Respeto a los mayores, ¿terruño nuevo?

01/02/12
Fuente: Mi vida de Cosecha 2012 Blog | Alejandro Vigil.

Camino a La Rioja  comienzo a recordar los innumerables viajes por los 162 km que separan Mendoza de San Juan. Desde que nací y hasta los 18 años, pasé no menos de 4 meses en la cálida San Juan. Todos mis amigos y las mejores historias, las de verano, fueron en esta provincia. En San Juan se forjaron en mi los valores del amor al trabajo, a la viña, a la amistad, lo que se llaman los códigos de barrio. Es aquí donde por alguna razón, posiblemente trabajar en los parrales, me picó el bicho de la vitivinicultura, el vino del medio día, donde, si no hay pan en el almuerzo no se come  y en que todos teníamos que estar a las 13 hs para almorzar en familia.  dormir La siesta, que obligados dormíamos, los varillazos por escapar a la plaza, la acequia como pileta y el carnaval como excusa para mojar al enemigo…

La idea es poder visitar dos tierras en La Rioja donde comenzamos a plantar viñedos. Una zona de la que hoy se escucha hablar por todos lados debido al tema minero, Famatina y otra a 30 km aproximadamente llamada Ángulos. Hace unos cinco años comenzamos a visitar distintas zonas del Norte y por alguna razón llegamos a Chañarmuyo. Allí recordé que en el año 1997 ó tal vez 1998  visité estas tierras por primera vez. En ese momento venía a realizar un estudio de suelos para una posible implantación de viñedos.  Trabajaba en el INTA. Viaje con Milton González mi maestro en edafología. La cosa es que para mi era impensado encontrarme allí con viñedos  ya crecidos y produciendo uvas de gran calidad. Ese cono de aluviones donde la mayoría del material eran rocas con granitos y caliches casi superficiales hoy era un viñedo de 150 hectáreas. Un día volviendo de Chañarmuyo donde trabajamos hasta este año, pasamos por Ángulos con Alejandro Sejanovich, ahí vimos estas vastas planicies con un entorno único, rodeados de cerros y con una tímida vista hacia la cordillera. Nos miramos e instantáneamente dijimos, “este es el lugar para comenzar una nueva región vitivinícola”. Ahí aparece un recuerdo en mi memoria: Alejandro Sejanovich implantando el primer viñedo de Gualtallary. En ese momento el Jefe de Viñedos era Pedro Marchesky. Nicolás Catena, pionero por definición, se metió en esa aventura que hoy es una realidad. Desde ese momento es que se trabaja para lograr este proyecto.
Lindo día elegimos para viajar. En el camino, a 45 °C se nos ocurrió comer en Chepes, en el restaurante del Automóvil Club Argentino, que no tiene aire acondicionado, un lugar increíble.
Llegamos directamente a Chilecito bajamos las maletas y seguimos rumbo a Famatina. Este terreno no lo conocía, por ese motivo sentí un escalofrió al encontrarme los palos ya puestos que nos permitieron soñar un poco. Nos pusimos a discutir sobre donde podríamos construir la bodega. Este proyecto lo dirige Alejandro Vigiani, jefe viticultor de la zona Este y demás zonas fuera de Mendoza (capítulo aparte para él).
Luego seguimos para Ángulos donde nos encontramos con el viejo lugar donde alguna vez habíamos soñado el viñedo. Caminamos el terreno y aledaños, ya desmontado, las obras de drenaje para riego y veo que esta todo apunta a volverse realidad.
En ese momento pienso si el impacto será positivo para la zona. Que vinos saldrán, cuál será el manejo, las características, este es un lugar donde nunca se ha producido vino. ¿Será como el Gualtallary donde hace tiempo estaba sola la finca de Catena que luego se pobló y plantó en todos lados? Espero verlo. Ya anocheciendo y discutiendo estos menesteres con Luis Reginato, Jefe de Viñedo de zona oeste de Mendoza, con quien nos gustan estos debates, volvemos hacia Chilecito.
En la ciudad de Chilecito recomiendo comer en La Posta. Especialmente Chivo. Lo  lindo en estos valles altos es que a la noche baja la temperatura y permite beber vinos y comer bajo una brisa imperdible.
Hay una pregunta que me nace muchas veces, cuando me encuentro en estas zonas nuevas. En estos terruños que se desarrollan en todo sentido, hasta ahora deshabitados, inhóspitos y que sin lugar a duda nos dan una posibilidad de seguir aprendiendo y creciendo. ¿Sabemos lo suficiente de nuestros viejos terruños?, ¿nos hemos tomado el tiempo para entender la compleja interacción de la naturaleza y la dificultad de lo humano? ¿No estaremos acelerando sin permitirnos el tiempo a descubrir lo que tienen guardado secretamente estos antiguos lugares? ¿No estaremos avanzando a toda costa sin medir las consecuencias?
La realidad es que necesitamos de las dos cosas. Descubrir estos nuevos terruños al tiempo de seguir avanzando y encontrando en los viejos viñedos de más de 50 años y en terrenos que han soportado viñedos los últimos 200 años, la llave del vino identificado con ese lugar. Ahí se me vienen a la mente Agrelo, Lunlunta, Cruz de Piedra , La Consulta. Muchas veces me siento como un niño que no se da tiempo a reflexionar sobre estas zonas que recién comienzan a caminar. Para el mundo vitivinícola 200 años no son nada. Peor es sentirme como esas personas que no valoran la experiencia, la historia, el fundamental respeto para con los mayores para que nuestra vitivinicultora sea seria.
Hace unos meses me fui a vivir a Cruz de Piedra con la intención de encontrar esos secretos desde lo cotidiano. Lamentablemente estoy obligado por ese niño interno a curiosear en las nuevas zonas vitivinícolas que van naciendo.

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