Never mind the “malo”

16/07/13
Fuente: Vinorama | Patricio Tapia.

LopezPattiCuando lo tienes, no necesitas explicarlo. Esta ahí. Se ve. Todo lo demás, todo lo decorativo, sólo haría que lo que quieres decir, no llegue con la claridad que merece. Los Chanchos Deslenguados en esa terraza del centro antiguo de Santiago, por ejemplo. O el discurso de Carmelo Patti en una cata que acabo de organizar en Buenos Aires. No hay necesidad de adornos. ¿Para qué?

Y, claro, los adornos. Vaya a saber uno las oscuras razones tras esta conexión, pero qué le voy a hacer, aquí va: cuando pienso en adornos, no pienso en madera ni en levaduras de diseño ni en sofisticadas máquinas de fermentación, sino que más bien en maloláctica. Sí, maloláctica. Imaginen lo pelotudo que uno puede estar para pensar en eso. El cerebro frito.

Malo. “La malo”. ¿Por qué cresta siguen haciendo sufrir a los tintos con la malo? Y ojo que sí, que me refiero a esos grandes tintos. López me lo ha enseñado. En este lado del mundo, hay sol. Y sí, puedes cosechar antes, pero también puedes evitar la malo para que la electricidad siga fluyendo en tus tintos. Sí, electricidad que aquí no sobra porque no estamos en Chinon ni en Beaujolais ni en Itata.

Y sí, también confieso que ando pateando la perra. Acabo de ver la última de Malick, “To the wonder”. Y no, no va más. Mi director favorito de todos los tiempos, el tipo que cerro mis difíciles años 90 (y que, de paso, les dio sentido) con la magistral The thin red line, creo que lo he perdido. O, mejor, nos hemos distanciado. No lo entiendo. Dejé de entender sus ideas, me harté de su voz en off que -si antes era poesía- ahora es ruido blanco. Hay que contar historias, Terrence, por la cresta!

No te banco más. Te había perdonado ya algunos detalles insignificantes de The New World. Sí, sí. Debí haberte mandado al carajo ahí mismo, pero no. No lo hice. Y, en cambio, fui uno de los diez pelotudos que se quedó en la sala cuando terminó El árbol de la vida. Sí, yo fui uno de esos diez que se quedaron. Fui uno de esos diez que se quebraron la cabeza para justificar tus cascadas y tus puñeteros dinosaurios. Eso es amor, Terrence. O lo era.

Así es que te puedes ir al carajo. Yo no voy más. No contigo, a no ser que te des cuenta que el cine no es lo que sucede en tu cabeza, sino que más bien lo que ella te cuenta. La luz. La luz. Nadie como tú la maneja así. Pero eso no basta. Vete al carajo con tus tomas de sombras largas porque eso, Terrence, es el puto adorno, la forma reemplazando al contenido. La lucecita naranjita que le queda tan bien a tu cámara, que le da tan bien en la cara a tu actriz hippie de turno. No me jodas más, por favor.

Y los vinos. Patti. López. Gente que cree que no hay que gritar para emitir un mensaje, ni menos posar como estrella de rock o héroe perdido de farándula. Vean la foto. Allí está Carmelo Patti y Eduardo López, ambos sonríen. Yo los vi. No posaban.

* Crédito fotográfico: Gabriel Dvoskin.-

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