Preciosa piedra, preciosos vinos

04/12/11
Fuente: Diario Los Andes | Tania Abraham.

DiamandesBodega DiamAndes, ubicada en el Clos de los Siete, invita a compartir experiencias únicas de la mano de sus vinos. Meditación, travesía hacia la laguna, blend class, la gastronomía con el savoir faire francés, apenas una pista. Cuando la brisa por el Valle de Uco atenúa la potencia del sol, por la mañana, la experiencia DiamAndes comienza. Bajo un cielo diáfano las viñas que se extienden a los lados del camino lucen verdes implacables, más limpios por las lluvias, más brillantes por los esmerados cuidados, y allí en armonía ideal entre el cielo y la tierra, el diamante destella, sutil.

Apenas pisamos la terraza de la impactante construcción una pareja de bailarines de tango despuntan su pasión sobre el suelo de la piedra de esta tierra, bajo la atenta mirada de la gente, ante la mística presencia de Los Andes. Somos privilegiados, pensamos, mientras los acordes del 2×4 sentencian otra danza y más aplausos.

Veronic Bonnie habla del sueño de sus padres, que en 2003 apenas llegaron de Francia para conocer la zona y pocos años después le dieron forma, de bodega, de interesantes vinos, y hasta un Oro mundial de las Grandes Capitales del Vino selló el anhelo ese mismo año.

Sobria, simple, contundente, con la firma Bórmida Yanzón, la edificación se amalgama al entorno, y lo acompaña, a sabiendas de que a esa cordillera nadie le gana en atención visual, por eso los enormes ventanales de todos los niveles miran a la maravillosa geografía de Tunuyán, la incluyen, entonces es involuntario afirmar que somos privilegiados, es un hecho.

Las diversas estancias de la construcción se recorren en la visita, sala de proyección, wine bar, salas de degustaciones, de tanques, hasta la magnífica sala de barricas que deja entrar la luz solar a través de las fases de la escultura del diamante que se inicia en la superficie y desciende, como nosotros, hasta donde descansan los caldos en roble francés. Un nivel más hacia abajo, una nota clásica, los mejores vinos en estiva acariciados por un único halo de luz, el último resquicio de la piedra preciosa en la Cripta.

Síntesis de la dualidad, o de la multiplicación de ellas: lo que los de afuera hicieron y la esencia de esta tierra; los frutos y el trabajo en botellas; el compendio de una ilusión y las venideras.

Vivir la joya de los Andes

El área de vendimia a donde llegan los frutos en pequeñas cajas de 10 kg, para ser enfriados y luego ser seleccionados manualmente, en doble cinta, es la que trae los datos fríos, pero también la cultura del trabajo. La vinificación se realiza por gravedad global -de la vendimia a la barrica- 64 pequeños tanques de acero inoxidable termo regulados aislados con doble pared, tecnología exclusiva de este lado del continente. Posteriormente los caldos contemplan una crianza de 18 a 22 meses en barricas de roble francés.

Hay más data: en una superficie de 130 hectáreas de un terruño areno-arcilloso con numerosos cantos rodados, a 1.100 m de altitud hay varietales tintas: 66% Malbec – 17% Cabernet Sauvignon – 7% Merlot – 7% Syrah – 3% Petit Verdot y varietales blancas: 72% Chardonnay – 28% Viognier. Y también hay cosas que no se pueden cuantificar, como la pasión de los que hacen estos vinos, esto hay que experimentarlo.

Conocedores del paño, prepararon un ardid: nos hacen dar vuelta la cabeza y mirar hacia afuera, hacia la entrada de la zona vendimial. El desmesurado paisaje de viñas, montañas aún con nieves en las recortadas cumbres, y la contundencia del sol mendocino hace apretar los párpados para sostener la mirada. Allí, bicicletas y caballos esperan a los visitantes porque de vinos también se conoce entre las hileras.

Entre dos mundos
domingo, 04 de diciembre de 2011
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Preciosa piedra, preciosos vinos
Experiencias sin límites
La Blend Class es otra de las maneras de abordar DiamAndes, en la sala de degustación bajo la guía de Silvio Alberto, el winemaker de la bodega, el visitante experimenta los sabores y aromas de los vinos y hasta se anima a una fórmula magistral que luego se llevará a casa embotellada y etiquetada. El Malbec, cepa emblemática de este lado del mundo y el Cabernet sino francés, integran el blend, con otros varietales, en porcentajes variables, pero con la constante que se pueden hacer cosas buenas combinando las especificidades de lo de allá y lo de acá.

Vinos y gastronomía y sus múltiples programas bien definen a la casa de vinos y dotan de momentos inolvidables a la experiencia en Vista Flores. El savoir faire francés en la casa de los dueños ?dentro de la bodega- con una cocina refinada, compuesta de un menú de cuatro pasos, es una de ellas. Un tapeo -cuatro tapas y tres copas de vino en el cálido bar del primer piso, con vista privilegiada a los viñedos y a la montañas- puede elegirse para una visita más relajada y si cuenta con más tiempo, el cóctel gourmet será ideal.

El espíritu de los Andes

Si hay algo que no da lugar a dudas es que las experiencias por estos lados involucran todos los sentidos, cuerpo y alma. Quizá por eso el departamento de turismo diseñó una propuesta que rescata el espíritu de los Andes y el conocimiento milenario de la lejana Asia.

Una mañana de meditación se inicia tras un liviano cóctel de bienvenida, una excusa para acostumbrarse a la inmensidad del ambiente, porque las actividades se realizan al aire libre con la brisa en la cara y los sonidos de los cuencos de cuarzo armonizando el lugar. Técnicas de yoga a cargo de un especialista, lo que sigue. Una sesión de masajes bien puede combinarse con lo anterior para luego disfrutar de un almuerzo en las instalaciones de la casa.

Experiencias sin límites

Travesía del Cielo. Imaginen trasladarse hacia el lugar de nacimiento de DiamAndes, arriba, en la montaña. La celebración a la naturaleza que denomina a la bodega con la combinación de “Diamante” (por la laguna) y “Andes” (por la cordillera). Después de un desayuno al amanecer en la plaza central en la casa vitícola, se sube en 4 x 4 a la Laguna del Diamante, a 3.000 metros de altura. Allí se disfruta de un asado con los vinos de la bodega.

Un toque francés. Los propietarios empecinados en unir las dos culturas invitan a deleitarse con uno de los artes que los caracterizan, el cine. En la sala de Microcine privada se proyecta un gran clásico francés para posteriormente, disfrutar de los “Amuses-bouche de Michèle”, la propietaria, quien eligió las recetas de familia para un perfecto maridaje con sus vinos.
Vivir en la casa de los dueños.

La idea es que los que se alojen en la casa vivan como los dueños, compartir las salas de estar, contemplar las montañas desde las terrazas o leer un buen libro al lado de la fuente de agua, apenas una perspectiva. La mejor gastronomía, los mimos de los anfitriones y los vinos que merecen un sitio especial para disfrutarlos.

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