Patricio Reich: De un banco neoyorquino a una bodega en Luján

26/06/11
Fuente: Diario Los Andes | Adolfo Sánchez.

int-393764[1]Hace 4 años dejó su trabajo financiero en EE.UU. para pasar en 48 horas a dirigir la bodega familiar en Luján. Su mirada sobre cómo es hacer negocios en Mendoza. Tiene 31 años y hace cuatro trabajaba en medio del mundo financiero en New York. Un día decidió tomarse un avión que lo trajera a Mendoza. Hizo una escala en Santiago de Chile, su ciudad natal y donde aún viven su padres y hermanos, y en 48 horas dejó de estar al frente de una mesa de dinero un banco en EEUU para comenzar a hacer su propio vino en Luján. Patricio Reich es chileno y ya dice que tiene más amigos en Mendoza que en Santiago. Rápido para pensar y carismático, se nota que sabe de lo que habla.

Su oficina en la bodega Renacer está en lo más alto de una torre desde donde se ve la bodega y los viñedos. Descontracturado como cualquiera que tenga su edad, habla de todo sin prejuicios ni temores: de su negocio, de política, de fútbol y de lo que se le pregunte.

Su decisión de estar en Mendoza no es menor. Y aunque le va bien en los negocios, tuvo motivos mas que de sobra para abandonar la provincia y volverse a su país. Cuenta que cuando alquiló su casa en la 5° sección de Capital, sintió que “vivía” en Mendoza y que ya tenía su lugar. Le llevó dos meses comprar los muebles y dejarla a su gusto.

Pero un día del año pasado, estando con su familia en Chile, le robaron todo. Describe que fue como una mudanza, porque le sacaron hasta las tapas de los interruptores de la luz; los muebles; las pertenencias. Y más: le desguazaron su auto -un Mini Cooper- para llevárselo en partes porque no lo pudieron sacar de la cochera. Sin embargo, se quedó. Dicen que los chilenos tienen en la sangre una obstinación por reponerse de las adversidades. Y Patricio para contar con esa virtud.

El que sigue es un extracto de una charla amena y distendida que buscó hablar de la vida y no exclusivamente de negocios. Intentó rescatar cómo piensa y vive un joven de 31 años que decidió venir a Mendoza. Le dicen Pato y antes de comenzar la charla jugueteó con 13 patos que tiene en la pequeña lagunita que antedede a las oficinas. Pato y su patos, era esa imagen.

-¿Qué hacías antes de comenzar con tu bodega en Mendoza?

-A los 23 años comencé a trabajar en el Sanander Río de Santiago. Trabajaba en la mesa de dinero. Luego me trasladaron a New York. Allí también trabajé en el mismo sector y estudié un máster en finanzas. Cuando se desató la crisis de 2008 ví que era el momento para cambiar.

-¿Y qué fue lo que te hizo volver?

-La familia. Soy el mayor de mis hermanos -son tres en total- y vi que mi viejo ya necesitaba mi apoyo.

-¿Y cómo fue el regreso?

-Duro, durísimo. Le dije a mi viejo que si me volvía, viajaba directo a Mendoza. No quería volver a encariñarme con Santiago. Y así lo hice. En 48 horas pasé de trabajar en New York a instalarme en Mendoza.

-¿Cómo te sentiste con el cambio?

-Pasar de vender intangibles en un banco a vender vino fue muy positivo para mí. Conocer que alguien que haya probado tu vino y te diga “qué bueno que está” es como vender sentimientos. Te sentís realizado.

-¿Recordás un momento en que hayas vivido eso?

-Comiendo en un restaurante llamado Tiramisú, en Santiago. El mozo que me conocía se acercó a la mesa y me dijo “Pato en aquella mesa tomaron una botella de Enamore y me preguntan detalles que no conozco, querés acercarte y comentarles vos?”. Fui, me senté con esa pareja, me contaron lo que les había parecido y pedimos otra botella y charlamos un largo rato. Esos momentos son muy gratificantes.

-¿Estás sólo?

-Sí, estoy sólo.

-¿Formarías una familia en Mendoza?

-Hace dos te años te hubiera dicho que no, pero ahora sí. Me siento muy a gusto en Mendoza y creo que podría formar una familia acá.

-¿Hiciste amigos?

-Sí, muchos. Ya te puedo decir que tengo más amigos acá que en Santiago. Hace 7 años que no vivo en Santiago.

-¿Te gusta el fútbol?

-Sí. Soy de la U (Universidad Católica).

