Pablo Cúneo y el arte de hacer vinos de alta gama que respeten el espíritu del terroir

18/03/12
Fuente: IProfesional | Juan Diego Wasilevsky.

Pablo Cúneo Ruca MalenEn diálogo con Vinos & Bodegas, el enólogo de Ruca Malén trazó una radiografía sobre su filosofía de trabajo, que apunta a alumbrar ejemplares de calidad. Además, se recorrió parte del completo portfolio que hoy la bodega tiene en el mercado.

En la amplia sala de degustación, dominada por grandes ventanales que dan hacia el frente de la bodega, flanqueada por extensas hileras de viñedos, Pablo Cúneo comienza servir algunos de los vinos que, a lo largo de unas horas, irán degustándose.

Para quienes lo conocen, demás está decir que es el enólogo del a prestigiosa bodega mendocina Ruca Malén, propiedad de la familia Thibaud. Para aquellos que no están tan familiarizados con su nombre y su historia, simplemente basta destacar que es una de las personalidades más respetadas de la industria.

Cúneo sabe de lo que habla. Lo hace con humildad, pero con mucha pasión. Y, sobre todo, autoridad.

Desde la bodega, emplazada en pleno corazón de Agrelo, Luján de Cuyo, el enólogo ensaya una síntesis del espíritu de Ruca Malén: «Básicamente, nuestro objetivo es elaborar vinos placenteros, que mariden bien con las comidas. Pero principalmente eso: que causen placer».

La degustación, que abarcó gran parte del portfolio que la bodega hoy tiene en el mercado, se abrió con Yauquén, la línea entry level cuyo perfil está vinculado con el de los vinos jóvenes, con una fruta bien al frente y un paso bien jugoso. Vinos sin grandes complejidades, con la franqueza del terroir, amables y gráciles…

La apertura corrió por cuenta del Yauquén Chardonnay 2010.

Se trata de esos Chardonnay elegantes, con buena amalgama entre lo floral y lo frutal, y con un toque tropical pero muy leve, muy lejos del estilo americano, donde abundan las notas de manteca y banana. El hecho de que no haya hecho maloláctica, sumado a una cosecha temprana de las uvas, son factores que le otorgan a este ejemplar un perfil definitivamente fresco, con excelentes niveles de acidez. Lindo ejemplar que en vinotecas actualmente ostenta un precio sugerido de $47.

«Mi perfil pasa por expresar el verdadero potencial de la uva. En blancos, mi filosofía en particular y la de la bodega en general, es evitar hacer maloláctica, lo que nos permite ir hacia vinos frescos, más ácidos«, explicó Cúneo.

Luego, fue el turno del Torrontés 2010, una etiqueta con «ADN» 100% salteño, más precisamente, de Cafayate.

En nariz es un ejemplar sumamente expresivo, intenso, con un desarrollo en boca donde se potencian los aromas cítricos, acompañado por una acidez óptima. Este Torrontés, fragante, corre por el paladar con suma gracilidad.

Cúneo festejó el perfil que fue tomando esta cepa en los últimos años: «Con el tiempo, esos amargos rústicos típicos del Torrontés se fueron suprimiendo y se ha cambiado hacia algo más elegante«.

Antes de pasar a los tintos, Cúneo destacó que «el manejo de los viñedos en los blancos es clave. Las bayas tienen que estar muy bien tapadas por el follaje, que no les dé el sol, para evitar que tomen esos colores dorados, es decir, fenoles que luego pueden impactar en el vino».

Dentro de la línea Yauquén se perfilan con chapa de best-value algunos de los vinos tintos, como el Malbec 2010.

 

Este ejemplar, que actualmente también se puede encontrar en vinotecas a un precio sugerido de $47, se presenta como un Malbec con su clásica fruta roja fresca bien al frente sobre un colchón de notas florales. Sus taninos se perciben dulces en boca, sin aristas, lo que lo convierte en un ejemplar grácil, mostrando en definitiva una sólida relación calidad/precio.

Subiendo un escalón en el portfolio, la degustación prosiguió con el Malbec 2009 de la línea Ruca Malén ($71).

 

Este vino tuvo paso por barricas de roble de primer, segundo y tercer uso y el 55% de las uvas provienen de Luján, mientras que el resto son del Valle de Uco.

Esta amalgama fue pensada para obtener un vino con rica fruta, con notas preponderantemente de ciruelas pero con un trasfondo más mineral.

En boca es un vino con buena estructura, más bien vibrante pero con taninos sedosos al máximo. Y a medida que avanza en el paladar, se van desplegando notas de vainilla, heredadas por su paso por madera. Los niveles de acidez óptimos lo convierten en un ejemplar fresco, con un final de persistencia media tirando a larga.

Luego, fue el turno del Cabernet Sauvignon 2009, también de la línea Ruca Malén.

Elaborado con uvas 70% del Valle de Uco, se percibe un pleno dominio de las frutas negras, como las moras, que le confieren mucha concentración en nariz. La pirazina está presente y, si bien no hay desequilibrios o estridencias, no está disimulada -Cúneo es un defensor a la hora de mantener la tipicidad de los Cabernet-. En boca, esta etiqueta se muestra envolvente y de paladar pleno, con buen nivel de untuosidad.

En cuanto al Petit Verdot 2009, es uno de los caballitos de batalla de la bodega, dado que desde hace varias añadas viene quebrando stock antes de que llegue la nueva cosecha.

Se trata de un ejemplar bastante complejo en nariz, donde confluyen notas de frutas rojas y negras acompañadas por un colchón de aromas especiados, lo que le confiere un perfil exótico. En boca, este Petit Verdot exhibe un interesantísimo nivel de untuosidad, con buena carga tánica pero, por supuesto, sin ninguna arista. Es un vino amable, sin dejar de ser interesante.

Posteriormente, llegó el turno de la línea Kinien, uno de los puntos altos de la bodega.

Para la ocasión, se degustó el Malbec 2008, etiqueta que tiene un precio sugerido de $167.

Tiene el perfil de esos Malbec bien concentrados, con buena amalgama entre fruta y madera, donde despuntan aromas a café y un touch ahumado esperable, dado que este ejemplar pasa entre 14 a 16 meses en barrica. Es un vino bien carnoso y con taninos granulosos, lo que le confiere mucho carácter y personalidad, sin resignar elegancia, fiel al estilo Ruca Malén.

«Para este segmento se seleccionan parcelas específicas, aquellas que tienen más potencial», detalló Cúneo, quien agregó que «esto es clave, especialmente en esta cepa, dado que el material genético que encontramos en Mendoza es muy heterogéneo».

A la hora de «diseñar» un vino de guarda como este Kinien, el experto detalló lo importante de dar con un equilibrio desde el día cero: «La acidez da relieve y jugosidad. Pero del otro lado tenés que tener un balance, como la dulzura de la fruta y el aporte de la madera. A esto se suma que, para preserva un vino en el tiempo, es fundamental contar con la carga de taninos, la concentración y la intensidad aromática indicadas».

La concentración de este vino está basada en los bajos rendimientos que obtienen de los viñedos.

Para ello, los trabajos de raleo son clave. Así, mientras que para la línea Yauquén están en unos 11.000 kilos por hectárea y en Ruca Malén apuntan a 9.000 kilos, la línea Kinien nace a partir de parcelas con rendimientos de 6.000 kilos promedio.

Por la gran multiplicidad de variables y pese al cada vez más difundido uso de la tecnología, para Cúneo, elaborar vinos de alta gama que respeten la filosofía del terroir, continúa siendo un arte.

Por Juan Diego Wasilevsky
Editor de Vinos & Bodegas
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