Roberto Luka: Del vino no me voy más; es mi pasión y un negocio noble

978195[1]02/04/09
Fuente: La Nación | Piano 15 | Foto: La Nación.

Roberto Luka, presidente de Finca Sophenia, dirige una de las bodegas que más defiende la calidad de los vinos argentinos y el concepto de terroir. En medio de una coyuntura difícil para la industria de vino en todo el mundo, hay casos que llaman la atención por su optimismo y audacia. La bodega Finca Sophenia decidió invertir en un proyecto que le permite triplicar la superficie construida y albergar hasta 1000 barricas más. Roberto Luka, su presidente y fundador, cuenta cuál es el secreto de este éxito. – ¿Cuál es el presente de Finca Sophenia?
– Te anticipo que estamos terminando una inversión muy grande para expandir nuestra bodega, que empezamos hace poco más de un año. En estos últimos 12 meses hemos triplicado los metros cuadrados construidos, construimos una sala de barricas nuevas para albergar 1000 barricas, importamos de Italia una planta de embotellado y etiquetado de última generación, creamos un área de depósito para estibar unas 300.000 botellas, con temperatura controlada. Y estamos próximos a terminar otra expansión de la capacidad de vinificación. La suba de las ventas ha sido tan formidable que nos ha obligado, por suerte, a hacer estas inversiones, en un momento en que todo el mundo se pregunta si conviene invertir.
– ¿Cómo es el desempeño de la bodega en los mercados?
– En el mercado interno sólo vendemos el 5% de nuestra producción. En 2009 pensamos vender unas 800.000 botellas, de las cuales 40.000 estarían destinadas al mercado argentino. Nuestro principal mercado son los EE.UU., aunque no con tanta participación como en otras bodegas. Otros mercados muy buenos son el Reino Unido, Japón, Alemania, Brasil, México y Suecia.
– Por otro lado, nuestros vinos no van a los supermercados, salvo algunos casos puntuales. Trabajamos exclusivamente con vinotecas y restaurantes. Los vinos de Sophenia, en general, tienen un perfil de precio superior, más o menos un 50% arriba del promedio de los vinos argentinos en lo que es exportación. Y eso es porque nuestra visión fue construir una marca que fuera un referente de la más alta calidad de vino argentino. Para ser un referente hay que tener calidad. Nosotros basamos el concepto de calidad en cuatro factores:
Por un lado, el terroir: estamos en Tupungato, Mendoza, a 1200 metros de altitud, un lugar considerado por la prensa internacional como ideal para hacer vinos de gran calidad, por la altura, el perfil de los suelos, la temperatura media (bastante más baja que en el llano) y la amplitud térmica entre el día y la noche.
Otro factor es la viña. Todo lo que elaboramos lo hacemos con viñedo propio. No compramos uva. Los vinos son «single vineyard», lo que nos permite tener un control de la calidad porque sabemos que tenemos una buena uva y buenas prácticas a la hora de manejar el viñedo.
Otro factor de calidad es la bodega. Y esto a nosotros nos interesa para no arruinar lo que se logró en la viña; somos unos fanáticos del trabajo del viñedo, y allí tenemos tecnología de vanguardia.
El cuarto factor, el más importante de todos, es la gente. Sin la gente adecuada no se puede lograr calidad. Nuestro enólogo es Matías Michelini, muy reconocido por la prensa internacional como uno de los jóvenes sobresalientes que hace vinos en el Nuevo Mundo. Y nos ayuda Michel Rolland, que viene 3 o 4 veces al año. El es un contrapeso, por decirlo de alguna forma, a la agresiva innovación que le pone Matías. Michel agrega un poco de experiencia y sabiduría para que el producto llegue al mercado de forma óptima y deleite a más consumidores. En síntesis, todo lo que hacemos debe llevar el sello de la calidad.
– Algunos sostienen que la Argentina tiene varietales porque no está desarrollado el concepto del terroir ¿Cómo lo ves?
– La mayoría de la estructura de la elaboración de vinos de la Argentina no está desarrollada sobre la base del terroir. La mayoría de las bodegas líderes tienen sus viñas en distintas regiones, así que comercialmente, ¿para qué hablar del terroir? Ellos, y es muy respetable, hacen vinos con uvas de diferentes terroirs y logran excelentes vinos. Otras bodegas, muy poquitas, decidimos instalarnos en lo que consideramos el mejor terroir (para nosotros es Tupungato) y hacemos todos los vinos con una personalidad y un carácter distintivos del terroir. Entonces los vinos de Sophenia tienen características muy particulares. Y como no somos una bodega masiva (y nunca lo vamos a ser, porque así lo definimos), tenemos un lugar en el mercado para aquellos que deciden tomar y apreciar un vino de Tupungato. Como sea, ambos conceptos son válidos.
Otra tema afín. En el Nuevo Mundo, en general, la oferta la hacen las bodegas grandes. En Argentina, por ejemplo, hay bodegas que son la «driving force», la fuerza que conduce la marca Argentina; por otro lado existen bodegas más chicas, pero que tienen recursos para invertir en tecnología, que son las que le dan vibración, excitación a la categoría. A contramano, en Australia las bodegas grandes, tres o cuatro grupos, compraron prácticamente todas las demás y el vino australiano empezó a caerse. ¿Por qué?, porque todos los vinos eran iguales, hechos con la misma filosofía, de manera masiva.
– ¿Cuánto hay de negocio y cuánto hay de espíritu lúdico y de pasión en lo que hacés?
– He vivido de esto los últimos 20 años de mi vida, así que como primer punto, esto es un negocio que nos permite a mí y a mí familia progresar en la vida. Ahora, yo tengo la suerte de poder disfrutar aquello que me permite vivir. No creo que se pueda conducir este negocio si no hay una cuota de pasión; hay muchos momentos difíciles, muchos sinsabores y un horizonte de objetivos a muy largo plazo. En mi caso, afortunadamente se conjugan ambos factores. Tuve la posibilidad de estar es distintos negocios; petróleo, agropecuario, alimentación y finalmente el vino, a través de Flichman. Del vino no me voy más; esto también es mi pasión. Es un negocio noble.
– Supongamos que te exilian a una isla o país lejano, ¿qué vino te llevarías?
– (Risas) ¡Me llevaría una colección de Malbec argentino! Pero de distintas regiones, desde la Patagonia hasta el norte de Salta. Ahí tenés un ejemplo de la diversidad con una sola variedad. Y lo distintos que son.
Información provista por Piano15

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