Receta para ser el rey del vino

05/06/11
Fuente: La Nación | Alfredo Sainz.

1388587w900[1]Aurelio Montes, artífice del boom de las bodegas chilenas en el mundo, prefiere no apostar todo al Malbec. En los últimos años, Aurelio Montes se convirtió en el embajador de los vinos chilenos en el mundo. Su bodega Viña Montes, fundada a fines de la década del 80, se convirtió en una de las más exitosas a la hora de ir a conquistar clientes en el exterior y desempeñó un papel clave para reposicionar al vino chileno como un producto capaz de competir en calidad con los que se laboran en el Primer Mundo. Hoy, Viña Montes está presente en 105 países con sus vinos y hace diez años puso un pie en Mendoza, con el proyecto Kaikén.

Su última incursión internacional se concretó nada menos que en el Napa Valley de California, donde comenzaron a elaborar vinos en 2008, a partir de la compra de uvas de viñedos de terceros.
De paso por Buenos Aires, Aurelio Montes anunció un plan de inversiones por 30 millones de dólares en la Argentina en los próximos cinco años con el objetivo de ampliar la superficie que ya tiene plantada de viñedos y duplicar así la capacidad de producción de su bodega en Vistalba.
La historia de Viña Montes es un caso de estudio en universidades de todo el mundo y en diálogo con La Nacion el empresario chileno aceptó contar cuáles son los secretos que explican el éxito de su bodega y que perfectamente se pueden replicar de este lado de la frontera.
Partir en forma austera : «Uno de los mayores errores que se cometen cuando se empieza con una viña propia es realizar una gran inversión inicial, que condiciona económicamente a todo el proyecto. Nosotros, en cambio, decidimos siempre partir en forma muy austera, comprando uva a terceros y alquilando una bodega. Así lo hicimos en la Argentina, donde llegamos en 2001 comprando y recién en 2005 compramos las primeras 70 hectáreas en Agrelo, y esperamos otros tres años para instalarnos con una bodega propia», explicó el empresario.
Montes, además, destaca que el mismo modelo que utilizaron para la radicación en el país lo están replicando en Napa Valley, donde pusieron un pie en 2006, pero todavía no tienen bodega propia.
El foco está en el vino : Montes explica que otro error muy común entre los empresarios bodegueros es poner el foco en el negocio inmobiliario en desmedro del vino. «Lo nuestro no es un negocio de real estate, y por eso lo último que hacemos es comprar la tierra, por más que así nos perdimos algún que otro negocio como en el caso de Mendoza, donde, si hubiéramos adquirido los viñedos en 2005 hubiera sido mucho más barato que hacerlo tres años después. Pero nunca quisimos distraer las inversiones que teníamos para el vino en otros rubros», explica el bodeguero chileno.
Una marca por país: una de las tentaciones más grandes en las que caen gran parte de los grupos empresarios cuando inician su expansión internacional es llevar a los nuevos mercados las marcas exitosas que tienen un país de origen.
«Esta opción resulta la más rápida, pero no es la más conveniente en el largo plazo. Lanzar una marca nueva en cada país es más difícil de entrada, pero, con el tiempo, resulta más redituable porque significa un valor agregado en el portafolio», explica el fundador de Viña Montes, que trabaja con las marcas Montes Alpha en Chile, Kaikén en Mendoza y Napa Angel en California.
Diversificar riesgos: Aurelio Montes siempre tiene en cuenta el fulgurante ascenso y la rápida caída del syrah australiano a la hora de analizar las modas internacionales en materia de vinos. Por eso, tiene algunas dudas de la estrategia argentina de poner todas las fichas en el malbec. «Siempre hay que buscar alternativas válida al malbec. La Argentina tiene un excelente cabernet sauvignon, un muy buen chardonnay y el pinot de la Patagonia para competir en el exterior», explica.
La apuesta al Lejano Oriente: tradicionalmente, las bodegas argentinas decidieron concentrar sus esfuerzos internacionales en mercados de alta visibilidad, como Inglaterra y los Estados Unidos. Aurelio Montes sostiene que lo mejor es apostar a una mayor diversificación, con una especial mirada a los mercados asiáticos. «El futuro del vino pasa por mercados como Corea, Japón y Vietnam», asegura el empresario chileno.

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