Precios chatos y costos en alza

25/09/11
Fuente: Diario Los Andes | Gabriel Bustos Herrera.

int-412603[1]La inflación y el dólar quieto agravan la situación. Además, caen el valor y la demanda. Referentes dicen que hay “un piso que sube y nos aprieta la cabeza y un techo inmóvil”.Despunta el verde en las cepas y ya insinúa buenos racimos. Sin embargo, sobrevuelan angustias entre viñateros y bodegueros y hasta se santiguan pensando en un 2012 de cosecha abundante. Es que el sector está bajo la presión de las políticas económicas macro del gobierno nacional y de una estrategia basada en los intereses de la Pampa Húmeda.

Es decir, la de la soja milagrosa, tónico fiscal que sostiene el modelo político, y los coqueteos de una industria que “aguanta” el dólar, la inflación y los costos internos, próxima al Puerto tibio y al capitalismo de amigos.

Con costos internos empujados por la inflación -la real, claro-, con un dólar chato, con precios relativos en decadencia y con su demanda en baja (tanto en los mercados mundiales como en el interno), en las mesas vitivinícolas se oye aquello de “un piso que sube y nos aprieta la cabeza contra el techo inmóvil”. No compensa (y hasta podría ser peor) la mejora en las exportaciones de vinos a granel, los del escaso valor agregado, tan inestables como cualquier commodity.

Cuestión que complica piel adentro, porque los exportadores apelan a volcar al mercado interno los volúmenes que antes ubicaban en la demanda mundial. Entonces, abunda la oferta (el stock total de vinos, dicen, anda por los 8 o 9 meses de despacho), y eso debilita los precios, sobre todo de los comunes escurridos, que han vuelto a ser el fantasma del vino a pesar del intento de disiparlo con el mosto.

Así, unos y otros se santiguan temiendo una próxima cosecha normal 2012: viñateros (sobre todo los chicos no integrados) y bodegueros (fraccionadores y trasladistas) previenen un mundo complicado por la crisis del consumo en la vieja Europa y al otrora refulgente Estados Unidos.

Los números de la última elaboración -una vendimia normal, después de 2 temporadas anteriores pobres- coincidieron con el INV mostrando el freno de nuestras exportaciones, sobre todo en aquellos rubros de vinos con mayor valor agregado (la caja de vinos finos en torno a los 20 y 25 dólares, que supo ser nuestro fuerte), producto de las crisis en nuestros mercados de Europa -Inglaterra, sobre todo- y Estados Unidos (este último donde va el 40% de nuestras ventas externas).

Y las consultoras del mercado interno, que chequean el ánimo consumidor de tierra adentro, no aportan esperanzas compensadoras: en un seminario, el miércoles, desnudaron que desde Navidad a estos albores de primavera, apenas sí la curva interna se sostiene, con una levísima suba en los envases más modestos. Los viñateros -sobre todo los no integrados- hace rato que en San Juan y en el Este de Mendoza golpean las puertas de los gobiernos y de las cámaras regionales -avispadas de las necesidades electorales- pidiendo auxilios varios para reconfortar la rentabilidad perdida.

Hace un mes, el Fondo de Transformación “puso” 30 millones de pesos intentando secar el mercado del escurrido (quisieron marginar del mercado 60 o 70 millones de litros de vinos sin estirpe), pero fracasaron en el intento: no hay demanda para ese producto. Y los bodegueros, con compras escasas todavía (están abastecidos tras su elaboración propia), con salidas anémicas a despacho y costos de insumos en alza, visitan los despachos metropolitanos buscando algún resquicio que les mejore la tan mentada productividad. Claro, unos y otros se pasan facturas por la situación y a coro reclaman a los gobiernos: los viñateros, precios; los bodegueros, reintegros, y otros, auxilios.

Suena así la queja por el dólar “administrado”, que apenas sí se mueve, más en función de las necesidades electorales de la Rosada (esta semana, el Banco Central puso en la mesa más de 600 millones de dólares para tenerlo en el brete). En la Coviar -convencidos de que nada cambiará en la política económica hasta que se acallen las urnas y luego de ver los mimos de la UIA y de algunos de la Mesa de Enlace- reiteró la semana pasada a Agricultura varias sugerencias para tratar de mejorar la productividad de viñas y bodegas.

Las carpetas proponen una mejora en la devolución de la retención a las exportaciones; acelerar la devolución del IVA -los reintegros se demoran 8 meses y hasta un año- y una propuesta de cambiar inversiones comprobables por rebaja en Ganancias. Obvio: ni soñar con respuestas hasta que las urnas renueven el mandato K. Julián Domínguez trajina en su campaña electoral.

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