¿Por qué crece el enoturismo en la Argentina?

27/01/12
Fuente: Agencia Télam | Giorgio Benedetti.

La-cava-circular[1]El vino está en la cresta de la ola, se sabe. Y todas las actividades relacionadas con él siguen esta tendencia prácticamente sin excepción. El enoturismo, turismo enológico o turismo del vino no está fuera de ello; ni aquí, ni en las regiones productoras del mundo. Esta manera infalible de acercar el vino a la gente está entre los turismos temáticos que más crecen. Para darse cuenta de esto, basta ver los números que arroja el recientemente publicado Informe de Turismo Vitivínicola 2010 de Bodegas de Argentina: en 2004 fueron 422.896 las personas que visitaron alguna bodega de nuestra geografía, mientras que en 2010 alcanzaron a ser 1.091.664, es decir que la afluencia se multiplicó por más de 2,5 en 6 años, siendo un 70% de los turistas de nacionalidad argentina y un destacable 30%, extranjero (principalmente de los Estados Unidos y Brasil). No es un dato menor que, en promedio, más de 2.990 viajeros lleguen a alguna bodega argentina por día. Ni tampoco que muchas de ellas estén consideradas entre las mejores en prestaciones y servicios a los visitantes a nivel mundial.

Una de las principales causas de esto es la notable mejora que han implementado los establecimientos vitivinícolas en los últimos años. Ya no se trata sólo de visitar un viñedo, ver un tanque de acero inoxidable y probar un par de vinos. Las alternativas se multiplican por docenas: hoy las bodegas tienen restaurantes y alojamientos entre los viñedos; ofrecen paseos a caballo, en bicicleta, en cuatriciclo y hasta en globo aerostático; permiten participar de trabajos de campo, como la cosecha o la poda, además de un sinfín de actividades no tradicionales, como tratamientos de spa y vinoterapia, muestras y festivales de arte, museos, y hasta campos de golf y polo. Las alternativas son interminables y sin duda vale la pena aprovecharlas.

 

Algunos imperdibles en Mendoza

Finca Adalgisa: En Chacras de Coria, esta típica casona de principios del siglo XX rodeada de viñedos fue convertida en hotel boutique una década atrás. Imperdible por servicio y ambiente genuino, no hay que dejar pasar un rato en la sala de degustación, situada dentro de la pequeña bodega.

Restaurante de la Bodega López: A no más de media hora de la ciudad de Mendoza, en la localidad de Maipú, se alza con ventanales y terrazas que ofrecen vista a la Cordillera, a la bodega y a los jardines de la Casona. Ofrecen un menú fijo o a la carta acompañado de los vinos y espumantes de la casa. Está abierto de lunes a sábados al mediodía. Antes o después de la comida se impone una visita a las instalaciones de la bodega.

Casa del Visitante de Familia Zuccardi: Una de las pioneras en lo que a turismo hace. Tiene al mediodía y a la noche dos alternativas gastronómicas más que interesantes: el menú regional (empanadas, asado y postres regionales) y el menú degustación, ocho pasos elaborados con productos de estación y maridados con vinos de la bodega. Además, esta prestigiosa bodega es una de las que más actividades ofrece, con propuestas que van desde cursos de degustación hasta clases de cocina.

Tupungato Divino: En el corazón del Valle de Uco, entre muchas de las bodegas más famosas del país, se sitúa este nuevo lodge y restaurante de neto perfil rural que se alza entre viñedos de Malbec. Las habitaciones son amplias y confortables, con grandes ventanales que permiten apreciar la vista hacia la cordillera de los Andes. El restaurante es impecable; tiene huerta propia y una amplia carta de vinos elaborados en la zona.

Bodega Atamisque: Conocida como “la bodega con el techo de piedra”, por las lajas sanjuaninas elegidas por los arquitectos Bórmida & Yanzón, está inmersa en un complejo repleto de bosques de cerezos, nogales y lagos artificiales con el sello del paisajista Carlos Thays. Además, posee un terreno con grandes desniveles y en lo más alto hay un criadero de truchas que se pueden disfrutar en su restaurante. El menú (de precios accesibles) es a la carta, con tres opciones fijas por día y cinco platos distintos a base de trucha especialmente maridados con los vinos de la bodega.

Posada Salentein: También en el Valle de Uco, esta posada en medio de un paradisíaco entorno agreste cuenta con ocho habitaciones y un restaurante. Pero lo mejor está a pocos metros de allí. Es ineludible visitar el centro cultural Killka, un complejo artístico y gastronómico que integra dos salas de arte con obras nacionales e internacionales, un auditorio, un restaurante y un wine shop. Además, tiene una capilla levantada en piedra. Imperdible por donde se lo mire.

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