Notas de cata: ¿sirven para algo?

13/05/09
Fuente: TodoVino España | Amaya Cervera.

¿Les dicen algo esa sucesión de comentarios y descripciones frutales y de sensaciones que utilizamos para hablar de un vino? Parece algo inevitable cuando se trata de contar lo que hay dentro de la copa, aunque a menudo se critica que las notas de cata se parecen mucho unas a otras. ¿Hasta qué punto es útil y necesario este trabajo de describir los vinos?

Probablemente, una nota de cata se llena de sentido cuando se tiene el vino al lado y se puede experimentar en vivo y en directo. Es posible que muchas apreciaciones se hagan evidentes en el mismo momento en que el vino se desliza por el paladar y además quien lo prueba podrá valorar si las impresiones del autor coinciden o no con las suyas. Sin embargo, la mayoría de las veces el recorrido es a la inversa. La nota de cata, unida o no a una puntuación, es el material que utilizará el consumidor para decidir la prueba o la compra del vino.

El problema habitualmente es que la valoración numérica tiende a fagocitar todo lo que le acompaña. ¿Sabían que el propio Robert Parker, el primero en aplicar la hoy omnipresente puntuación sobre 100, remarca insistentemente en su web y ‘en negrita’ que “el comentario escrito que acompaña las puntuaciones informa mucho mejor sobre el estilo y la personalidad del vino, su calidad frente a etiquetas similares, su relación calidad-precio y su potencial de envejecimiento que lo que podría hacer un número”?

Puede parecer obvio que un vino de 90 o 95 puntos es muy bueno o excelente, pero la cifra en sí no da la menor idea sobre sus características. Alguien que haya decidido llevar únicamente a su mesa botellas que se sitúan en la franja más alta de puntuación podrá encontrarse con estilos tremendamente diferentes y vinos bastante lejanos a su momento óptimo de consumo.

En general, la mayoría de críticos y expertos tienden a razonar y defender los sistemas de valoración que utilizan o intentan dejar clara su postura a favor o en contra de las calificaciones numéricas, pero no se extienden demasiado en sus reflexiones sobre las notas de cata y su utilidad.

El reputado escritor de vinos británico Andrew Jefford constituye una excepción y lanza un par de ideas en este sentido en su web. La primera que “las notas de cata útiles son aquellas que se escriben sobre vinos que pueden durar más de tres años o vinos caros que despiertan grandes expectativas en el comprador”.

Es una visión algo elitista que discriminaría, por ejemplo, hablar o comentar sobre sencillos y en ocasiones deliciosos y fragantes vinos jóvenes o con un breve paso por madera destinados a un consumo más inmediato y que tienen un importante peso cuantitativo dentro del conjunto del mercado. Y también quizás algo ambiciosa si, en el sentido más estricto posible, nos planteamos que una nota de cata no pasa de reflejar el aquí y ahora de un vino: en un momento concreto de su evolución pero también, cosa por lo que algunos autores se están preocupando especialmente en los últimos tiempos, en un contexto determinado.

Comunicar con el consumidor
Desde un punto de vista más operativo, Jefford también señala que las notas de cata deben aportar “valoraciones precisas del carácter y calidad de un vino permitiendo a quienes no lo hayan probado nunca calibrar lo que puede ofrecer y, de este modo, comprarlo, almacenarlo, beberlo u obviarlo”. No cabe duda que cualquier catador-comunicador sería el hombre más feliz del mundo si tuviera la garantía de haber conseguido este propósito con sus comentarios sobre un vino. Nosotros mismos en La Guía TodoVino, acompañamos la descripción organoléptica de un comentario lo más amplio posible sobre el vino y evitamos calificaciones numéricas.

Pero la realidad es que hay notas de cata de todo tipo y condición. Thor Iverson de la página Oenologic realiza una particular clasificación en la que entre otros tipos habla de notas “estructurales” (identificación y análisis de los elementos del vino en un estilo similar al que se enseña a los aspirantes al prestigioso examen Master of Wine), “organolépticamente reiterativas” (estilo norteamericano que apuesta por incluir una larga lista de frutas, vegetales, etc.), “metafóricas”, “imaginativas”, “educativas…”. Desde su punto de vista, la “nota útil” debería incluir además de las impresiones sobre el vino (desde cualquiera de los puntos de vista anteriormente descritos), su nombre correctamente expresado (y no abreviado) y, sobre todo, la suficiente habilidad comunicativa como para alcanzar efectivamente al consumidor.

La cruda realidad es que un mensaje que no llega con éxito al destinatario (o por lo menos a algunos destinatarios) es inútil. ¿Es algo que nos planteamos con la suficiente frecuencia quienes redactamos notas y comentarios de cata?

Jamie Goode, probablemente el más reputado comunicador de temas técnicos y científicos relacionados con el vino, plantea otra preocupación: “Una de las perennes frustraciones cuando se escribe de vinos es la pobreza lingüística que tenemos para describir sabores y olores y la dificultad de comunicar lo que experimentamos”. Y lanza una pregunta demoledora: “¿Alguien es capaz de reconocer un vino por su descripción o nota de cata?”.