-¿Y en la Argentina?

-Del Tomba, claro. También me gusta un poco River por el paso que tuvo Marcelo Salas.

-¿Qué es lo que más te gusta de Mendoza?

-Qué en 5 minutos estoy dónde quiero. Que dispongo de mi tiempo, en Santiago no pasa esos. Debes disponer de mucho tiempo para desplazarte y llegar a algún lugar. Y qué el 98% de los días hay sol.

-¿Qué es lo que menos te gusta de Mendoza?

-Zonceras. Qué no pueda pagar en la estación de servicio con tarjeta. Que un piquete me demore para llegar a mi trabajo. La inflación tampoco me gusta.

-¿Qué cosas te dan placer?

-Me encantan los asados, andar en bicicleta, esquiar, aunque no soy muy deportista. Y los autos.

-¿Qué auto tenés?

-Un mini (Mini Cooper). Me encanta (muestra una foto en su celular). Ahora tengo uno nuevo, pero siempre me gustaron. Con mis primeros sueldos me compré uno viejo y lo restauré durante años. Cuándo comencé a usarlo me dejaba botado en todos lados. Hasta que mi viejo me dijo ¿cómprate uno que ande? Y le hice caso.

-¿Tenés residencia o domicilio en Mendoza?

-No, acá soy turista. Ahora me alojo en casas de amigos u hoteles. Me cobran una caja de vinos, nada más jajajaja.

-¿Nunca tuviste tu propia vivienda?

-Sí claro. Tenía a mi perro enfermo (un labrador) y necesita su espacio. Por eso arrendé una casa en Martínez de Rosas y Sobremonte (5ª sección). La amoblé con paciencia durante meses. Fue como mi primer pasos para decir “vivo” en Mendoza.

-¿Y qué pasó?

-Estando de viaje en Santiago me llamaron para decirme que me habían robado. La realidad fue que se llevaron todo, todo. Los muebles, las tapas de la luz, la ducha. Una mudanza completa. No me dejaron dada. También me desarmaron el Mini Cooper. Le sacaron las puertas, las ruedas, el techo, la puerta del baúl, el capot, todo. Recién después de casi dos años pude rearmarlo. Fue muy duro ese momento. Imaginate que cuando me llevé lo que quedó del auto a Chile, en la aduana sospechaban que yo había vendido las partes acá.

-¿No te dieron ganas de dejar todo e irte?

-No, volví a la casa y seguí trabajando.

-¿Te gusta la política?

-No me gusta hacer política, pero sí me gusta opinar.

-¿Qué pensás de la política?

-No me gusta que siendo muy joven tuve que enfrentarme a situaciones de corrupción.

-¿En Mendoza?

-Viví en Santiago, New York y acá. En los dos primeros no viví nada de eso.

-¿Qué diferencias ves con Chile?

-Creo que allá hay más libertad de prensa y cuando algo sale a la luz, se resuelve. Acá no veo que pase eso.

-¿Es fácil hacer negocios en Mendoza?

-No. Pero a mayor riesgo, mayor ganancia. Eso lo tengo claro acá. Se puede ganar mucho más acá que en Chile.

-¿Entonces? A vos te ha ido bien.

-Creo que pude combinar lo metódico que tenemos los chilenos con la viveza, la astucia, la inteligencia que tiene los argentinos.

-¿Te has argentinizado un poco?

-Tengo un buen equipo de argentinos que me rodean, jajaja. Saben muy bien acomodarse ante las adversidades. Nosotros -en Chile- Estamos acostumbrados a reglas del juego claras, y acá no son claras. Cambian todo el tiempo. Eso les ha desarrollado a los argentinos una forma de resolver problemas muy rápida.

-¿Porqué decidieron en tu familia hacer una bodega en Mendoza?

-El consumo per cápita en Argentina es más del doble que en Chile. Y a la hora de exportar, mi viejo se dio cuenta que tenía mejores chances al hacerlo desde la Argentina que desde Chile. Vimos que nos podíamos subir a la ola del malbec y nos subimos. Y la verdad es que nos fue muy bien.

¿Cuáles son las tres principales virtudes que debe tener un joven para ser exitoso en el mundo de las empresas?

-Paciencia, perseverancia y ganas.

-¿Cómo se hace con la relación con el padre en una empresa familiar?

-Discutimos, pero no peleamos mucho. Me deja darle mi mirada de las cosas. Es cierto que muchas veces la experiencia le gana a la juventud, jajaja.

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