Precios, calidad y mercados

18/04/11
Fuente: Diario Los Andes | Luis Fermosel.

uvas blancasEn la recta final de la cosecha, los sectores hablan de precios y de mercados mientras se ratifica la excelente calidad. En el horizonte hay aspectos que preocupan. Restando poco tiempo para el final de la cosecha -más allá de la postergación o no por parte del INV- en las mesas de café las conversaciones se centraban en los valores del vino y de la uva, en la derivación a mosto y en la calidad de los caldos. Sobre el primero de los temas, el de los precios, productores de la zona Este señalan que «siguen deprimidos» por lo que no se cumplieron las expectativas que se habían abierto a principios de la cosecha. En las uvas mezclas, el kilo ronda entre 70 y 75 centavos, se indicó, agregando el informante que los blancos escurridos se mueven en los 90 centavos, los de color entre 1,90 y 2 pesos y el mosto entre 1,10 y 1,20, «pero con mucho plazo, porque ya se habrían alcanzado las 100 mil toneladas». Según se indica, entre Mendoza y San Juan ya se habría derivado un 24 por ciento de la uva hacia ese destino.

De todos modos, cabría señalar también que los precios deben mantener un necesario equilibrio a los efectos de no continuar influyendo negativamente sobre el mercado, más aún cuando el interno está registrando una caída de casi 7 puntos anuales. Y las exportaciones, si bien han tenido un aumento importante, no alcanza a cubrir el 25 por ciento de lo que se elabora.

Al decir de los actores de la industria, lo que sí está asegurada es la calidad de los vinos. «En las blancas, con la cosecha prácticamente terminada, los caldos han sido excelentes y una situación similar se está planteando con las tintas», dijo un dirigente señalando entonces que «las bodegas han sabido esperar y están priorizando la calidad, esperando uvas con mayor concentración y color para lograr vinos de alta gama. Es mucho lo que hemos crecido en este aspecto y eso también es reconocido por los consumidores», destacó.

Por otra parte, se supo también que en los últimos días se ha producido una fuerte demanda de vinos blancos aromáticos, especialmente torrontés, moscatel y Pedro Giménez, de parte del mercado de Estados Unidos. Al parecer ese incremento en las compras respondería a una tendencia que se estaría manifestando en el país del norte, destinada a un mayor consumo de vinos blancos, livianos y muy aromáticos, especialmente de parte de los jóvenes y del público femenino.

Inquietud

Pero más allá de la coyuntura de la cosecha, hay otros temas que concentran la atención de la industria. Uno de ellos es la intención del Gobierno nacional de volver a los aportes tarifados. Debe recordarse que esa metodología se aplicó durante el gobierno de Carlos Menem, que fue modificada por la intervención de Eduardo Bauzá -por entonces ministro del Interior- y de Carlos Abihaggle, que ocupaba un cargo en la Jefatura de Gabinete y que motivó la renuncia del entonces secretario de Ingresos Públicos, Carlos Tacchi.

Se trataba de un aporte «sustitutivo» y contemplaba que el Estado concurría a la bodega, establecía cuántos quintales había molido y cobraba por la cantidad de tachos cosechados, dinero que iba destinado al Issara. Las quejas surgían porque la bodega pagaba por su uva y por la de terceros y también por la que cosechaba con máquinas y, además, debía abonar el aporte tarifado al contado, aún antes de la liberación de los vinos el 1 de junio.

Ahora es el Ministerio de Trabajo de la Nación quien intenta volver a los aportes tarifados y existe la «promesa» de que se van a analizar los aspectos que inquietaban a las bodegas, incluyendo en esa discusión también el precio del tacho de uva. Sin embargo y a pesar de la «promesa» de las autoridades nacionales, la inquietud está rondando en el ambiente local.

Otro tema que «está ahí», como señaló un dirigente de la industria, es la determinación, también en el Gobierno nacional, de aplicar la estampilla fiscal a las bebidas. La resolución determina que se aplicaría a las aguas gaseosas, aguas saborizadas, cervezas, etc. y que el vino quedaría exceptuado por dos motivos: el primero, respondiendo a la decisión de calificarlo «bebida nacional» y en segundo término porque el INV, de manera oportuna, se adelantó y entrecruzó información con un control de etiquetas y envases, sin costo para las bodegas.

Mercado externo

Otra de las preocupaciones pasa por lo que sucede con quienes trabajan con los mercados externos, tanto para la exportación como para la importación.

En el caso de las exportaciones, la inquietud se centra en que «cada vez se hace más complejo el trámite» como consecuencia de una resolución que está directamente relacionada con posibles lavados de dinero. «El Gobierno, a través de la resolución 39/11, fijó una serie de trámites que abarca a toda la industria y que implica una burocracia tán grande, que hace falta personal especializado y que eleva los costos a las empresas», señaló un dirigente. Ante los planteos formulados, la aplicación de la medida fue «suspendida» por 180 días, «pero nada indica que se vaya a dejar de lado», se indicó.

Respecto de las importaciones, el problema pasa por las licencias no automáticas para importar bienes, como es el caso de los tractores viñateros y otros productos también esenciales para la industria. «Y a ello debemos sumar la decisión del Cedronar y sus trabas para la adquisición de soda cáustica, ácido, etc.», que han sido salvadas por la intervención directa del INV. «Son cosas que parecen pequeñas pero que, unidas, nos generan inconvenientes» manifestó el dirigente consultado.

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