera, y sin descanso con el de un chicharrón de cerdo y de ahí en más juego a abrir los ojos como quien orejea las cartas en el truco. Si, es realidad el presagio más perfecto, comienza el rito, el banquete está servido.

Pienso que Mistura es la Feria más humana de la gastronomía mundial y lo celebro. Acá no hay lugar para alardes tecnológicos, en este bendito lugar la grandilocuencia es bicho de otro pozo. Lo tremendo de Mistura es el todo, un todo hecho de pequeñas apasionadísimas partes que se abrazan con la obstinación de un nudo marinero (siempre me quedó esta imagen de Popeye). Cada espacio está sabiamente señalado con vivos colores de telas trenzadas, nada más preciso para representar el espíritu de lo que adentro sucede, gente que decide más allá de sus egos personales, de las marcas de sus empresas, trenzarse con los otros para que el alimento divino que es la cocina peruana emocione hasta las lágrimas a quién pise este maravilloso suelo.

Mistura 3 José BahamondeCruzo unas palabras con Gastón (ese inclaudicable dios de la cocina), me recuerda su sentido de la vida, me tatúa en el alma la palabra integración. Porque Gastón tatúa palabras con el peso de una vida. me meto entre las calles y vivo en mi carne esa integración. Admiro a los cientos de campesinos que vistiendo sus coloridos trajes muestran con orgullo sus cosechas. Vislumbro chaquetas de cocineros hincados de rodillas probando productos amazónicos. Disfruto el carnaval de celebraciones de las diferentes etnias. Me seduce el Munay pan, homenaje al pan peruano. Alegra mi espíritu la presencia de un centenar de restaurantes y puestos callejeros sin jerarquías, sin galardones, sin las frías categorías. Me enorgullece la claridad y el nivel de los concursos, la generosa inclusión de los estudiantes. Me llama el rincón del Pisco, me pierdo en el alma de la semana del chilcano. Justifica mi vida de empedernido amante de los viejos ver las fotos de los cocineros míticos de Perú: Javier, Sonia, Teresa y Sato. En definitiva, camino por Mistura como un devoto en las aguas de un río sagrado. Son 6 días, y me prometo ganar el tiempo en cada abrazo, jugarme los sentidos en cada bocado, exaltar la vida en cada trago. Podría hacer una interminable sopa de letras popular con las palabras que me sobran, sólo prometo que en mi religión peruana y gastronómica, esta es la primera celebración. Confirmo en este banquete de hombres y mujeres libres que mi Dios existe, elijo que sea peruano y que viva comiendo cebiche en el bohemio barrio de Barranco.

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