Desde luego que si tomáramos de nuestra Guía una nota al azar quizás podríamos establecer la tipología del vino y su nivel de calidad (los vinos más complejos se ganan una lista más larga de descriptores), pero realmente sería una lotería asociarla a una marca o a una añada concreta.

Quizás el quid de la cuestión sea la distancia –¿abismo en algunos casos?– que separa al experto del consumidor. Cualquier persona que imparte cursos de cata a principiantes o consumidores habituales que buscan fundamentalmente el disfrute del vino pero que no son apasionados se enfrenta a diario a la misma pregunta: ¿cómo es posible detectar tantas cosas en la copa? Los propios expertos han experimentado esta sensación en sus inicios. ¿No deberíamos intentar transportarnos con mayor frecuencia a ese momento?

Una nota de cata excesivamente técnica no será comprensible para una mayoría de consumidores. ¿Pero quiere eso decir que hay que contar un vino de una forma tan simple y sencilla que corramos el riesgo de desvirtuarlo? ¿Debemos renunciar a emplear conceptos básicos como “taninos” o “acidez”? A veces es difícil mantener el equilibrio entre divulgar, formar y guardar fidelidad a la compleja realidad que se esconde tras un vino.

Por otro lado, además de la información que se recoge en la nota de cata, importa y mucho la forma en la que ésta se transmite. Es un hecho que algunos comunicadores y críticos tienen la capacidad de conseguir que uno quiera salir corriendo a la tienda más cercana para hacerse con algunas de las etiquetas que reseñan con tanto fervor. Si la experiencia de un aficionado que sigue la recomendación es positiva, no es extraño que acabe depositando en el experto su preciosa confianza.

De hecho un crítico de vinos no sólo obtiene reconocimiento por su contribución a la literatura vinícola o por la influencia que pueda ser capaz de ejercer sobre el mercado, sino también por sus habilidades comunicativas. A menudo el peso Robert Parker queda reducido al tremendo poder de sus valoraciones numéricas, pero se suele olvidar que impulsó una forma completamente diferente de hablar sobre vinos gracias a sus notas de cata muy descriptivas, con gran proliferación de detalles aromáticos y gustativos, pero sobre todo cargadas de entusiasmo.

Miles de catas navegan por la Internet
La novedad hoy es que, gracias a Internet, escribir notas de cata ha dejado de ser una tarea de profesionales. La creación de comunidades y redes sociales, y en especial la aparición de la web 2.0 que multiplica las posibilidades de intercambiar información entre usuarios ha disparado la presencia en la red de comentarios de cata de todo tipo y condición.

El objetivo en este caso es plasmar una apreciación personal y compartir experiencias con otros aficionados. No hay por tanto una reflexión detrás sobre la necesidad de llegar a interlocutores de distinto tipo, de adherirse a determinados criterios o de establecer una coherencia en la metodología y la forma de comunicar. Desde este punto de vista, la nota es útil desde el mismo momento en que satisface la necesidad de expresarse de quien la escribe.

Paradójicamente, fue un hombre de la “red”, el blogger Alder Yarrow de Vinography, quien a mediados de 2006 escribió que la mayoría de redes sociales creadas en torno al vino no acabarían representando una alternativa a los gigantes hegemónicos de la crítica vinícola. Algunas de las razones que aducía para ello eran que debería de haber un número realmente alto y variado de vinos reseñados, que las habilidades redaccionales y comunicacionales de los aficionados eran bastante limitadas, o que no contaban con la motivación suficiente para incluir con regularidad comentarios de todos los vinos que probaban.

Lo que sí es cierto es que en la que se está convirtiendo en nuestra primera fuente de información, Internet, hay una increíble cantidad de notas de cata de todo tipo y condición, desde las más serias y profesionales (porque todas las publicaciones de referencia y los grandes críticos están ya sólidamente asentados en la red) a mensajes tan prescindibles como este vino “me gustó” o “no me gustó”. Esto pone frente al consumidor (en sus distintos grados de bebedor ocasional, aficionado o entusiasta) una variada oferta en la que al menos podrá seguir los comentarios que más se adapten a sus preferencias o a su particular evolución.

Las notas de cata constituyen la comunicación más básica sobre el vino. Y la existencia de comunicaciones imperfectas o deficientes no invalida la necesidad de describrir los vinos y contar cosas sobre ellos. Podríamos suscribir la afirmación de Jamie Goode de que le preocupa “escribir notas que tengan utilidad para mis lectores, que les ayude a hacerse una idea de lo que realmente pienso de un vino y por qué”.

Probablemente, deberíamos hacer el esfuerzo de plantearnos con frecuencia si los términos y la metodología que empleamos son adecuados y en qué medida pueden mejorarse. Y contribuir a difundir o explicar un lenguaje básico del vino que permita crear un lugar de encuentro entre catadores y consumidores. Después de armar todo esto de una forma más o menos adecuada, hay que esperar que la información resulte beneficiosa para los destinatarios. Nosotros desde luego, nos daríamos por satisfechos si sirviera para que algunos de ellos incrementen su entusiasmo por el vino.

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