Pictórica 3

gal-241622[1]21/02/09
Fuente: Los Andes | Eva Rodríguez.
Hoy inaugura una muestra que reúne a tres grandes artistas pertenecientes a una misma generación: Egar Murillo, Fernando Sepúlveda y Daniel Bernal. La cita es a las 12, en la Cava de Arte de Bodega Zuccardi.
Si lo que define a una “generación” es el hecho de haber nacido y haberse desarrollado en determinado contexto epocal y por ello haber estado sometido al influjo de una cantidad determinada de prácticas, creencias, estilos de vida y símbolos culturales, pues entonces podría decirse que Bernal, Murillo y Sepúlveda pertenecen a una misma generación.

Un grupo de artistas con gravitación entre finales de los ’80 y principios de los ’90 que, en virtud de la incorporación de nuevos lenguajes, técnicas y estilos, marcó un “salto generacional” en relación a sus predecesores. Es cierto, no son los únicos. La lista es bastante más amplia. Y cada selección o recorte conlleva necesariamente omisiones. Pero quizás también sea cierto que las trayectorias de los tres condensan, de algún modo, lo medular de esa camada de artistas.

La exposición que hoy a partir de las 12 quedará inaugurada en la Cava de Arte de Bodega Familia Zuccardi (Ruta Pcial. 33, km 7,5 de Maipú) no gira en torno a una temática determinada, sino que más bien funciona como un corte transversal que busca dar cuenta de algunas rupturas -y por qué no, continuidades- que a partir de esos años irrumpieron en el campo del arte, en nuestra provincia.

La muestra puede visitarse en la Cava, con entrada libre y gratuita, todos los días, de 9 a 16.
-Han realizado otras experiencias artísticas juntos y es posible percibir en sus producciones ciertos rasgos de “ruptura generacional” y también de “algo colectivo”, ¿de qué modo funcionó esto en sus trabajos?

-E.M.: Nuestra generación pertenece a un tiempo y a un contexto histórico determinado, que continúa desarrollándose, y aunque nunca formamos un grupo con un manifiesto estético declarado, nos unió cierta ideología anárquica y contradictoria, que pusimos en movimiento para poder romper con las cadenas pesadas, tradicionales, anquilosadas y repetitivas de una enseñanza universitaria, en mi caso.

Aprendimos de las búsquedas individuales de los artistas amigos; a veces también del silencio de nuestros maestros, salvo excepciones. Me refiero al silencio de épocas en las que no podías mostrar obras sobre la Guerra de Malvinas. También aprendimos de la negación absoluta ante “lo nuevo” que podía olerse en el aire. Me refiero, por ejemplo, a la negación de la línea de George Baselitz, según mi punto de vista, tan bella como una de Miguel Ángel.

-F.S.: Yo imagino que las generaciones anteriores, los pintores más académicos (por cuyo trabajo siento un enorme respeto), habrán visto a la nuestra como una invasión de bárbaros. Es cierto lo que decís, irrumpieron procedimientos que hasta ese momento eran extraños a la tradición pictórica mendocina, se desarrollaron técnicas no académicas que nacían para dar solución a trabajos específicos y no pretendían ser una “norma” para los demás.

Entre otras cosas, me viene a la mente el tema de la irreverencia total en relación al uso de “la modelo”, en la figuración. No obstante, Carlos Alonso y otros mendocinos ya habían dado su patadita al tablero… pero tal vez fue a fines de los ’80 cuando ese quiebre quedó expresado con mayor claridad.

Sin ir más lejos, personalmente incorporé a mis cuadros las siluetas que se pintaban en las paredes con los nombres de los desaparecidos en el medio del pecho. Esa mancha negra tenía una correspondencia muy vital con lo que se vivía en la calle, sin detalles, a brochazos. Y aunque no todos los pintores de esa generación trabajaron en esta dirección, creo que sí se hicieron muchas obras con una marcada intención de reflejar esto.

Es posible, entonces, que muchas de estas situaciones nos hayan hecho ver como “grupo”. En mi caso, puedo decir además, que a la par del trabajo plástico con Bernal y Murillo me une una gran amistad y muchas influencias comunes.

-D.B.: Con respecto a si somos un grupo, diría que, más allá de las muestras que hemos realizado juntos, nos une el hecho de pertenecer a una misma camada, lo que hizo que mamáramos ciertos conceptos del arte, y de la vida en general, así como juntarnos a comer ricos asados (risas).

Cada uno de nosotros realiza su obra de modo independiente en relación al otro, pero sí compartimos charlas y críticas que nos son enriquecedoras y que tienen peso a la hora de hacer nuestras obras. También hay que decir que en este sentido, hay veces que somos muy crueles en nuestras apreciaciones.

-E.M.: Si hubiera que sintetizar, y retomando la pregunta, creo que desde nuestros inicios quisimos llegar a una imagen nueva, pero a la vez comprometida con el espíritu motivador de la libertad y con nuevos conceptos por inventar. Aprendimos de la esencia dadaísta del Grupo Poroto, del Grupo La Escalera, de los sonidos contestatarios del punk rock. Buscábamos una salida desesperada a la angustia de la época y a la asfixia, a través de un dibujo quebrado, roto, insumiso y fragmentado, antes de buscarla en el sombreado al estilo del renacentista Rafael.

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